Ricardo Forster: “La derecha contemporánea son los grandes medios de comunicación”

El filósofo disertó en San Martín en el marco de las actividades culturales por la Semana de la Memoria. En el Comercial de Villa Ballester habló con LaNoticiaWeb y opinó que el “macrismo es uno de los experimentos de esa derecha corporativa”. Además expresó que, en torno a los procesos totalitarios y neoliberales del pasado, “lo que permanece es el deseo de Justicia”. Destacó la importancia que la presidente busca darle al concepto de “igualdad”.
Ricardo Forster da respuestas elaboradas. No se saca de encima la pregunta con declaraciones de ocasión. Conversar con él es aún más satisfactorio que escucharlo disertar. Habló frente una multitud de jóvenes en el Comercial Ballester en el marco de actividades que organiza la Municipalidad de San Martín durante la Semana de la Memoria. Dejó sus impresiones sobre los jóvenes y la dictadura. Saludó al intendente Gabriel Katopodis. Y luego brindó una entrevista imperdible para LaNoticiaWeb, donde cada frase es una estocada para la meditación y el análisis.

¿Cómo se les habla a los jóvenes sobre la dictadura? Dijiste que la Democracia es un concepto que hoy no está en discusión. Imagino que debe ser un tema donde hay que ser originales.

Por supuesto. Una de las características de la sociedad contemporánea es el instante, el aquí y ahora, lo fugaz e inmediato, el puro presente, con una cultura puramente audiovisual que es una cultura de lo que pasa inmediatamente; lo difícil es que aquello que sucedió hace 30 años pueda corporizarse, ser palpable por los jóvenes. Para eso me parece fundamental construir lo que llamo puentes de ida y vuelta, relatos que partan del presente, que puedan sentir que el presente convoca a la historia. Y cuando eso pasa la historia deja de ser algo apolillado, un museo de cera, sino que está vinculado, interpela, que tiene que ver con la cotidianeidad. Por eso me parece importante no solamente hablar de la dictadura, de los horrores, los campos de concentración, la muerte, la tortura, que por supuesto es inevitable e imprescindible, sino que también es fundamental reconstruir las vidas de aquellos hombre y mujeres, jóvenes, todos los que sufrieron la represión de la dictadura. Y no porque a la dictadura se le ocurrió, sino porque eran portadores de ideales, de convicciones, porque pusieron el cuerpo, se trata de reconstruir esas biografías y jugar con el ida y vuelta, la íntercambiabilidad, sabiendo que cada época es diferente. Los 70 o 90 fueron una cosa, y este tiempo tiene sus propias características. Creo que es la primera vez que los jóvenes sienten que frente a la generación del 70, no solo sienten la nostalgia de no haber sido, sino que sienten que hay algo propio a partir de estos últimos años. Se sienten vinculados con aquella generación, pero ya no están de prestados. Ya no son los monigotes que simplemente tienen que recordar lo que no pueden llegar a ser nunca. Me parece un dato muy interesante de este momento.

En la etapa del gobierno kirchnerista, ¿qué terminó siendo más importante para impedir un nuevo Golpe de Estado? ¿La participación política de los jóvenes, o las decisiones puntuales que tomó Néstor Kirchner tirando abajo las leyes de Punto Final y Obediencia Debida?

Varias cosas. Creo que la llegada de Kirchner fue algo inesperado, tuvo la lógica de la excepcionalidad. En parte, Néstor actuó contra el sentido común dominante de la sociedad argentina. Llegó de manera fortuita, y produjo rupturas que tuvieron una potencia inaudita, desde la decisión de reformar la Corte Suprema, hacer a la política de Derechos Humanos eje de su gobierno, y la derogación de las leyes de impunidad. Más aquel discurso memorable del 24 de marzo de 2004 en la ESMA, con ese gesto simbólico decisivo de ordenar que se descuelgue el cuadro de Videla, y la apertura de los juicios, dieron a una parte de esta sociedad la fuerza suficiente, el ánimo y la vitalidad como para pensar que era posible reconstruir la vida democrática argentina que estaba muy dañada. La dictadura dejó marcas fundamentales, pero la década de los 90 llevó a la Democracia casi a su extenuación. Sí había libertades, que quienes vivimos la dictadura sabemos que la peor de las democracias es una bendición frente a la dictadura, pero la Democracia argentina estaba entrando a un territorio de oscuridades. Más allá de los acuerdos o desacuerdos que se puedan tener, del 2003 en adelante sentimos que hubo una revitalización de a vida democrática, que va de la mano de una repolitización social, y sobre todo de la aparición de un actor que estaba distante y ausente que son los jóvenes. Ese es un dato clave de esta época.

Uno de los asistentes opinó que la dictadura fue bendecida, avalada o impulsada por los grupos económicos o corporaciones, que parecieran ser los mismos sectores que aún hoy demonizan a la juventud política con La Cámpora a la cabeza.

Por supuesto. Obviamente que la dictadura es el fruto de un proyecto económico, sociocultural. No hay transformación estructural o socioeconómica que no sea al mismo tiempo un proceso de transformación de las conciencias, subjetividades, lenguajes de la época. Y la dictadura fue eso. De la misma manera que lo fueron los 90 con el proyecto neoliberal. Son épocas de profunda transformación sociocultural, de la que salir es muy difícil. Y muy costoso. Estamos saliendo, y pagando un costo muy alto. Por supuesto que la dictadura es el producto de la doctrina de seguridad nacional, es una época donde América Latina estaba surcada de lado a lado por dictaduras y golpes de estado, que tenía que ver con el lugar del imperialismo en aquellos tiempos, con el lugar de las juventudes revolucionarias. Un montón de cosas que ya no son las que atraviesan la complejidad de nuestro propio mundo. Lo que permanece, yo diría, es el deseo de Justicia, de igualdad. Por eso me parece interesante que en sus últimos discursos, Cristina hace reaparecer la idea de que esta es la época de la igualdad, que tenemos que ir a esa idea-concepto que fue vaciada por la represión brutal que se llevó puesta a una generación y después por la traición de ciertos estratos políticos que en los 90 invirtieron tradiciones populares y las pusieron al servicio del neoliberalismo. La recuperación de la igualdad es, al mismo tiempo, equivalente a la repolitización de la sociedad. Juntar las dos cosas es quizás lo mejor que nos está pasando.

¿Esa herencia del neoliberalismo de los 90 puede ser el macrismo, con la intención de generar una clase despolitizada que repita lo que fue la clase media del “algo habrán hecho”?

En realidad la derecha contemporánea son los grandes medios de comunicación, que son el núcleo constructor de sentido común, de opinión pública, que fija la agenda de la oposición. El macrismo es uno de los experimentos de esa derecha corporativa. Cuando digo los grandes medios de comunicación también digo la corporación económica, agro mediática, sectores industriales concentrados, capitalismo financiero, empresas multinacionales. Toda esa estructura en realidad opera como un núcleo constructor de sentido. Pero la usina donde se genera formas de subjetividad y sentido común, un relato que capture a la sociedad, es básicamente el gran espacio de la corporación mediática. El macrismo es una de las tantas experimentaciones. Podría haber sido Duhalde, Alfonsín o la Mesa de Enlace. Es tarea de un proyecto que se quiere popular, nacional, latinoamericano, democrático, estar a la altura de las circunstancias e impedir una restauración conservadora en Argentina. Nada está garantizado, pero lo cierto es que se hacen cosas y se hicieron cosas que hasta hace poco tiempo atrás eran inimaginables.

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