Felipe Calderón deja la residencia de Los Pinos con un tendal de miles de muertos tras una estrategia de combate del narcotráfico que llevó a militarizar las calles del país. Pero el nuevo mandatario también deberá enfrentar la creciente desigualdad social y el descontento por las denuncias sobre el apoyo que recibió de los medios concentrados para respaldar su figura.
Enrique Peña Nieto asume la presidencia de un país golpeado. Los desafíos del líder del próximo sexenio serán pacificar a una sociedad subyugada por el narcotráfico y abandonar el estancamiento económico que caracterizó al anterior gobierno.
El nuevo presidente, que marca el retorno del Partido Revolucionario Institucional al Ejecutivo Nacional después de gobernar más de 70 años ininterrumpidos, buscará legitimarse y dejar atrás los resabios de una campaña que muchos vieron como sucia y de una elección tildada de espuria.
Tendrá que dar argumentos a quienes todavía niegan que el apoyo del duopolio televisivo, y en particular de Televisa, sea la causa de su futura residencia en Los Pinos, democratizando los medios de comunicación.
Deberá también dejarles en claro a los mexicanos que no es la cara visible de los denominados "dinosaurios políticos" de la época de Carlos Salinas de Gortari, sino un tomador de decisiones independiente. Intentará darles contenido a las afirmaciones que aseguran que su partido se ha renovado hacia el lado de la democracia y terminado con su pasado autoritario.
Recién llegado de su gira por Estados Unidos y Canadá, dejó entrever algunas pistas de lo que será su gobierno. El más polémico de sus objetivos se centra en permitir la inversión privada en la empresa estatal Petróleos Mexicanos (Pemex), tomando el modelo brasileño. Las dificultades radican en que, para los latinos de Norteamérica, la estatización de sus recursos constituye una de las gestas patrióticas más importantes de su historia y la empresa es un símbolo nacional.
Por lo demás, teniendo en cuenta el apoyo brindado a la reforma laboral recién aprobada, las políticas adoptadas por su partido en los últimos tiempos y la inclinación ideológica del México contemporáneo, se verá, con seguridad, la continuación del modelo neoliberal.
A su vez, cabe destacar que Enrique Peña Nieto ha alcanzado el gobierno federal, pero ha fallado en la construcción de poder. La endeble pero cada vez menos sorprendente alianza del Partido de la Revolución Democrática con Acción Nacional, que constituyen la oposición de izquierda y de derecha respectivamente, promete intensas negociaciones en cada una de las iniciativas del nuevo presidente. La primera reforma que Peña firmaría como jefe de Estado, y que intenta modificar la Ley Orgánica de la Administración Pública, ya se encuentra paralizada. A su vez, se pospuso la firma del "Pacto por México", tendiente a generar consensos entre las principales fuerzas políticas.
Mientras tanto, el jefe de Estado saliente Felipe Calderón, aceptó el exilio forzoso que impone su seguridad después de la "guerra" declarada a los cárteles del narcotráfico.
El futuro del ex mandatario estará en Cambridge, Massachusetts, donde se desempeñará como investigador en la Universidad de Harvard. Su pasado, en cambio, lo marca la seguridad en sus decisiones y la inseguridad de tener que justificarlas a cada paso. Sus últimos días en el poder los pasó enumerando las dificultades que afrontó, como la crisis económica más severa de los últimos tiempos y la epidemia de gripe A (H1N1), y hablando de males necesarios.
La mitad de los mexicanos opina que Calderón está dejando el país peor de lo que lo heredó, y las críticas al sexenio manchado de la sangre de los más de 60 mil muertos en la disputa contra el crimen organizado salpicaron su popularidad. De todas maneras, los que ven a Calderón como capitán de aguas turbulentas reconocen que el barco no se hundió.
» Jorge Yoma | ex embajador argentino en mÉxico
tan lejos de dios y tan cerca de ee uu
Posiblemente el nuevo presidente, Enrique Peña Nieto va a producir una desmilitarización progresiva en la estrategia de lucha contra los cárteles, dado el fracaso de la política del PAN en ese sentido. Lo que en un comienzo fue visto con simpatía por gran parte de la población (la presencia de los militares en las calles) se fue transformando en un generalizado rechazo por los abusos y reiteradas violaciones a los Derechos Humanos por una parte, y las masivas deserciones de militares que se pasaron con armas y bagajes a las filas del narcotráfico, por otra.
