Rodolfo Franco, maestro de maestros

Por Ernesto Schoo.

Para un artista joven y talentoso, en 1908, ¿qué mejor sitio en el mundo para formarse en las distintas disciplinas de la plástica, que París? Mientras la mayoría de sus colegas y compatriotas se dirigían a Italia, Rodolfo Franco (Buenos Aires, 1889-1954) se instaló aquel año en la capital francesa, el faro cultural del mundo, por entonces.

Además, y no es dato desdeñable, vivir en Francia era más barato que en la Argentina. "Rico como un argentino", era casi un axioma para los franceses. Franco no era rico, pero era argentino, tenía talento, diecinueve años y estaba deslumbrado: Picasso y Braque ya andaban trastornando las nociones tradicionales del arte, con la entusiasta colaboración, cada uno en lo suyo, de Eric Satie, Apollinaire, Matisse? Al año siguiente, el 20 de febrero de 1909, el italiano Filippo Tommaso Marinetti enfurecería a muchos con el primer Manifiesto f uturista, publicado en Le Figaro .

Pintor, acuarelista, dibujante, ilustrador, grabador, decorador, muralista. Ninguna variedad de la plástica le fue ajena a Rodolfo Franco: algunas estaciones del subte porteño -Tribunales, Agüero, Catedral- albergan murales cerámicos hechos según sus diseños. Pero la escenografía era su dominio predilecto, y a ella consagró su mayor tarea, que consistió no sólo en ser durante muchos años el escenógrafo titular del Colón, sino también, y sobre todo, el creador de la cátedra de escenografía en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova, donde formó a los mejores profesionales de la generación siguiente. Entre ellos, Saulo Benavente, Mario Vanarelli, Germen Gelpi, quienes a su vez transmitieron la enseñanza del maestro a sus sucesores.

De Franco dijo su discípulo Saulo Benavente: "El artista que encaró por primera vez entre nosotros la escenografía como arte dramático, integradora de la creación en el indivisible complejo que forma la obra teatral". En ocasión de la gran muestra consagrada a Franco en la galería Witcomb, al año de su muerte, José León Pagano destacó su ingente producción (se han contabilizado más de doscientas escenografías para el Colón, amén de las diseñadas para otros teatros, entre ellos los elencos franceses que venían al Odeón, y todavía falta completar la tarea) y "la alta ejemplaridad de su docencia". Vanarelli, Gelpi y Benavente suscribieron por entonces una declaración afirmando: "Fuimos sus alumnos y guardamos por él la más grande admiración y la más profunda gratitud, pues, como muchos, todo lo aprendimos de él". Tal vez sea una buena oportunidad de hacer hoy, con auspicio nacional o municipal, otra gran exposición de homenaje a Rodolfo Franco, maestro de maestros.

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