Los Rojo cargan contra el Ejecutivo por demoras en la causa

El paciente viajó a la Asesoría Pericial de Quilmes y como faltaban expedientes se postergó el informe. El municipio niega causalidad entre “presuntas secuelas” y la práctica médica del anestesista. Hondo malestar.
El padecimiento de Roberto Narciso Rojo y su entorno no da tregua, y a la aplicación de formol en vez de anestesia en el Hospital Santamarina, las “mentiras” políticas y un interminable proceso judicial, se agrega el calvario por cobrar algún día el resarcimiento por daños y perjuicios que todo ciudadano merece ante tamaño yerro médico.

El 7 de julio pasado, con sus limitaciones físicas y psicológicas a cuestas, el paciente del resonante caso viajó a Quilmes junto a su mujer, Mercedes Galardi. Fue a la Asesoría Pericial de esa localidad por orden del juez, en el marco de la causa que entabló contra la Municipalidad. El traslado, en una ambulancia del nosocomio público, duró 11 horas, y la revisión del perito, “no más de 15 minutos”, reseñó la señora.

El doctor Eder Daniel Zago, perito médico traumatólogo y legista oficial, revisó a Rojo pero tuvo que pedir al Juzgado Contencioso Administrativo de Azul “las historias clínicas y estudios complementarios mencionados en la pericia neurológica, como así también el expediente en su totalidad con la causa penal si la hubiera, que son necesarios para confeccionar la pericia”.

Se sabe que los tiempos del Poder Judicial no son los de la gente común, pero los allegados del damnificado, a casi 3 años y medio del escandaloso episodio, están “cansados” del “manoseo” que implica el peregrinar de la causa, donde la declamada voluntad del Ejecutivo por acelerar los plazos en favor del querellante cayó por tierra.

Desde el 27 de febrero de 2007, la familia insiste por una resolución justa del caso, y cuando por los medios de prensa el intendente Miguel Lunghi y su entonces secretario de Legal y Técnica, Juan Pablo Frolik, anunciaron que se iba a extender “toda la colaboración” a los Rojo, hoy los perjudicados sospechan claramente sobre una estrategia de demora.

Cabe recalcar que, bajo la asesoría del estudio Vicente, la parte demandante reclamó unos 300.000 pesos (en el comienzo del expediente) de resarcimiento. Pues a la fecha, todavía la Justicia no pudo determinar el grado de incapacidad que provocó el formol en la humanidad de Roberto Rojo.

LA NEGATIVA COMUNAL

El 12 de marzo de 2010, la abogada del municipio Analía Mastropierro dio contestación a un traslado en el expediente por “daños y perjuicios”, donde justificó la necesidad de realizar una nueva pericia en Quilmes, pese a que Rojo ya se había sometido a varios estudios médicos.

En el escrito al que accedió LA VOZ, la letrada comunal negó dos puntos sustanciales para la investigación. En primer término, desmintió ante el magistrado “que exista relación de causalidad entre las presuntas secuelas que manifiesta padecer el actor (Rojo) y la actividad médica cuestionada en autos (N. de la R: la intervención en el Hospital Santamarina)”.

La doctora Mastropierro también descartó de plano que el paciente “se encuentre incapacitado de manera total, absoluta y permanente para el trabajo”.

Se ampara la parte demandada, es decir el municipio, en que “la determinación del nexo causal entre el cuadro clínico funcional del actor y el accionar médico, considerando la patología de base presentada, la incidencia de su edad biológica, como asimismo la determinación de algún grado de incapacidad y la presencia de secuelas consignadas por el demandante, requieren un análisis, apreciación, diagnóstico y pronóstico técnico-profesional, extremos que determinan el carácter imprescindible e irremplazable de la prueba pericial”.

DIAGNOSTICO MEDICO

El 27 de septiembre de 2007, los neurólogos Mariano Cóppola y Juan Altamirano evaluaron a Roberto Rojo, y suscribieron que la resonancia magnética nuclear “muestra signos de aracnoiditis adhesiva con una distribución anómala de las raíces de la cola de caballo, sin compromiso estructural del cordón medular, además de signos degenerativos y compromiso neuroforaminal L3, L4 y L5”.

Un estudio electromiográfico demostró “un compromiso neurogénico radicual moderado sin actividad denervatoria actual”, al tiempo que presentó el paciente “compromiso axonal leve, el cual puede ser secundario a la afección radicular”.

Un párrafo sustancial en el informe rubricado por los doctores Cóppola y Altamirano redunda en que “la administración de sustancias ajenas al organismo, incluso formol, inyectados en el espacio extradural y que toma contacto con las raíces de la cola de caballo puede producir las alteraciones antes mencionadas, siendo la aracnoiditis un efecto adverso descripto en la literatura”, señalaron.

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