Desde hace ocho años presenta de manera ininterrumpida su obra, “El Cristo Roto”, con la que recorrió Argentina y Latinoamérica. En marzo, Roberto Mao estrenará “Los Orilleros” en el Centro Cultural Padre Mugica de Banfield.
Roberto Mao construyó una carrera intensa, que lo condujo a la televisión abierta, el teatro de primera línea e incluso las letras, ya que es también un autor prolífico. Con “El Cristo roto”, obra de su autoría, recorrió durante ocho años pueblos de diferentes provincias y ciudades de varios países latinoamericanos.
Por estos días prepara “Los Orilleros”, que cuenta con textos de Jorge Luis Borges, Homero Manzi y Enrique Santos Discépolo, entre otros escritores, que se estrenará en marzo en el Centro Cultural Padre Mugica, en Banfield.
En diálogo con Info Región, Roberto recuerda el comienzo de su carrera, habla de su obra y todos los proyectos que tiene previsto poner en marcha, tal como ocurre con un incansable hombre de tablas.
-¿De qué manera empezó su inquietud por la actuación?
-A los 16 años empecé a hacer pantomimas como Marcel Marceau, me gustaba la parte técnica de este tipo de actividad teatral, además de la puesta en escena. Por eso empecé a hacer unos cursos en el San Martín con quien fue mi padrino de casamiento, David Stivel, luego hice un curso de dramaturgia con Tito Cossa, un grande que traje a Lomas de Zamora, nunca había venido aquí. Así me dedique a escribir y a representar las obras que producía, hice unas cuantas. También llegue a estar en televisión, por ejemplo en el Canal 8 de Mar del Plata o en Canal Trece, donde participé de producciones como “Casino Philips”, “Rolando Rivas Taxista”, y muchas más. Estuve con los más grandes de la época, como Jorge Luz, Diana Maggi, Mirtha Legrand, los mejores actores del escenario nacional. Luego empecé a involucrarme con la dirección.
-¿Cómo nació “El Cristo Roto?”
-Un día me encuentro con José María Langlais, en la década del 70, y hablamos de la posibilidad de adaptar esta pieza. Yo decidí tomar el personaje del sacerdote y mi compañero el de Cristo. Fue tan importante su participación que cuando murió en el 2006, decidimos seguir usando su voz en off. Es un Cristo manco, cojo, sin cara, sin cruz. Un Cristo que no quiere ser restaurado porque desea que le prestemos nuestros brazos para encerrar en ellos a todos los hombres, nuestras piernas para que le llevemos por todos los caminos, nuestros ojos para mirar todas las desdichas, nuestros oídos para escuchar todas las quejas.
-La obra ha viajado por todo el país y la región latinoamericana...
-Hemos estado en Córdoba, Formosa, Santa Fe, Chaco, fue impresionante la experiencia en el Impenetrable, estuvimos en un montón de pueblos del interior de la provincia de Buenos Aires. Llegamos a otros países de Latinoamérica, como Venezuela, donde tuvimos mucho éxito.
-¿Cómo es el público de los pueblos?
-Excelente, muy distinto al de la Capital, hay una gran respuesta a la obra de teatro, tenemos mucha convocatoria en cada lugar que vamos.
-Está preparando una nueva obra...
-Sí, se llama “Los Orilleros”, se me ocurrió por el año 2000 sobre un cuento de Jorge Luis Borges, “El hombre de la esquina rosada”. Así empecé a armar la obra, es muy completa, con un gran elenco: Sergio Sigaud, Alberto Rusconi, los bailarines Daniel Cruz, Eliana Mola, Claudia de Santis, Daniel Martínez, los cancionistas Karina Grigera, Mariana Lorena Novoa y el guitarrista Matías Wettlin. En las luces está mi hijo, Maximiliano, y en el diseño de vestuario están Cruz y Rusconi. A mi cargo está la puesta en escena, los libretos y la dirección general. Cuenta con textos de Borges, Homero Manzi, Enrique Santos Discépolo, Fray Mocho, Manuel Etchebarne, Ángel Villoldo, Eduardo Galeano, entre otros grandes. Es muy dinámica, se trata de una obra de tango teatralizado. El proyecto se estrenará en el Centro Cultural Padre Mugica, en Banfield, y luego irá recorriendo distintos puntos de la Provincia y alrededores.
-Nació en Lomas. ¿Hay algo de la infancia que haya estado vinculado al teatro o la actuación?¿Qué recuerda de esos tiempos?
-Mi infancia fue muy buena, me crié junto a un centro cultural. Concurrí a la Escuela 8, luego al Colegio Nacional en Buenos Aires y más tarde entré en la Escuela Nacional de Náutica, donde me convertí en piloto de ultramar. Seguí esa carrera por mi padre, que me metió en la náutica y creo que le acertó. Comencé a navegar como segundo oficial, tenía veinte años, y si navegaba seis meses después tenía 6 meses de licencia. En ese tiempo libre comencé a vincularme con el teatro. Yo nací en 1944 sobre la calle Gorriti, donde viví hasta los treinta años, luego me casé y me fui a Mar del Plata. Cuando murió mi esposa volví con mis hijos. Toda mi infancia y adolescencia viví en este lugar, de hecho soy la cuarta generación de lomenses, mi bisabuela nació acá, en la época de Rosas

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