Luego de que la Dirección de Trabajo clausurara la semana anterior la obra de ampliación del edificio de la escuela de la comunidad Lapacho II, por irregularidades denunciadas por el gremio de la construcción, el lunes se retomaron los trabajos, aunque los obreros siguen todos en negro.
Uno de los empleados relató que eran 12, pero 3 venían de Misión Cherenta. “Ellos se fueron porque dijeron que iban a arreglar por aparte; nos quedamos nosotros 9 porque por las denuncias que hicimos en la Dirección de Trabajo finalmente nos pagaron lo que nos debían de los meses de abril, mayo y junio, ya que durante todo ese tiempo sólo nos daban anticipos”.
El obrero, vecino de la comunidad Lapacho II, sostuvo que “ahora queremos que nos pongan en blanco para tener beneficios, y si la información sale en el diario El Tribuno nos va a ayudar mucho porque es la única forma de que el Gobierno provincial se preocupe de nosotros”.
Un lugar complicado
La vicedirectora de la escuela Lapacho II, Ana María Saracho, explicó que los nenes del anexo, “igual que los otros 450 chicos de la escuela, desayunan o meriendan y tienen el almuerzo, pero es muy complicado trabajar en estas condiciones no sólo por el estado que presenta el anexo, sino porque tenemos que ir y volver con las ollas desde y hacia la escuela. Los docentes se ocupan de acarrear agua para que los niños al menos se laven las manos antes de alimentarse. Por eso es muy necesario contar con las aulas que se están realizando en la ampliación”, dijo.
Obras comprometidas
La docente explicó que “hay un compromiso de la empresa Solá Construcciones, que tiene a su cargo las 3 aulas y el jardín de infantes que corresponden a la ampliación, de reparar los techos de las 3 aulas que estamos ocupando ahora y un salón de usos múltiples, que era el comedor, pero debimos afectarlo para que funcionen dos grados. Ojalá que la obra no se pare y que en los meses de calor ya tengamos la ampliación en condiciones para dejar definitivamente este anexo”, expresó.
Problemas del anexo
Por falta de espacio en el edificio donde concurren a clases 63 chicos de la comunidad Lapacho II, ubicada 3 kilómetros al este de Tartagal, siguen utilizando lo que los docentes y los padres llaman anexo. Se trata de un lugar donde ni los alumnos ni los docentes que los atienden pueden disponer de agua corriente ni sanitarios.
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