Retrato de una sacrificada jornada laboral en la mina Potasio Río Colorado

Cómo trabajan los obreros que le están dando forma al emprendimiento ubicado en Malargüe. Cuáles son sus momentos de ocio. Y qué sucederá con ellos cuando el grueso de los trabajos culminen.

"El trabajo del obrero civil es el más sacrificado. Estamos a carne de perro", manifestó Gustavo Fernández, trabajador en la etapa de construcción del proyecto Potasio Río Colorado.

La jornada de los albañiles tiene un régimen de 21 días de trabajo por una semana de descanso. El horario laboral es de 12 horas, arrancado a las 6 y finalizando a las 18.

"Es pesada la jornada: a las 5.30 nos levantamos para desayunar y comenzamos a trabajar. A las 10 tenemos 15 minutos de refrigerio y, al mediodía, una hora para almorzar", narró.

"El trabajo se sufre, hay que estar acá abajo del sol. Pero es lo que yo elegí y me gusta. Trabajar de obrero es sagrado para mí", admitió González.

El empleado aseguró que, a pesar de la cantidad de días que deben trabajar juntos, la convivencia es buena. "Yo siempre digo que esta es mi segunda familia", explicó.

En el campamento de construcción, que tiene espacio para albergar a 3.500 personas, los obreros duermen en módulos que, acorde a la escala jerárquica que tengan, es la cantidad de baños que tendrán que compartir.

En las horas de ocio, los obreros cuentan con distintas actividades: canchas de fútbol, básquet, tenis, gimnasio, microcine, metegol, pool, televisión y computadoras con conexión Wi Fi. También cuentan con prestaciones médicas, con una clínica que tiene ambulancias, médicos y la posibilidad de incluir terapeutas que brinden contención psicológica a los empleados.

En tanto que el ingeniero en Seguridad, Juan Castro, dijo que muchas veces los trabajadores no toman conciencia y "dañan las instalaciones. Tenemos un problema muy grave con esto".

Según explicó el ingeniero en Construcción, Luis Martí, un soldador cobra entre 9 mil y 10 mil pesos de sueldo. "Esto es un 40 por ciento por encima del valor normal de un sueldo en la ciudad", explicó.

Luego, agregó que "no tienen gastos, ya que acá les damos comida, transporte y alojamiento". En contraste, Gustavo Fernández dijo que "el sueldo lo gasto en casa de todas maneras, hay una familia que mantener".

Entre las 1.500 personas que actualmente están trabajando, sólo 60 son mujeres. Una de ellas, Cecilia Rincón, analista de Comunicación Interna, aseguró que la integración de mujeres en el grupo "hace a los hombres menos hostiles".

Otro conflicto futuro que podría presentarse es la cantidad de mano de obra desempleada que quedará cuando finalice la etapa de construcción.

De los 3 mil trabajadores, muy pocos quedarán ya que prescindirán de sus servicios. Cuando comience el proceso de procesamiento y separación del cloruro de potasio, 600 empleados serán tomados para llevar a cabo las tareas operativas y de mantenimiento.

Con respecto a esto, el intendente de Malargüe, Juan Antonio Agulles, explicó que podrán ser reinsertados en otras obras del departamento, como Portezuelo del Viento, aunque no brindó explicaciones precisas para la solución que paleará estos casos.

Comentá la nota