PEKIN (De una enviada especial).? Las costumbres no son fáciles de aprender cuando uno llega por apenas unos días a esta sociedad oriental. Pero cumplirlas es un obligación, sobre todo en China. La más placentera quizá sea, dependiendo del grado de moderación, la popular manera de brindar que tiene este país. Y sobre todo a la hora de hacer negocios es fundamental saber de qué se trata. Nadie que se siente a la mesa de un empresario chino con poder o de un funcionario podrá negarse a la ceremonia del gan bei, o brindis, compuesto por un licor de arroz llamado bai jiu. Pero aprender de las costumbres evitará un papelón.
Aquí el saludo habitual es inclinar la cabeza levemente y mantener la posición durante tres segundos. Cristina Kirchner lo aprendió enseguida en su visita a esta ciudad. Así lo hizo cuando debió saludar a la guardia de honor del presidente Hu Jintao, anteayer, cuando la recibió en el Gran Palacio del Pueblo.
Una tarjeta, sea de presentación o la simple llave para entrar a la habitación de un hotel, requiere también toda una ceremonia tradicional para no ser descortés. Se debe ofrecer y recibir con las dos manos, a la altura del pecho.
Sin duda, hay una tradición que se aprende con mayor facilidad: es el famoso "regateo" oriental, que los chinos sienten no como una forma mezquina de insistir para bajar precios sino como la demostración de que para el vendedor hacer bien su trabajo es justamente mostrar su habilidad para negociar.
No por falta de efectivo, sino por tradición, así se los vio ayer a la mayoría de los empresarios, funcionarios y legisladores que fueron al Silk Market, un shopping donde una copia de calidad de un iPhone puede bajar en un rato de 1000 a 200. Aprovecharon la tarde libre antes de la partida del vuelo presidencial. Claro, en honor a las costumbres.

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