La Corte es la Corte. Es la última palabra en materia de aplicación del derecho. La eventualidad de un fallo que revoque las decisiones tomadas por el Superior Tribunal de Corrientes ha pasado a ser algo más que una posibilidad. Si ello ocurre, a Rubín quizás no le quede otra cosa que terminar por colgar los botines.
Algunos anticipan que sería el disparador de su ida. En la Corte la opinión que hay de la Justicia de Corrientes dista de ser buena.
Rubín habló en la víspera por radio Dos. Confirmó lo que había anticipado EL LIBERTADOR el último domingo, en el sentido de que el más alto tribunal de la Nación había pedido que se remita la causa Aguad para considerar el recurso de hecho interpuesto por el diputado cordobés.
La señal parece clara. Hay decisión en el acuerdo de ministros de que la Corte debe abocarse al análisis del recurso. De hecho no es frecuente que antes de admitir la queja se pidan los autos principales. Lo que normalmente ocurre en el 95 por ciento de los casos es que se rechace el recurso sin más trámite. Con los elementos que recibirá, la Corte deberá resolver si admite la queja no siendo improbable que en la misma resolución se aboque a la cuestión de fondo, esto es, que no solo podría declarar mal desestimado el recurso, sino revocar el fallo del Superior Tribunal de Corrientes, lo cual implicaría que quede firme el sobreseimiento dispuesto por la jueza Laura Varela luego de ser confirmado por la Cámara del Crimen Número Uno. La posibilidad de una decisión de este tenor encendió una luz amarilla en la Corte provincial. Es que un eventual fallo en contra de la Corte Suprema de Justicia de la Nación tendría un efecto desvastador en el tribunal.
La salida del ministro Rubín oficiaría de fusible.

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