Las revelaciones del horror

Por Ricardo Kirschbaum

Los actos horribles que revelan los documentos sobre la intervención de EE. UU. en Irak y Afganistán han conmocionado al mundo . Su difusión a través del sitio WikiLeaks, casi una semana antes de las elecciones legislativas que enfrenta Obama con pronóstico sombrío, ha sido otro golpe a los sistemas de seguridad . Miles de documentos clasificados fueron puestos a disposición del público en ese sitio.

Las consecuencias se desencadenaron. Mientras inundan a los medios, y se postean en Internet, críticas a EE. UU., los talibanes anunciaron que estudiarán atentamente el material para identificar debidamente a los 1.800 afganos que serían espías de la coalición occidental al servicio del presidente Karazi, el mismo que ayer debió admitir que recibe bolsas de dinero de parte de Irán para “gastos de la Presidencia”.

La difusión sin censura de esos documentos puso en descubierto los informantes que tienen -o tuvieron- los norteamericanos en la región, los que corren serio riesgo de vida .

La tensión entre hacer público los horrores de la guerra ocultos y el peligro de difundir nombres de inocentes involucrados es real. Y los editores, que en diversa escala enfrentan esa opción de hierro, deben resolverla con responsabilidad y compromiso . No hay una respuesta única al dilema.

El australiano Julián Assange, de 39 años, fundador de WikiLeaks, no duda: “Si estuviéramos obligados a elegir entre publicar la totalidad de los documentos o ninguno, publicaríamos todos ”. Lo hizo, a pesar de las fuertes presiones en contra.

Los documentos muestran un conteo fatal: murieron 31 civiles iraquíes por día durante 6 años . Total: 67.890 . Y los contratistas, que “tercerizaron” la seguridad, sembraron de terror a todos : los sufrieron hasta soldados de EE. UU.

Comentá la nota