Las respuestas tradicionales ya no funcionan

Hernán de Goñi

Se podrá discutir mucho sobre los avances y retrocesos del modelo instalado en 2003. Está claro que el ciclo de bonanza económica que se abrió desde entonces generó condiciones favorables para muchos sectores postergados en los ‘90. Y que gracias a la combinación de crecimiento récord y presión impositiva, el Estado tuvo los recursos necesarios como para reparar con dinero muchas asignaturas sociales históricas. Pero esa fórmula ya no le sirve ni al propio Gobierno.

La existencia de un Estado reparador instaló el reclamo público como forma de negociar problemas sectoriales. En los primeros años de la gestión K, el protagonismo lo absorbían los piqueteros, pero desde que se dejó crecer la inflación, gremios estatales e industriales no dudan en tomar de rehén a algún grupo social para presionar por sus intereses.

La Presidenta, desde la apertura de las sesiones en el Congreso, instaló un discurso contrario a estas prácticas, que se tradujo en sanciones económicas para los gremios que impulsaran la protesta a cualquier precio. Pero el conflicto docente de Santa Cruz perforó todos los límites. Sin dinero ilimitado y sin instituciones políticas que funcionen como mediadoras, las soluciones a mano hoy son cada vez más escasas.

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