Una grúa de Ciudad intentó llevárselo, pero debido al lío que se armó dejó el auto donde estaba.
Atento a que mañana Chile juega en Mendoza su segunda fecha de la Copa América, entre el domingo y ayer ingresaron a la provincia 1.174 vehículos de ese país, que transportaban 4.864 personas. Ellos se sumaron a los miles que copan la ciudad desde la semana pasada.
Eso se hizo sentir en el centro citadino, con cafés y restoranes completos a toda hora y las veredas llenas de transeúntes, sacudiendo banderas y gritando “Chi- chi- chi- le le- le”. Pero también se notó en el tráfico vehicular de las principales avenidas y calles, en donde al ya de por sí caos habitual se habían sumado coches y camionetas con patentes chilenas.
Uno de esos coches, con chapa CX RC 38 de Chile, fue estacionado a las 16 en avenida San Martín al 1170, donde está prohibido aparcarse. Por ello fue merecedor de una multa, pero cuando habían pasado más de tres horas y el vehículo seguía en ese mismo lugar, un agente vial de la Comuna llamó a la grúa.
En ese momento apareció el dueño y se interpuso entre el paragolpes de su auto y la grúa para evitar que se lo llevaran. La situación animó a otros compatriotas a sumarse en la demanda: mientras algunos pedían a los empleados municipales que dejara el vehículo, otros más acalorados proferían cánticos deportivos e insultos.
La cosa se complicó cuando esa manifestación afectó el carril oeste de San Martín, por lo cual el tránsito aminoró. Se sumaron bocinazos y mendocinos enojados, que se bajaron de sus coches y se agregaron a la discusión. En cierto momento, eran chilenos contra argentinos: los primeros se quejaban de que no podían dejar sin su auto a alguien que venía a gastar su dinero a esta provincia.
Los segundos, insistían en que cuando los argentinos viajan a Chile siguen todas las normas de tránsito y si no, son multados. Cuando el jefe del operativo decidió liberar el coche, una mujer –se presentó como María Eugenia Ibaceta, titular del 24º Juzgado Civil– comenzó a exigir que alguien le explicara “por qué a un mendocino le llevarían el coche y a un chileno se la perdonan”.
A esa altura, la grúa y los agentes ya se habían ido. Mientras, el coche quedó donde estaba, sin su dueño.
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