Revelan torturas con el "submarino seco"

Ayer a la mañana comenzó a contarse, en el juicio a nueve de los represores de la Subzona 14, la virtual toma del pueblo de Jacinto Arauz, por parte de militares y policías, el 14 de julio de 1976. Los lúcidos relatos del médico Gustavo Brouwer de Konning y del rector del instituto secundario "José Ingenieros", Carlos Samprón, permitieron recrear con nitidez -aunque con pocos nombres propios- el grado de locura de la dictadura. En ese operativo fue detenido un grupo de docentes. Por primera vez en las audiencias un testigo reveló que lo torturaron con el método del submarino seco.
Aquel miércoles a las 7.30, Samprón cruzó la plaza blanca por los siete grados bajo cero, ingresó al aula y repartió los temas de una prueba que "nunca pude tomar". Imprevistamente, golpearon la puerta y un uniformado lo esposó y lo encapuchó. De ahí fue a la comisaría y luego al puesto caminero, adonde también llegaron Angel Alvarez y Víctor Pozo Grados, y escuchó los gritos del pastor Gerardo Nansen. "Eso me llamó grandemente la atención porque era un hombre dedicado a lo suyo y a la comunidad".

Ahí Samprón fue interrogado, golpeado y picaneado. "También me hicieron un simulacro con la pistola, gatillando en vacío", detalló. "Las preguntas fueron absolutamente increíbles, sobre las fábulas de pueblo, sobre la participación de (Manuel) Negrín en el ERP, sobre si yo pertenecía a esos grupos y los conocía... No vi a nadie, solamente escuché que el operativo estaba supervisado por (el prófugo Luis) Baraldini desde un avión. Al que lo nombró, lo retaron. Después supe que el pueblo había sido tomado por unos cien 100 soldados y no sé cuántos vehículos".

Al testigo lo trajeron a la Unidad 4, en Santa Rosa, donde "sentí que no me iban a matar". Allí permaneció ocho meses, con una hora de recreo semanal. De la penitenciaria lo retiraron dos mañanas para torturarlo en un lugar desconocido, que calculó, estaba a unos 20 minutos de viaje. "Los interrogatorios también fueron descabellados, preguntaban pavadas... Por las conexiones con la subversión, por el rector de la Universidad del Sur, por el centro de estudiantes de Agronomía del que había sido presidente y por las malas palabras escritas en los baños y los pupitres del colegio".

Por primera vez, una de las 28 víctimas de la causa contó en el juicio que en esas sesiones lo torturaron con el submarino seco. "Me colocaron una bolsa en la cabeza para quitarme el aire. En la última sesión me golpearon más que de costumbre y me pareció que había un médico que controlaba". Tampoco supo dar nombres, aunque sintió como el interrogador 'malo' lo golpeaba; y el 'bueno' otro le pedía que hablara porque sino irían a violar a su familia. "En el pueblo había fábulas simplemente porque dábamos clases comunitarias para arreglar la plaza o para inculcar el concepto de solidaridad", expresó.

El juez y el defensor.

Una madrugada hubo "batifondo" (sic) en la U4. Fue cuando un grupo de presos fue trasladado a la cárcel de Rawson. Después a él lo enviaron a la Unidad 13 para "una parodia de juicio legal". Cuando les ofrecieron un defensor del Partido Comunista, lo rechazaron ("ahora suena feo decirlo, pero pensamos que sería peor") y pidieron al defensor oficial, Raúl Pedro Perotti, quien les dijo que "comprometeríamos su carrera política. Nos trató de zurdos, subversivos, hijos de mil... Yo pensé: si ese era el defensor, cómo sería el fiscal, pero a través del fiscal mi mujer tuvo acceso a la información más correcta" (NdeR: hoy Perotti está procesado en un caso de corrupción relacionado con el ex ministro Gustavo Béliz).

Después a Samprón lo interrogó el juez federal Walter Lema. "Fue una charla extraordinaria (sic).Era muy ingenuo. Pensé que me había entendido, que se haría justicia y que al otro día me iría. Pero me caratuló en la causa como responsable ideológico de la subversión en el sudeste de La Pampa y pueblos vecinos".

