Seguramente, el Gobierno conoce la encuesta que hizo Poliarquía sobre la gestión presidencial, performance de políticos oficialistas y opositores, y aspectos sociológicos en los que trata de cuantificar el optimismo de la gente, la confianza en la gestión y la dosis de esperanza o desesperanza con la que espera el futuro.
Es claro que el conflicto con el campo es la bisagra histórica de un gobierno que supo gozar de una aprobación casi unánime (más del 80 %) entre 2006 y 2007 y que hoy, siempre según este estudio, rondaría los 39 puntos, aunque con una leve tendencia a ir creciendo, y con un 57 por ciento que desaprueba la gestión presidencial.
Y todo por cómo se manejó la protesta agropecuaria.
En ese momento, el gobierno debió haber enviado alguien para negociar por debajo, desactivar el reclamo y canalizarlo institucionalmente. Sin embargo, se optó por el enfrentamiento a todo o nada y el principal desgaste lo sufrió el gobierno que vio en el sector agropecuario una suerte de oposición política amenazante, y no un sector económico-social como en realidad es, con diversos canales de expresión. El gobierno era el que más arriesgaba, y lo pagó en el tiempo.
El otro punto es el de las retenciones.
El Gobierno hizo una jugada muy inteligente, la que debió haber hecho en marzo de 2008, y es la de plantear una segmentación, lo que podría ser impracticable pero sirvió para dividir la Mesa de Enlace o al menos para crearle algunas rispideces.
Hugo Biolcatti los acusó de "gatopardismo", y el gobierno tuvo de pronto un inesperado defensor en Eduardo Buzzi (FA), quien salió a responderle rápidamente al presidente de la Sociedad Rural y a ponerse del lado del oficialismo.
Eso mismo fue lo que Cristina Kirchner debió haber hecho hace dos años cuando una mala política juntó a quienes habían sido históricamente casi enemigos, y víctimas y victimarios a fines del siglo diecinueve y principios del veinte.
Si bien la oposición recuperó algo de iniciativa, no pudo evitar que el gobierno les ganara de mano con el tema retenciones, aprovechando las contradicciones y dudas que hoy tienen los bloques opositores.
En realidad, todavía no saben muy bien qué hacer con ellas, si quitarlas o no, existen posturas extremas que llegan a sostener "retenciones cero" para atacarle la caja al oficialismo, y se han tenido que topar con los mismos productores quienes les han advertido que esa medida enfilaría inexorablemente a una sojización del campo. Cosa que por estos lados no se quiere.
Las dudas de Cobos
No se sabe muy bien qué ha quedado de la Rural en el imaginario popular.
Para algunos, la oposición habría quedado pegada a una imagen "oligárquica" al ir a exponer sobre las retenciones. Algo así como que esa foto les jugaría en contra con los sectores populares.
Pero hay otra lectura. Hoy, en la Exposición Rural se juntan unas cien mil personas de toda raza y color, lo que le confiere una categoría de espacio público importante.
El Vicepresidente, Julio Cobos, se dejó llevar por la primera imagen y no asistió "por no querer provocar al Gobierno", apuntó un cobista local. Al Vice, esto de andar a medias con las cosas le va a terminar jugando en contra. Porque se lanza desde la oposición y no renuncia, pero a la vez no quiere enfrentarse con el gobierno. No se entiende.
Los pueblos los prefieren decididos y rechazan las vacilaciones de sus dirigentes. Es que de ellos esperan las certezas que no les da la vida cotidiana. Creer en alguien es una manera de aferrarse a algo que se presume seguro y que puede dar seguridad frente a la incertidumbre de todos los días.
Las preferencias electorales de la gente tiene que ver sin duda con la esperanza que depositan en tal o cual candidato. Suponen que les puede mejorar la vida y lo votan por ello, dejando de lado a quienes suponen que no les va a cambiar nada o que es más de lo conocido.
Y ese es uno de los problemas que hoy tienen los Kirchner, pese a que han logrado remontar una situación muy adversa, nacida con el conflicto con el campo y que tuvo su pico negativo en octubre y noviembre de 2009, siempre según el estudio de Poliarquía.
Hoy, en cambio, habría una tendencia de la gente a ser más optimista -o menos pesimista-, y aunque el índice de optimismo sigue siendo negativo, la tendencia es de mejorar ese estado de ánimo. Hoy, el 35% piensa que va a estar mejor, mientras que otro tanto supone que las cosas le van a ir peor y un 33%, que va a estar igual.
