El economista presentó su libro en Mar del Plata. Rodolfo Terragno auspicia un acuerdo entre todas las fuerzas políticas que asegure el crecimiento económico y social por las próximas décadas. Advierte que el país no puede confiar en las actuales condiciones de prosperidad por lo que cree necesario fijar metas a largo plazo.
"En materia de Producto Bruto Interno estamos muy por debajo de lo que creemos estar", afirma señalando que de todos modos las posibilidades de lograr mejoras sustanciales en la economía y el desarrollo social, educativo y cultural están al alcance de la mano.
-¿Considera que el crecimiento del PBI en torno al 6% es un fenómeno inusual o que existen condiciones para que pueda ser mantenido durante los próximos años?
-Lo que ha pasado con Argentina y América Latina es que la irrupción de China al mercado mundial permitió que se elevaran las materias primas. Pero no podemos confiarnos en esto. El largo plazo tiene variantes. Mientras tengamos esta posibilidad hay que aprovecharla, pero las condiciones internacionales no son permanentes. Ahora mismo tenemos una crisis muy fuerte en Estados Unidos y en Europa y estamos al borde de una recesión y una desaceleración del crecimiento en China. Por otra parte Estados Unidos, Brasil y Argentina monopolizan el mercado de la soja pero van a surgir otros competidores incluyendo a China que va a alentar su producción. Por lo tanto no se puede pensar en el futuro como una prolongación del presente. Hay que aprovechar esta lotería que hemos ganado para mantener una tasa de crecimiento alta, impulsando la ciencia y la tecnología y desarrollando nuevas ventajas competitivas. Todo eso surge de un plan que a mi modo de ver desde la época de Frondizi no hemos tenido.
-¿Qué demuestran los índices internacionales respecto de la situación de Argentina hoy?
-En materia de desigualdad social los índices de Naciones Unidas indican que la diferencia es de 4,5% en Japón, 16% en Estados Unidos y 40% en Argentina. Achicar esa diferencia requiere de medidas muy importantes como una reforma impositiva y administrativa muy importante. Y esta clase de reformas no son pacíficas, porque hacer una reestructuración del ingreso semejante tendrá ganadores y perdedores. El índice de la OCDE nos coloca en el lugar 52 en educación respecto de matemáticas, lenguaje y ciencia. Elevar eso tampoco es pacífico porque eso requiere mayor exigencia y disciplina y puede haber reacciones muy fuertes del sistema educativo, por que requiere que eso sea consensuado.
-¿Cree que existe una clase política que percibe con claridad cuáles son las metas que debe proponerse alcanzar el país en el largo plazo?
-No. Sin dudas no todos comparten la necesidad de revertir la desigualdad. Se trata de algo que va a tener ganadores y perdedores y los eventuales perdedores resistirían. Esto no es algo sencillo y por eso hay que hacerlo.
-Entonces debe existir mucho menos acuerdo respecto de cómo lograr esas metas.
-Sin dudas, porque se puede coincidir en los objetivos pero discrepar sobre los métodos. En algunos aspectos se está avanzando. El 17 de diciembre, por ejemplo, se firmó un documento sobre institucionalidad, gobernabilidad e inversión. Fue algo muy importante, porque consiste en garantizar una estabilidad jurídica para los inversores. Eso está firmado por Eduardo Duhalde, Margarita Stolbizer, Ricardo Alfonsín, Hermes Binner, Mauricio Macri. Claro que es un documento inicial pero no recuerdo que en otro momento haya habido un documento firmado por dirigentes de orígenes tan disímiles sobre políticas de fondo. Ahora por supuesto que este es un primer paso. En su momento le propuse a la Presidenta de la Nación que participara de esta discusión con su punto de vista y lo conversamos con Florencio Randazzo. Por el momento, en esta instancia, el gobierno no ha creído necesario sumarse a un acuerdo de esta naturaleza. Pero creo que después de las elecciones será necesario trabajar con los que ganen y con los que pierdan.
-¿Cree que el gobierno tiene demasiada autocomplacencia ante sus logros?