El rector entendió que el cautiverio no sería corto cuando, a través de familiares, se anotició que el gobernador de facto (Carlos Aguirre Arrieta) había dicho el 17 de agosto, en General San Martín, que en el operativo de Arauz le habían dado "un gran golpe a la subversión".

En un instante de su extenso relato, el docente peronista remarcó: "Me encantaría poder decir quiénes me torturaron, de corazón, pero no lo sé". Pero sí mencionó al imputado Roberto Fiorucci, de quien se decía que había estado en Arauz realizando tareas de inteligencia.

De lo que no se privó Samprón, en cambio, fue de pedir que se investigue la participación de civiles y sacerdotes en estos episodios. Dijo que Lema fue "cómplice" de los represores y que Perotti estuvo "alineado con la dictadura", y también reveló que en la prisión, "todos los detenidos pampeanos" le advirtieron que "ni se me ocurriera hablar con el cura, porque enseguida se enteraba el obispo y después lo sabía el aparato represivo".

Cortázar y Borges.

Antes de aquel 14 de julio, hubo dos inspecciones al instituto secundario. "Fueron los servicios de inteligencia. Secuestraron libros de (Julio) Cortázar, (Eduardo) Galeano y (Jorge Luis) Borges. Cuando dije que el pensamiento de Borges era distinto al de Cortázar y Galeano, el inspector me respondió que Borges era anglófilo y él, católico y nacionalista".

Al final, Samprón, admitió que por el estado de shock en que estaba "no sentí dolor, ni me quedaron marcas" de los golpes y las picanas, pero acotó que "nadie que pasa por una situación así sigue siendo la misma persona. Yo había visto a mi hijo tres veces en dos años. Cuando salí tuve que conocerlo de nuevo, porque al detenerme mi esposa todavía estaba en la cama ya que hacía cuatro días que había nacido. Por eso cuando la gente dice que a una persona no le dan nada más que cinco años de prisión, yo digo que el primer día, el primer minuto en la cárcel es terrible. Y después hay otro, y otro y otro... Realmente la falta de libertad es más que dura que la tortura. Y lamentablemente la mayoría compró lo de la dictadura. Si hasta hubo tíos y primos que, cuando regresé a Necochea, pensaban que algo había hecho".

"Chismes de pueblo".

El testimonio de Brouwer de Konning fue claro y conciso. El, además de médico, era profesor de anatomía del instituto "José Ingenieros". Y fue el partero del hijo de Samprón.

"A las 8 de la mañana, cuando llegué a la clínica, entró el comisario de Arauz (Miguel Gauna), con otros policías, y me dijo que estaba detenido -relató-. Le pregunté los motivos y por orden de quién, y me respondió que no hacía falta ninguna orden. Me esposaron, me colocaron una venda y una capucha, delante de los pacientes, y me llevaron a la comisaría. Después me trasladaron al puesto caminero, donde escuché gritos de dolor y de órdenes o insultos. Y oí la voz del pastor Nansen pidiendo que no le pegaran". Un detalle: Gauna fue enviado al pueblo por Baraldini poco antes del 14 de julio y se marcó una semanas después.

Horas más tarde, al testigo lo regresaron a la comisaría para interrogarlo. "Me preguntaron si conocía las ideas políticas de la gente y si me constaba, como profesor del colegio, si había una prédica marxista. Les respondí que mi tarea médica no era conocer la ideología de la gente y que, además, debía confidencialidad a mis pacientes. Y también que en la escuela no había 'desviaciones' marxistas".

Cuando le quitaron la capucha vio al militar que dejó en la clínica y al que no pudo identificar. Al que se vio fue al prófugo Luis Baraldini, por entonces jefe de Policía. Lo había conocido durante una charla "insustancial y antipedagógica" que había dado sobre prostitución en la vecina localidad de General San Martín.

