Pacho O'Donnell en Mar del Plata. El pensador forma parte del grupo de historiadores que cree necesario realizar un revisionismo de la historia argentina, por eso pone en tela de juicio muchos de los argumentos que hoy reinan los relatos.
En su paso por la ciudad, donde brindó una charla con su par Felipe Pigna, el historiador habló sobre la labor que lleva adelante el Instituto Manuel Dorrego que se propone revisar la historia, y criticó a quienes escriben novelas históricas.
-¿Por qué considera necesario revisar la historia argentina?
-La propuesta de hacer un revisionismo nacional, popular y federalista generó mucho barullo a raíz de la creación del Instituto Manuel Dorrego. Creo que es muy importante explicar cuáles son las diferencias de nuestro enfoque historiográfico, del enfoque liberal que sigue dominando este campo de la explicación y educación de la historia. Queremos plantear cuál es la diferencia de una historia vista desde los sectores privilegiados, que es la historia oficial que sigue dominando los elementos del poder historiográfico, con la diferencia de nuestro planteo que es mirar la historia desde las grandes mayorías y los sectores populares. La idea es mostrar cómo cambia esa perspectiva si pensamos por ejemplo, que el Centenario es mostrado por nuestra historia tradicional como un gran momento argentino mientras que nosotros recalcamos que las grandes mayorías vivían muy mal, en la miseria, sometidos a estado de sitio, a fraude electoral, a violencia policial. Este es un pequeño ejemplo de cómo un punto puede ser visto de dos lados.
-El Instituto causa revuelo por ser algo nuevo y por cambiar la mirada, lo que no es poco.
-Es una mirada que tampoco es nueva, sino que se remonta a Arturo Jauretche, Scalabrini Ortiz, Jorge Abelardo Ramos, entre otros. De alguna manera ellos son antecesores de esto y siempre se han mantenido en la marginalidad. A partir de la creación del Instituto se pone en superficie algo que había sido escondido y que se había tratado de negar. No sólo por ser nuevo, sino porque de alguna manera los historiadores tradicionales siente que van a tener que debatir y que ya no pueden ejercer el pensamiento único que es lo que hacían hasta ahora, sino que tendrán que debatir sobre aspectos que se daban resueltos. Nosotros no venimos a desplazar a nadie, la idea es no sacarle el espacio, simplemente buscamos aportar para que la gente saque sus propias conclusiones. Hay puntos con los cuales coincidimos, pero hay otros que estamos convencidos de que es necesario revisarlos porque nuestra historia originaria es muy tendenciosa y fue escrita por motivaciones políticas.
-¿Y cómo es el trabajo hacia adentro del Instituto?
-Recién terminamos una reunión de la comisión directiva que hablamos sobre esos puntos, pero no es nada que comienza ahora, hace tiempo que estamos trabajando en esa línea. Tanto Felipe Pigna como yo hemos escrito libros leales a esta orientación. El último libro de Pigna, "Mujeres tenían que ser", justamente plantea la revisión del papel de la mujer desde la historia oficial ya que había quedado muy marginada y sepultada porque la historia está escrita en base a los hombres.
Resucitando
-Y su último libro de Artigas también va en esa línea...
-Es la reivindicación de una figura que ha sido postergada, un hombre extraordinario, un estadista gaucho que luchó por el federalismo, por la justicia social, con una perspectiva americanista que tuvo un gran conflicto con la oligarquía porteña. Artigas fue el representante de la Revolución de Mayo popular y los unitarios de Buenos Aires que lo enfrentaron fueron los representantes de la Revolución de Mayo oligárquica, liberal y extranjerizante que finalmente se impone.
-Y Artigas fue impulsor también de la unidad Latinoamericana que hoy está tan presente.
-Sí, por eso puede decirse que personajes como Artigas, Monteagudo o San Martín están resucitando en estos tiempos. Se están concretando de alguna manera, no totalmente, sus sueños en una proporción importante.
-¿Tiene el sueño de poder ver que los manuales en los colegios se reformen y la historia esté contada con la mirada revisionista?
-Sí, absolutamente. Ya se han ido reformando algunos porque a los profesores les resulta muy difícil sostener posiciones tradicionales como la que Rosas fue un tirano sangriento, o que Rivadavia fue el más grande hombre civil, o que San Martín lo único que hacía era ganar batallas y subir montañas, sino que era un hombre de ideas que lo llevaron a enemistarse con los hombres de Buenos Aires. O sea que los alumnos y profesores per se, piden el cambio. Cuando la gente entra a la librería no pide libros de Luis Alberto Romero o de Hilda Sábato, sino de Felipe Pigna y Pacho O'Donnell. Y justamente eso es lo que va generando un cambio en la sociedad argentina. En la gente la batalla ya está definida con la elección de nuestra versión de la historia. Los críticos se refugian en el poder historiográfico de las cátedras, de las academias, de los subsidios, todo eso sigue estando cada vez menos pero en gran medida en la historiografía liberal.
-¿Qué piensa de las novelas históricas?
-Yo nunca escribí una novela histórica porque inventa circunstancias que si el autor se hubiese propuesto investigarlas, hubiese descubierto que es mucho más fascinante lo real que lo que pueda inventar en un cuarto de alguna ciudad. La historia argentina es fascinante y no hay necesidad de que nadie la invente, hay que contarla y bien.
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