Aún cuando todos los planetas se alinearan y se lograra superar milagrosamente todos los conflictos laborales en curso, no resultaría para nada sencillo que la rueda de la industria pesquera local volviera a girar
Las consecuencias de este hecho aún hoy son sufridas por los propietarios de embarcaciones menores que perdieron por completo la inversión realizada, siguen pagando los gastos y no saben de dónde obtendrán los recursos para poner en movimiento sus barcos cuando las condiciones se lo permitan y deban pagar el combustible al contado y por adelantado. De cualquier manera, la falta de financiamiento para reparar los daños y retomar la actividad es algo que preocupa por igual a todo el sector, incluyendo a grandes y pequeñas empresas, así como a otros integrantes de la cadena como proveedores de insumos y servicios que desde hace tiempo miran la problemática con los brazos cruzados.
La escasa materia prima que sigue ingresando al circuito productivo local proviene o bien de pequeñas lanchas amarillas o de buques que en algún momento realizaron descargas en otros puertos cercanos para trasladarlas a Mar del Plata, con mayores costos. Pero en verdad desde hace muchos meses, probablemente años, la industria no está en condiciones de agregarle más costos a una actividad consumida por los efectos de la galopante inflación que achicó y en algunos casos eliminó los márgenes de rentabilidad.
Las empresas capitalizadas en stock van consumiendo poco a poco su mercadería sin poder reinvertir en reaprovisionase. Así, actúan tal como lo haría quien se quedara sin ingresos y se viera obligado a usar sus últimos ahorros para subsistir. El principal mercado de la pesca Argentina, España, a diario genera peores noticias, dando cuenta de que quienes antes apreciaban la merluza y el langostino austral hoy dejaron de pertenecer a la categoría de consumidores mileuristas para engrosar el 24% de desocupados.
La demanda brasileña crece en un contexto de incertidumbre sobre la estabilidad de sus relaciones comerciales con Argentina, mientras el Real se devalúa quitándole ventajas al negocio.
Por su alta exposición a los vaivenes del comercio exterior, a la pesca argentina suelen sucederles las cosas antes que al resto de muchas otras actividades económicas. En 2008, cuando la crisis financiera no pasaba para la mayoría de los argentinos de ser una historia para las páginas internacionales de los diarios, la industria sufrió y anticipó la recesión que llegaría en 2009. Desde entonces, decenas de empresas desaparecieron y la pesca patagónica que era controlada por multinacionales dejó de funcionar. Ya a fines de 2011, las condiciones materiales del negocio eran para muchas empresas marplatenses inviables. Como el árbol que tapa al bosque, las huelgas en el sector, por urgentes, impiden que se visualice con claridad que, aun funcionando otra vez, a la pesca y a la economía de Mar del Plata no les resultará sencillo afrontar la complicadísima etapa que se avecina.
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