La risa, remedio infalible para las enfermedades

Es la consigna principal de los Payamédicos de Misiones, un grupo clown que acompaña a pacientes internados en el Hospital de Pediatría
Una vez caracterizada, María Verónica Pelozo es "Sirenita Tímica", una "paya" posadeña que junto a su grupo visitan semanalmente el Hospital de Pediatría Fernando Barreyro de la capital provincial.

"Nosotros trabajamos con los hospitales de los nosocomios públicos, porque existe una idea formada de que los sanatorios privados están como más contenidos. Pero si nos piden un trabajo especial, por supuesto que vamos", indicó al explicar que el trabajo que realizan es voluntario y utilizan la técnica del clown en sus intervenciones.

El trabajo del "paya" se concreta con pacientes hospitalizados que están en situación de vulnerabilidad, de fragilidad. "Y la idea es mantener el estado óptimo de la persona durante todo su tiempo de hospitalización", expresó.

"Nuestro vestuario nos protege a la persona de civil. Nuestros nombres están relacionados con el ámbito hospitalario. Todos los payamédicos tenemos nombres registrados, son únicos, no hay repetidos en la Argentina. En mi caso 'Sirenita' es la sirena de una ambulancia, y 'Tímica' es el estado óptimo de una persona con salud", explicó.

Tienen una formación de un año en la técnica de clown, y los últimos dos meses hacen toda la parte ética, lo que sería medicina, de cómo manejarse dentro de un Hospital, del sistema hospitalario en sí.

Tres pasos

El payamédico cuando entra al Hospital tiene tres pasos a seguir: el payapase, que es cuando los residentes les hacen el pase, como si fuesen también médicos, sin vertirse, de civil. "Nosotros no visitamos a cualquier paciente, los médicos nos indican un paciente que necesita alguna actividad, ya sea comer, caminar, soplar, moverse. Nosotros vamos sin nada, no regalamos, salvo que en la intervención propiamente dicha se haga alguna producción, y eso sí le dejamos", señaló.

El segundo paso es la intervención, que no dura más de 10 a 15 minutos. "Sabemos que en el momento más alto de la intervención tenemos que retirarnos, porque es donde queda el estado de ánimo sostenido", aclaró Pelozo. "Según la cantidad de payamédicos que son, trabajamos con un número determinado de pacientes. Trabajamos casi siempre de a dos, o de a tres. Hoy en día en el Hospital de Pediatría vemos unos diez o doce chicos cada semana, todos los viernes a las 14" añadió.

Y el tercer punto es el payabalance, donde los "payas", ya de civil, se sientan y cada uno cuenta como le fue en su intervención. "Nosotros una vez al mes tenemos la visita del cartógrafo, que revisa las bitácoras que redactamos en todas las intervenciones, todas nuestras experiencias. El cartógrafo es un psicólogo que hace terapia con nosotros".

Asimismo, señaló que el grupo tiene una ética de trabajar con las palabras, "por ejemplo: el médico tradicional tiene un maletín, nosotros tenemos un Buenetín. Nosotros no podemos decir adiós, ni chau, ni hasta luego. No podemos remitir a un paciente a otro lugar, en el caso de decir adiós. Pedimos permiso para visitarlos. Si nos dicen que no, no entramos, no insistimos".

Con niños y no tan niños

Cuando los chicos entran a un hospital, se internan y deben estar por mucho tiempo allí, generalmente reciben la visita de estos particulares asistentes. "De por sí cualquier persona que está internada en un hospital, el ánimo decae, baja; lo que nosotros intentamos a través del humor y de la magia es hacerlos volar hacia un mundo imaginario, poder sostener el estado de ánimo de una persona. Está comprobado de que funciona y muy bien", subrayó.

"Otra característica es que cuando nosotros estamos con el vestuario, intervenimos con cualquier persona, desde los empleados, la gente de limpieza, mucamas, pacientes. No hacemos distinción. A veces los mismos médicos te piden que no es el paciente, sino el familiar que está al lado quien necesita la intervención", añadió.

En tanto, si bien aclaró que la intervención con adultos es diferente, acotó que este está más predispuesto a ingresar rápidamente al mundo imaginario que proponen.

"El trabajo es voluntario, trabajamos ad honorem, todos los payamédicos trabajamos ad honorem salvo los formadores, ya que el curso tiene un costo" contó.

A fin de año, este grupo hace un ateneo con los chicos, una suerte de balance de cómo estaban cuando los encontraron y su evolución. "También nos encontramos con grandes dilemas personales para cada uno porque a veces el niño o el adulto no quieren jugar. O a veces estamos haciéndole el seguimiento a una persona, y cuando volvemos ya no está más, ya sea porque se fue de alta o porque falleció", dijo.

"En muchos de los casos acompañamos al paciente hasta último momento", afirmó.

"Nosotros no curamos, ayudamos a recuperar. Utilizamos cualquier estrategia de humor. Como clown no somos el típico payaso, ni el bufón, ni el de cara blanca, ni el augusto.

Somos un clown extrovertido en algunas cuestiones, llevamos al paciente a un mundo imaginario, de poesía, nunca lo hacemos sentir mal, no podemos hacerlo, por eso es con el consentimiento del paciente", resumió Pelozo.

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