En alguna oportunidad el presidente Calderón nos confesó con una gran dosis de impotencia que cada vez que compraba armas para modernizar sus FF AA, sentía que estaba aumentando el poderío bélico del enemigo.
En una ocasión, organizamos con el gobierno de Sinaloa, la participación argentina a una de las principales ferias de maquinaria agrícola de México y allí fuimos testigos del profundo enojo de los productores sinaloenses con el gobierno mexicano, debido a los excesos del ejército en los controles de la ruta hacia la frontera, que detenían durante semanas enteras y sin justificación los camiones con hortalizas (sólo de tomate, salen desde Sinaloa mil camiones por semana a EE UU ), y cuando conseguían liberarlos la mercadería debía ser desechada por el grado de descomposición que presentaba.Creo que fue Octavio Paz quien dijo: "...pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos...". Y esta es la raíz del drama de este país maravilloso. Hasta que los gringos no reconozcan que México es la víctima y no el problema, y que EE UU es el victimario y el principal problema en este asunto del narcotráfico, será imposible plantear una estrategia acertada en esta lucha que nos incumbe a toda la América Latina.
EE UU es el principal consumidor de drogas del mundo, son sus bancos los que lavan el dinero producto del narcotráfico y son ellos quienes proveen armas a los cárteles.
La verdad es que nos viene bien el muro que comenzó a construir George Bush en la frontera con México, pero no para impedir que nuestros hermanos mexicanos busquen el "sueño americano", sino para que los gringos dejen de traficar armas, mano de obra precarizada y en condiciones infrahumanas, y nos retornen a modo de préstamos y millonarias inversiones inmobiliarias el dinero lavado en sus Bancos. ¡Viva México!
» Norberto Emerich | Investigador del Centro Argentino de Estudios Internacionales
una nueva estrategia de acumulación
El retorno del PRI al gobierno responde a una necesaria puesta al día de la estrategia de acumulación diseñada por el presidente Salinas de Gortari. La guerra contra el narcotráfico, que busca garantizar la inserción de la economía mexicana en la economía mundial, es un esfuerzo tan insostenible como inútil en los actuales tiempos priístas.
El sexenio vio trepar la pobreza desde el 31,7% en 2006 al 46,2% en 2012; el país pasó del puesto 79º del Índice Global de Paz en el año 2007 al puesto 135º en el año 2012; en 2006, el 10% más rico tenía un ingreso 20 veces superior al 10% más pobre, pero en 2011 la diferencia fue de 26 veces. México ocupó en el año 2010 el puesto 164º en el indicador de estabilidad política. Sin embargo, el PBI era de 1 billón de dólares en 2006 y superó el billón y medio de dólares en 2011. Pobreza, violencia, desigualdad e inestabilidad sirvieron muy eficazmente al crecimiento económico.
Este retorno priísta tiene características similares al recambio colombiano, cuando el actual presidente Juan Manuel Santos remplazó el doble mandato de Álvaro Uribe Vélez. La política de seguridad democrática de Uribe dejó a Colombia con una pobreza del 42%, un desempleo del 12,8%, casi 39 mil desaparecidos en el trienio 2008-2010 y la mayor desigualdad social del continente. Sin embargo, el PBI colombiano pasó de 374.000 millones de dólares en 2006 a 471.000 millones en 2011. Sobre esa base, Juan Manuel Santos se presentó como el presidente de la legalidad y la transparencia, al igual que hará Enrique Peña Nieto.
La crisis económica mundial, con el encarecimiento relativo de la mano de obra china, volvió obsoletos algunos detalles de esta combinación de masacre organizada con indicadores macroeconómicos estables.El calentamiento de la disputa entre Brasil y México por ocupar la brecha china obligó a un replanteo del modelo.
Si antes la guerra contra el narcotráfico fue la clave del modelo de acumulación mexicano, ahora la reforma laboral recientemente aprobada por las Cámaras buscará abaratar la mano de obra, ya disciplinada por Calderón, a niveles globalmente competitivos. Los reajustes necesarios de los mecanismos de control y disciplina buscarán un balance entre la eliminación de la mano de obra inviable, el mantenimiento sumiso de un ejército industrial de reserva y una violencia socialmente aceptable.
Los "guerra" de cárteles se hará cargo de la limpieza social, la administración controlará al ejército industrial de reserva y la nueva Policía Militar estandarizará la violencia.