Ese mismo día y al día siguiente los policías ingresaron a la clínica buscando el fichero de los pacientes y al domicilio de Brouwer. "Buscaban libros. Había uno de gramática griega, de Blas Goñi, del que había estudiado con los salesianos. Me preguntaron si era ruso. En realidad allanaron un montón de casas buscando al profesor que se había escapado (Guillermo Quartucci), aunque no creo que una persona se hubiera podido esconder en el estante de una biblioteca", ironizó.

El facultativo, que después de diez años se fue de Arauz en abril de 1983, dijo que "el procedimiento militar estuvo dirigido al colegio secundario" y que se debió a "los chismes del pueblo". "Hubo persecución ideológica en un clima de paranoia inigualable". Dos meses después de la detención fue despedido del colegio sin causa "por orden del vicealmirante Montes", del Ministerio de Educación de la Nación.

Al igual que Samprón, el médico recordó que antes del operativo, un tal Olmedo Berrotarán, enviado por Educación, realizó una "inspección atípica" porque en lugar de presenciar sus clases, le dijo que se vaya y se quedó solo con los alumnos."Esa persona elevó los nombres de los profesores con mentalidad peligrosa porque dijo textualmente que por su olfato se daba cuenta de lo que pensaban. No sé cómo se puede oler el pensamiento o la ideología de alguien...", cerró Brouwer su testimonio. Después se quedó a escuchar a Samprón, a quien no veía desde aquel nefasto día.

De la Rúa y Berhongaray

Samprón, que dijo ser peronista, fue ayudado por el ex presidente Fernando De la Rúa y el senador Antonio Berhongaray para salir de prisión. La historia fue así: después del falso juicio en la U 13, el testigo fue regresado a la U 4, donde intervino para ayudar a un ex intendente radical de Pellegrini, condenado por homicidio ("tenía 80 años y querían hacerlo dormir en el tercer nivel de las cuchetas"). El hombre le prometió que su abogado, el ex presidente, lo ayudaría. "De la Rúa me visitó y me dijo que un amigo suyo me defendería. Era Berhongaray, quien tres meses antes me adelantó que el 30 de marzo de 1978 me liberarían. Y así fue".

La llamada de Marín

Samprón contó que en 1983, siendo subsecretario de Obras Públicas de Necochea, supo que el juez federal Walter Lema sería confirmado en su cargo. Por eso llamó a Nélson Nicoletti, compañero de prisión y funcionario del gobernador Rubén Hugo Marín. El le consiguió una audiencia con el mandatario. "Marín, delante de mí, se comunicó con el senador Vicente Leonidas Saadi (presidente de la comisión de Acuerdos) y le dijo que no quería a Lema, y no lo nombraron. En LA ARENA se publicó una nota al respecto", contó el testigo.

El ex rector del colegio secundario mencionó a otros detenidos. Recordó con "mucho cariño" a Santiago Covella, destacó del "zapatero (Roberto) GIl su extraordinaria filosofía de vida, que nos ayudó mucho", habló de "Hermes (Accátoli) protestando todo el día" y hasta de un preso, "con rasgos coyas (Norberto Lazcano) que le robó una ametralladora (al general Ramón) Camps, un mito que nunca se demostró".

"El comisario Miguel Gauna se encontraba por ahí"

El ingeniero agrónomo Angel Alvarez relató cómo fue torturado con un submarino seco y picana. Carlino recordó que fue el comisario Gauna quien lo arrestó en la localidad.

Durante la tarde de ayer continuaron en la sede del Colegio de Abogados los testimonios de las víctimas del operativo montado en Jacinto Arauz en 1976 para detener a docentes del colegio secundario por "subversivos". Los que declararon fueron el ingeniero arónomo Angel Julián Alvarez, el médico Luis Carlino y María Antonieta Lebed, esposa de Carlos Samprón. Todos reivindicaron en sus declaraciones su militancia política y social y sus ideales para "cambiar el mundo".

Submarino.

