Los números son elocuentes. De acuerdo a datos oficiales, en Rosario hay 60 inspectores para controlar 3.700 obras, unas 300 de envergadura, y los que más padecen los efectos de esta desnivelada ecuación son quienes viven al lado de un obrador.
Ante este panorama, el director de Obras Particulares de la Municipalidad, Eduardo González, aclaró que "los inspectores no pueden estar detrás de cada profesional para ver cómo trabaja. Nosotros damos el permiso de edificación si se cumplen los requisitos, pero luego los responsables son los que construyen", indicó.
Los números oficiales contrastan con los que maneja la organización Vecinos Afectados por Obras, una ONG que surgió en pleno boom constructor y casi al mismo tiempo en que comenzaron a rajarse paredes y caer pesados materiales desde las alturas.
A entender de esta entidad, en la plantilla de personal de Obras Particulares (que está publicada en la web de la Municipalidad) sólo hay 33 personas, de las cuales figuran 3 inspectores (dos son jefes de inspección). "Nosotros muy pocas veces vimos uno", aseguró el portavoz de la organización, Jorge Alvarez Beloso. "Lo que pasa es que mandan a pasantes que apenas saben el código de edificación", agregó.
González aclaró que en los 3.700 permisos de obras otorgados se incluyen desde una ampliación de una habitación y una nueva cocina hasta un edificio de 30 pisos. El funcionario destacó que de ese total, unas 300 son consideradas de envergadura, y el 18 por ciento son viviendas individuales (no comerciales ni edificios de altura).
El director de Obras Particulares explicó que el 80 por ciento del trabajo de los inspectores es intentar minimizar el nivel de conflicto que genera una construcción. "Pocas veces entramos a las obras, salvo que nos llamen para eso", dijo e hizo una comparación: "Tal vez se entienda nuestra función si se compara con la del Ministerio de Salud —ejemplificó—. La cartera sanitaria habilita un hospital para que haga operaciones, pero luego no se mete en el quirófano cuando el médico está haciendo una cirugía". De la misma manera, "el inspector no se mete a ver qué hace el profesional, que es el único responsable de cumplir con las normativas. Nosotros lo que hacemos es dar el permiso de construcción (si cumplen con las normas vigentes) y luego aconsejamos e intentamos que las cosas se hagan lo mejor posible".
En este punto señaló que ya se publicó en el sitio web de la Municipalidad (www.rosario.gov.ar) una serie de consejos referidos a la forma de hacer las excavaciones.
Mejoras. Las quejas y manifestaciones de los vecinos tuvieron eco. Durante estos últimos años hubo muchas mejoras para controlar las obras. Una de ellas es que desde hace dos años se hace en forma obligatoria una constatación del estado de las obras linderas por medio de un escribano, de esta manera se puede verificar si los daños que se producen son por la obra o no.
Junto con esto, Municipalidad y provincia acordaron que en cada obra debe haber un cartel unificado donde están los datos de los profesionales responsables y empresas, los responsables de higiene y seguridad, y nombre y domicilio de la Aseguradora de Riesgo del Trabajo (ART) en la que están inscriptos los obreros.
Además, se armó un programa de mediación para evitar juicios ante problemas causados por obras. En este punto, González detalló que "el 80 por ciento de los conflictos los resuelven los inspectores y el 20 por ciento restante queda a cargo del equipo de mediación".
Más allá de las medidas tomadas por la oficina municipal, Alvarez Beloso aseguró que "todos los días se reciben consultas de gente que está teniendo problemas por construcciones linderas". Y se quejó por la falta de inspectores. "No es verdad que haya 60, disparó. En el plantel de la Municipal hay uno solo, lo que pasa es que ellos llaman inspectores a pasantes que no tienen la más mínima noción técnica, y si realmente hubiera 50 ó 60, nunca alcanzarían para la cantidad de obras en marcha".
El hombre contó su propia experiencia: "He hablado con chicos que mandan de Obras Particulares y ellos mismos me dicen que sólo van a ver el cartel, pero no saben nada del reglamento de edificación".
En cuanto a la mediación que ofrece la oficina de Obras Particulares. los vecinos se preguntaron con ironía: "¿Qué se va a mediar cuando ya te rompieron toda la casa?".
La supuesta falta de inspectores la estaría supliendo la Guardia Urbana Municipal (GUM), que tiene facultad para actuar cuando no se cumple alguna norma municipal vigente. Los vecinos llaman y desde hace seis meses ordenaron el cese de 120 obras que incumplían alguna normativa.
El director de la GUM, Mariano Savia, explicó que los agentes actúan ante una inminencia o denuncias de los vecinos. En las recorridas por las obras labran actas y determinan el cese de actividad hasta que se corrija el desperfecto, y también llegan a clausurar una obra si el caso lo amerita.
Pero la realidad sigue mostrando las postales más duras: vecinos que por los destrozos que causaron las obras de construcción linderas tuvieron que mudarse a otra ciudad, dejar el negocio en el que trabajaban, iniciar juicios interminables y lo peor, soportar la angustia y el estrés que "sólo el que pasó por eso puede entender de qué se trata", indicaron
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