La Séptima, prendida fuego
Ayer llegó Mauricio Macri y se encontró con una Séptima un tanto convulsionada.
En el espacio del Peronismo Disidente hay mucho mar de fondo y el riesgo es que algunos naufraguen.
En principio, la interna es entre dos macristas, Gladys González y Jorge Macri, quienes involucran a dos que arman para el denarvaísmo como lo son Alfredo Meckievi y Emilio Monzó.
Al ex ministro de Scioli se lo acusa de estar trabajando para el primo de Mauricio y tejiendo alianzas con los históricos que Francisco de Narváez dejó plantado en la última elección, caso Miguel Di Salvo.
De Narváez, a quien la misma encuesta de Poliarquía le da unos puntitos por debajo del Gobernador Scioli (Sergio Massa y Ricardo estarían bastante por encima, con el 42 y el 47%, respectivamente) se ha dado cuenta que no tiene que cerrarle la puerta a nadie y que debe sumar. Los está midiendo a todos continuamente, de lo cual la dirigencia local sabe que debe fortalecerse en su aldea para tener mejores posibilidades el año que viene, sea para una interna, para el consenso o para el dedazo, como parece ser que será uno de los mecanismos de decantación de los partidos.
La rivalidad entre meckievistas y monzonistas está llegando a extremos peligrosos. Al punto que alguna dirigencia que le responde al ex intendente de Dolores y senador provincial amenazó con patear el tablero y romper el espacio.
"No puede elogiarlo a José Eseverri como lo hace y plantear que van a trabajar juntos", se habrían quejado algunos de las declaraciones que hizo Emilio Monzó a EL POPULAR Medios cuando acompañó a De Narváez en su visita a Olavarría.
Se trata de un espacio conflictivo, con sordas y manifiestas disputas internas, celos y demás. Es que hay poca oferta para tanta demanda de lugares.
La pelea, pero arriba
Eduardo Duhalde hace su propio juego, sabe que tiene un techo y que por más que pretenda aparecer como lo nuevo de la política, está inevitablemente atado a lo viejo o tradicional, y encima, con algunos prejuicios arraigados en el imaginario popular que le juegan en contra.
Mauricio Macri estará un buen tiempo distraído con sus causas judiciales. Mide casi lo mismo que Néstor Kirchner, entre un 30 y 32 por ciento, pero tiene un problema: quiere ir de candidato en un espacio en donde el peronismo sea solo una parte, y eso no le gustó nada a los peronistas que arrastran desde siempre unas irrefrenables ansias de totalidad, es decir, o son el todo o no juegan, y piensan que a Mauricio no le quedará otra que pretender ser candidato del Peronismo Federal si es que quiere tener posibilidades.
Por su parte, Duhalde quiere meterla a toda costa a Graciela Camaño como compañera de fórmula de De Narváez. Confía ciegamente en ella y no quiere una reedición de Kirchner.
En tanto, el ex diputado nacional Domingo “Mingo” Vitale sigue en ese espacio mientras que su esposa, Liliana Schwindt, aspira a ser candidata a intendente por el massismo, lo que representa toda una complicación.
Es que el Intendente de Tigre comparte con José Eseverri, la agrupación "sub-45" y podría ser el candidato a gobernador del Frente para la Victoria si Kirchner se lo lleva a Scioli como su compañero de fórmula.
¿Es que Liliana le planteará una interna a José o amaga solamente para lograr otra cosa? ¿Massa es Kirchner?.
Como se decía en la columna anterior, el poder, en sus más altos niveles, presenta vasos comunicantes impensados para quienes están más abajo y suponen ingenuamente que las cosas son de una manera o de otra pero nunca ambas a la vez.
El felipismo, en tanto, llenó la ciudad con los carteles "mejor Felipe", un slogan ideado para tener efecto recién dentro de sesenta días y que así está estudiado por los entendidos.
Pero, el intendente de Bahía Blanca, enrolado en el neokirchnerismo, tuvo un arrebato de intolerancia y ordenó quitarlos a todos de la vista de la gente como para cortar de cuajo el efecto publicitario pronosticado por los expertos de la campaña.
Felipe está casi en una meseta permanente, con 28 por ciento de imagen positiva y muy baja la negativa, lo que le da relativas ventajas sobre otros de su generación
















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