Alvarez recordó como ingresó como docente en el José Ingenieros en 1975 y su detención mientras estaba dando clase el 14 de julio del año siguiente. En lo que dijo pudo ser la comisaría local fue interrogado "con golpes, patadas y golpes en el estómago. Y algunas caricias y golpes sucesivos". También con "efectos de electricidad por las ingles y las partes bajas de las axilas".

El docente indicó que no vio las caras de sus torturadores ya que siempre estuvo encapuchado y que también le hicieron un simulacro de fusilamiento cuando lo trasladaban al Puesto Caminero. Allí escuchó cuando los uniformados gritaban "Falta un gallo" al escaparse Guillermo Quartucci.

En Santa Rosa, donde quedó preso en la Unidad Penal 4, volvió a ser torturado. Fue en la Seccional Primera. "Hubo submarino con una bolsa de polietileno, golpes en los oídos y patadas". Siempre las preguntas giraban en torno a acciones que eran tomadas como "subversivas", como cuando con un grupo de alumnos hizo una quinta en la plaza abandonada frente al colegio y algunos afirmaron que era "una pequeña Cuba". Y dijo que lo pudo haber revisado un médico. Alvarez estuvo encarcelado hasta el 11 de julio del 77.

El médico.

También declaró Carlino, en un testimonio encendido y por momentos desaforado que tuvo que ser frenado por los jueces. Relató cómo fue detenido el 17 de julio y su relato fue similar a la nota publicada en LA ARENA en la edición de ayer.

Cuando lo torturaron en la comisaría, afirmó que el comisario Miguel "Gauna estaba por ahí" y que fue él el que lo arrestó. Afirmó que lo culparon por lo que dijo del Ejército pero también porque era médico del Servicio Provincial de Salud y que "estaba orgulloso de estar preso por ser médico del Servicio y por peronista".

En su declaración dijo que le molestó "la payasada que le hicieron hacer a nuestro querido Ejército Nacional para ir a agarrar a cuatro profesores" en esa localidad y que "quedó como leproso" ya que después porque no le dieron más trabajo.

"Preguntaban pelotudeces (sic), lo único que querían era meter miedo", afirmó sobre los interrogatorios. Luego de dos llamados de atención, no hubo más preguntas para Carlino.

Otra docente.

Lebed afirmó que era docente también en el Instituto José Ingenieros y que en julio cuando coparon la localidad había nacido hacía pocos días su segundo hijo. Su casa fue requisada y no se salvó ni el moisés de su bebé.

La mujer relató el periplo que tuvo que padecer para encontrar a su esposo, como buscó ayuda del médico René Favaloro a través de una familia amiga ya que "negó cualquier apoyo" y cómo el intendente Adolfo Forastier la sacó de la casa que le alquilaba a la comuna en noviembre del 76, con sus dos criaturas, porque "había sido declarada persona no grata" en el pueblo.

Consejo asesor.

Otro de los testigos de Jacinto Arauz fue el comerciante Jorge Malán, fundador del instituto José Ingenieros. El confirmó que Roberto Fiorucci había estado destinado antes en la localidad y que el Ejército "copó con armas" el colegio. Unos días antes, el testigo había estado con el intendente de facto, Forestier, en Casa de Gobierno. Ahí supo, por boca de un tal Olascoaga, que se haría el operativo. Se lo advirtió al rector Samprón, pero le respondió que estaba muy tranquilo.

Malán -cuyo esposa era docente del instituto- contó que "una o dos madrugadas" los invasores revisaron casa por casa el pueblo y que Baraldini fue a mirar la suya cuando estaba con Víctor Pozo Grados y la mujer de Samprón. Sin más detalles, mencionó que en esa época existió un consejo asesor formado con vecinos que "colaboraban con el intendente".

Una comunista de barrio Norte

María Antonieta Lebed también recordó el trato que tuvo en el Juzgado Federal cuando intentaba que avanzara la causa por "subversión" que le habían iniciado a su esposo. "El abogado defensor Perotti resultó ser un personaje bastante siniestro", dijo. "En la primera conversación que tuve con él primero me dijo que yo era la comunista de Barrio Norte", afirmó sobre el abogado. "Me asustó, me dijo que iba a ir a la cárcel y que no sabía porqué no me habían llevado, y que en cualquier momento me podían tomar de por ahí", concluyó.

