Reviven paso a paso los últimos minutos de Urondo

Reviven paso a paso los últimos minutos de Urondo

La principal testigo del asesinato del poeta relató, en el lugar donde ocurrió todo, cómo fue la persecución, el tiroteo y el final.

La tercera jornada del juicio contra represores de la dictadura, dedicada a la muerte del poeta Francisco "Paco" Urondo, tuvo una salida a terreno. El tribunal, fiscal, querellantes y defensores hicieron una visita de casi tres horas a Dorrego, para tratar de reconstruir la persecución y los hitos sobre los cuales se asienta el relato de la hasta ahora principal testigo de la causa, la ex montonera Renée Ahualli.

La zona fue explorada en un plano imaginario que abarca desde el puente Brasil hasta la escuela Rafael Obligado (ubicada en la esquina del Bulevar Dorrego y Darwin), cuyo límite norte lo marca Berutti y, el sur, Darwin. Esa zona fue recorrida por el colectivo blanco en el que viajaba toda la comitiva, amén de algunos periodistas y el terreno cumplió al otorgar puntos de contacto al relato que el miércoles ofreció Ahualli en el Tribunal Oral Federal 1.

Las coincidencias se dieron más allá de los treinta y cinco años transcurridos desde aquel 17 de junio de 1976, que no sólo afectaron la memoria sino también la fisonomía del lugar.

Tal como informó Los Andes en su edición de ayer, el relato arranca en calle Guillermo Molina, donde Ahualli subió al Renault 6 que conducía Urondo y en el que viajaban también Alicia Raboy y la pequeña Ángela, hija de ambos, que entonces tenía 11 meses.

De ahí el recorrido se vuelve sinuoso, por el dibujo de las calles de la zona y también por la memoria. Lo que pudo establecerse es que el Renault 6 recorrió las calles hasta encontrarse con un Peugeot 504 rojo que había sido usado por Montoneros antes de ese 17 de junio del 76.

Ese encuentro ocurrió cuando Urondo volvió a recorrer las cinco cuadras de Molina que habían sido fijadas para la cita de control en la que Ahualli y Urondo debían encontrarse con un tercer hombre de Montoneros: Rosario Aníbal Torres, también desaparecido. Torres estaba dentro del Peugeot (en el asiento trasero), flanqueado por dos hombres de civil.

En ese momento, Ahualli dio la voz de alerta para huir y comenzó la persecución a tiro limpio por las calles del suburbio, que culminó en Remedios de Escalada y Tucumán, lugar donde Urondo encontró la muerte por un fuerte golpe en la cabeza que le produjo una hemorragia cerebral.

Ahualli fue reconstruyendo el recuerdo, mientras era grabada para que quedara registro de cada hito que dilucidaba. Al llegar a la esquina en la que Urondo se encontrara con la muerte, el relato de Ahualli adquirió más nitidez en el terreno que la comitiva pisaba.

Contó cómo bajó del auto y corrió por Tucumán hacia el este. A unos pocos metros, la casa del número 604 ofrece un largo pasillo que fue la salvación de La Turca.

Al final ya no está la medianera que ella saltó sino que hay una pequeña casita de techo de chapa y al otro lado un complejo de departamentos que tiene salida a Remedios de Escalada. Al lado, aún hay un amplio baldío que Ahualli recorrió desesperadamente en su huida.

Ella relata que dentro de esa casa alguien la ayudó a saltar la tapia. El actual propietario cuenta que por aquellos años había una especie de conventillo con varias habitaciones. Uno de esos vecinos puede haber sido el que la ayudó.

Ahualli rememora que del otro lado de la medianera había unos piletones. En uno de ellos se lavó la sangre que manchaba sus manos, producto de tocarse las piernas heridas por una bala. Otra vez, el dueño del predio da verosimilitud a la historia: efectivamente había un piletón de riego que estaba de épocas anteriores a 1976, cuando el lugar era sólo viñedos.

La zona ha cambiado mucho y nuevas construcciones han recortado el paisaje baldío que La Turca recuerda. Sólo queda una fracción importante, que luce cartel de una inmobiliaria que anuncia su venta. La Turca caminó por allí, cortó por algunas callejuelas y terminó su periplo en calle Dorrego, donde esperó que pasara un trole. En su espera vio pasar un par de autos cargados de personas armadas que la buscaban.

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