-Hasta cierto punto es natural que quien gobierna una situación favorable se sienta seguro. Me parece que el éxito siempre estimula la autosuficiencia. Pero creo que la situación próxima no va a ser tan favorable y va a ser necesario resolver problemas que hasta ahora no teníamos. Y para eso va a ser necesario no tener una oposición obstructiva ni un gobierno necio. Yo creo estar en condiciones de hacer un esfuerzo y aportar en algo porque no soy candidato a nada. Pertenezco a la política, no tengo confrontaciones con ningún sector y no estoy en la carrera así que estoy dispuesto a hacer cosas.
-Analizando las cifras relacionadas con el nivel de desarrollo del país, ¿usted cree que se está ante una gestión verdaderamente progresista o ante un progresismo abstracto?
-Hay una confusión con las etiquetas. Si la distribución del ingreso es como la que muestran las cifras, por supuesto que no somos progresistas. También hay que admitir que esta es una situación que viene de muy lejos. Sí creo que durante este gobierno no se ha hecho lo necesario para resolver los problemas estructurales. A través de ciertos planes se puede elevar la capacidad de consumo de los sectores más relegados pero eso no cambia la situación estructural. Y eso es muy difícil de lograr sin una reforma tributaria que evite que haya impuestos para los trabajadores y no esté gravada la ganancia financiera.
-Muchas de las cosas por hacer para asegurar el crecimiento, generar más igualdad y mejores oportunidades para todos podrían ser revulsivas, ¿no lo cree?
-Desde ya. No hay dudas de que cuando se debe reformar la estructura económica, social y educativa hay ganadores y perdedores. Todo lo que hay que hacer es difícil. Pero no se puede aspirar a transformar al país logrando un alto grado de desarrollo, calidad educativa, un reparto equitativo del ingreso sin tener que superar dificultades muy grandes. Si hubiese una masa crítica de partidos políticos que pusieran bajo un paraguas la política de inversión, la elevación de la calidad de la educación, la reducción de la brecha social como objetivos eximiéndolas de la competencia electoral se crearían condiciones para avanzar. -Pareciera que este tipo de acuerdos entre dirigentes políticos son más fáciles de lograr en situaciones de crisis que en contextos de prosperidad.
-Creo que las crisis fuerzan a pactos de coyuntura sobre aspectos a veces formales. Por ejemplo en 2001 y 2002 hubo ciertos acuerdos de donde surgieron algunas medidas de remedo. Pero es muy raro que en medio de crisis surjan políticas de corto plazo. Es más fácil sentar a una mesa a dirigentes en momentos de crisis que cuando hay una relativa calma. Pero todo lo importante es difícil. Si no nos proponemos como país hacer las cosas más difíciles será imposible avanzar.
Fin del bipartidismo
-¿Qué evaluación hace del radicalismo teniendo en cuenta que muchos de sus dirigentes ya dan por perdida la elección presidencial?
-Lo que más me preocupa es la desaparición de un sistema bipartidario. Para que haya una verdadera democracia debe haber una fuerza con una representatividad social y territorial capaz de gobernar junto a una fuerza que le sople en la nuca y con capacidad de sustituir a la otra. El radicalismo fue esa segunda fuerza. Creo que desde las elecciones de 2003 en las que se llegó a un impensable 2% el radicalismo perdió la condición de segunda fuerza, la cual ha ido recuperando lentamente. Pero por supuesto eso no alcanza para constituirse en una segunda fuerza, si no se quiere que sea otra la fuerza política la que finalmente termine constituyendo ese sistema bipartidario.
-¿Existen razones que justifiquen hoy la existencia de la UCR?
-Creo que no hay ninguna otra fuerza política que sea nacional, popular y democrática. Yo creo que esas tres condiciones son esenciales y por supuesto que esto es algo que tiene que ser entendido por la sociedad con la que debe haber también una relación emocional. Esto fue algo que el radicalismo hizo durante mucho tiempo hasta que se fue disminuyendo.






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