"La mayoría de las denuncias fueron civiles"

Finalmente ayer a la tarde, luego de haber pospuesto su declaración, se presentó el ex estudiante de la Universidad Tecnológica de General Pico y actual concejal, Francisco Tineo. La víctima del grupo de tareas de la Subzona 14 relató cómo fue su militancia política y cómo fue detenido en enero de 1975 por tomar la sede de la UTN en protesta contra la intervención.

Afirmó que el 25 de marzo del 76 fue arrestado y que el coronel Oscar Cobuta lo amedrentó y le hizo una arenga. Allí vio cómo el diputado nacional Carlos Aragonés, relato que ya había dado con anterioridad en otra causa, entregaba una bolsa con armas y una cantidad de sobres y carpetas para el oficial. Dio los detalles de cómo fue que observó la escena dentro de la comisaría y calificó al ex diputado como "el padre político de (Rubén) Marín".

Al día siguiente fue nuevamente detenido y esta vez quedaría preso hasta mayo. Cuando allanaron su casa "buscaban documentación ideológica marxista-leninista", indicó.

Tineo fue trasladado junto con otros 20 o 30 presos a Santa Rosa. Fue alojado en la Unidad Penal 4 y luego de una semana y media fue llevado a la Seccional Primera para un interrogatorio.

"Fui tres veces a la tortura. Eran de noche y no nos daban de cenar antes de la tortura, por eso sabíamos que nos tocaban los interrogatorios", afirmó.

Tineo dijo que no recibió picana eléctrica pero sí golpes e insultos. "Lo trataban a uno de subversivo, de montonero, que era tan común hacerlo", afirmó sobre su primera sesión y comentó que no pudo observar la cara de quienes lo hacían.. "Quedé después en la Seccional Primera porque estaban enloquecidos buscando un mimeógrafo de la UTN que lo habíamos sacado cuando fue intervenida. Decían que se hacía con eso propaganda subversiva", relató.

Finalmente, Tineo fue dejado en libertad pero bajo régimen vigilado. "Hubo colaboración civil, no sólo militar, y la mayoría de las denuncias era de civiles. Hubo muchos colaboradores, incluidos políticos de la época. La civilidad colaboró mucho, eran vecinos que nos conocían. La gente entró en una histeria colectiva propia de un régimen nazi", afirmó.

Tineo, al momento de las preguntas, relató que observó en la Primera a Roma y Bedis que estaban "desfigurados", "no podían hablar" y "prácticamente no se podían levantar de la cama". Y que la comisaría "de día era una vida normal y de noche era un loquero, por las torturas".

Careo entre Cenizo y Turnes

Durante la tarde de ayer se presentó a declarar el primer abogado que tuvieron los represores en 1984, Ramón Turnes. Su testimonio fue pedido por la defensa ya que el ex oficial Néstor Cenizo había dicho que el 23 de marzo del 84, cuando fue detenido, Turnes lo había llamado a la comisaría de Parera y le había dicho, luego de anunciarle que no iba a ser detenido, que sí iba a ser arrestado porque "habían cambiado figuritas" por él.

Turnes afirmó al ser consultado: "No es cierto lo que dice Cenizo", y explicó que siempre atendió a sus defendidos en su estudio y que apenas su labor se circunscribió a pedir la incompetencia de la justicia provincial en la causa y que fuera derivada al fuero federal.

Ante la insistencia del abogado oficial, Oscar Del Campo, el tribunal decidió que se realizara un careo entre ambos por la controversia. Cenizo explicó nuevamente el caso, y Turnes volvió a negar. Finalmente, el represor dijo que a él lo habían cambiado por Omar Aguilera, al mencionarlo como uno de los que llevaron presos políticos a Catriló.

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