POR GUSTAVO SIERRALos ultraconservadores estadounidenses estuvieron reunidos este fin de semana en el Marriot Wardman Park, a metros del zoológico de Washington, tratando de imponer su agenda a quien sea el elegido como el candidato republicano para las elecciones del próximo 6 de noviembre
Romney –empresario, padre de cinco hijos y uno de los hombres más ricos de esta campaña– continúa haciendo grandes esfuerzos para que el ala más conservadora del partido lo acepte. Mantuvo varias reuniones privadas con líderes del denominado Tea Party y con un grupo de predicadores evangélicos con gran influencia para intentar “reconectarse” con las bases. Sucede que el precandidato profesa la religión mormona.
Los conservadores desconfían de la “moderación” demostrada por Romney cuando fue gobernador de Massachusetts o cuando compitió con Ted Kennedy. Y es precisamente esa característica la que mejor puede jugar a su favor en una elección general donde está obligado a conquistar al electorado centrista para poder ganar. Romney sigue siendo el líder en esta primaria republicana, pero todas estas dudas lo pueden hacer llegar muy debilitado a la convención republicana del próximo agosto.
En este contexto, los últimos números de la economía le dan a Obama un buen margen para quedarse otros cuatro años más en la Casa Blanca. El también tiene un ala díscola dentro del partido de los más liberales que creen que cumplió poco y nada con su promesa de “la revolución del sí se puede”. Pero ninguno de ellos va a votar por otro candidato, a lo sumo irán al cuarto oscuro con un broche en la nariz .
Los demócratas están tan confiados de la reelección que se atreven a hablar de candidaturas para el 2016 . Hay varios gobernadores ya anotados en la carrera y juntando donaciones mientras esperan a ver si Hillary Clinton se jubila o va por la revancha.



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