Rosario mostró sus cambios al mundo

Durante una semana Rosario participó de la feria universal más grande de la historia, la Expo Shanghai 2010 (China). Fue la única ciudad argentina y una de las tres de Latinoamérica que ostentó el privilegio de tener stand propio y poder exhibirse ante los cientos de miles de visitantes que recorren la muestra por día.
   Le hizo conocer al mundo su crecimiento urbano, fomentó uniones comerciales entre empresarios locales y asiáticos, puso en escena sus bellezas naturales y estrechó vínculos con una potencia mundial cuyo crecimiento económico sin pausa la sitúa como uno de los países que marca el pulso financiero global.

   Rosario jugó en las ligas mayores y los frutos del periplo asiático comenzarán a recogerse en breve. Por lo pronto, en noviembre próximo una delegación de funcionarios de Shanghai visitará la ciudad para cerrar los acuerdos comerciales abiertos en esta misión de cinco días por tierras chinas.

   La incursión rosarina fue calificada como “muy positiva” por funcionarios de primera línea que acompañaron al intendente Miguel Lifschitz, que rescataron la idea que el propio jefe del Palacio de los Leones le había señalado a La Capital un par de días atrás: “Estos son gestos políticos muy importantes que posicionan a la ciudad a nivel internacional”.

   Si de gestos políticos se trata, no es menor el hecho de que más de 40 empresarios rosarinos hayan acompañado a Lifschitz hasta China. La comitiva, en la cual cada firma corrió con sus gastos, incluyó a representantes de los sectores inmobiliario y portuario, constructores, agentes turísticos y miembros de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y la Universidad Católica Argentina (UCA).

   Ese poder de convocatoria fue revalorizado por el entorno del intendente. “No cualquiera logra que tantos empresarios lo acompañen en una misión así”, advirtieron. En el socialismo no pocos miraron con atención esa realidad.

   Sabido es que Lifschitz (quien ayer reasumió en el municipio) no le corre el cuerpo a una candidatura a gobernador. Es más: tiene buena repercusión entre los empresarios y, pese al desgaste de dos mandatos consecutivos en una ciudad tan compleja como Rosario, no maneja encuestas negativas.

   Por el contrario, su imagen se mantiene en niveles aceptables, tanto que le dan el plafón necesario como para no escaparle a una eventual interna socialista. En tanto, sigue tejiendo acuerdos y proyecta a Rosario a nivel internacional.

   Shanghai es como un ejemplo a seguir. La ciudad que en 15 años tuvo un crecimiento explosivo y se convirtió en el corazón financiero de China, invita a mirarla con atención.

   La delegación rosarina compartió reuniones con quienes la planificaron y estrechó vínculos comerciales con las firmas que invierten en esta economía en constante crecimiento.

   Puertas adentro del socialismo saben que la movida de Lifschitz no fue menor. Y hacia afuera tampoco. El tiempo dimensionará lo que comenzó en esta misión. Por lo pronto, el crecimiento urbano no para y Rosario mostró sus cambios al mundo.

El modelo

Shanghai tiene unos 13 millones de habitantes y, sin embargo, los servicios son impecables. El transporte funciona a la perfección, la ciudad siempre está limpia y los edificios se cuentan de a miles. También hay autopistas elevadas sin impacto visual negativo, barreras acústicas a ambos lados de los carriles y senderos especiales para personas no videntes

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