Con el retiro del Ejército, los cárteles serán convidados a un repliegue a territorios consensuados, la violencia dejará de ser un espectáculo y el narcotráfico recuperará su rol económico.
A este escenario se lo tildará de pacífico y productivo, pero Walter Benjamin seguirá teniendo razón cuando decía: "Este huracán es lo que nosotros llamamos progreso."
» Juan Pablo Calderón Patiño | Master en Relaciones Internacionales en El Colegio de Veracruz y miembro del pri
recuperar el sentido del estado
La constancia escrita y los hechos del pasado en cualquier latitud evocan siempre la base del mirador que busca el futuro y, en su vientre, la narrativa y el manto legitimador de un recorrido. La travesía tiene la doble virtud de ser estela del camino y tener la capacidad para divisar una vía nueva; en ese sentido, cobra fuerza la frase de Friedrich Nietzsche, cuando se refería a que sólo quien construye el futuro tiene derecho a juzgar el pasado. En esa perspectiva, quien escribe esas líneas pretende un enfoque desde la oposición tras más de una década, y a unas horas de que el PRI regrese a Los Pinos (sería un acto de osadía decir que nunca dejó el poder en otras arenas), vislumbrar algo más que el regreso del partido histórico al poder presidencial.
Hoy, el paso será también generacional. Quienes resguardamos confianza, trabajo y lealtad en los doce años de oposición en el partido y en diversas trincheras, acusamos recibo de que el perdedor de hoy puede ser el ganador de mañana y viceversa.
La tarea generacional es saber contestar: ¿para qué queremos gobernar? Haciendo hincapié en que la democratización por la vía electoral es un espejismo si no se acompaña en la traducción de resolver problemas bajo una pluralidad que construya y no obstruya, es necesario recuperar el sentido histórico del Estado. Esa meta transita por amalgamar la razón de pertenencia a la comunidad y destino nacional.
Recuperar la mística de la Administración Pública y su capacidad de resultado es una de las tareas de gobierno que espera respuestas de la mano de una justa retribución a los funcionarios públicos. Continuar con "gerentes bien intencionados" será igual que administrar los problemas y ahondar en la peligrosa sensación existente de que la democracia no ha ayudado a resolver problemas.
La alternancia de la mano de la derecha tuvo como sentencia que su política era no hacer política. Extrañados, muchos analistas reclamaban un pacto como el español en la transición democrática, cuando la latitud mexicana tiene un ropaje único por el origen del siglo XX mexicano: un partido hegemónico que nacía en el poder en la posrrevolución, y que por primera vez el gradualismo abría paso al auge económico y también a la misma ruta para alcanzar la pluralidad política en la elección popular. El siglo XXI mexicano en nuevas condiciones debe revalorar la política como eje de inclusión y articulación, lo que supone que cada poder, institución, grupo o movimiento conozca su lugar incluyendo la ocasión de interacción.
Los dos brazos del Estado mexicano están quebrados: es decir, la seguridad y los recursos para cumplir las demandas ciudadanas, pero a ambos los cruza una línea transversal que es el Pacto Federal. Ante problemas estructurales como la desigualdad del ingreso o la concentración de más del 50% del PIB nacional en tan sólo cinco entidades, el reto más grande es que el ejercicio de la política impida que siga creciendo esa realidad balcanizada que nadie puede negar.
La academizada frase "regresión autoritaria" expresada con motivo del regreso del PRI a Los Pinos, refleja el desconocimiento de que ese instituto político supo abrir el cauce democrático desde las primeras reformas a finales de los años sesenta, profundizadas en 1977 y aceleradas en los noventa durante los últimos años del priísmo en el poder. Es el momento idóneo para demostrar que en el gobierno encabezado por el primer presidente priísta de la historia que no surgió del "dedazo" presidencial –como lo expresó Jorge Castañeda G.– no habrá espacio para abonar en la decepción de que todas las fuerzas políticas son iguales.
Termino estas líneas con la misma convicción que evoqué como miembro de una privilegiada generación distinta a los priístas que ocuparon posiciones dentro de otra lógica y tiempo político, al decir que queremos el poder para hacer nuestra la lectura del portugués Boaventura de Sousa Santos: "Ejercer el poder para refundar el Estado es inmensamente más difícil que tomar el poder." De ese tamaño es nuestra misión con la historia.





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