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Luis Majul

Irse a la B no es la muerte, pero la manera como River acaba de descender de categoría se parece bastante a una lenta agonía con el peor de todos los finales posibles. La lamentable gestión de los presidentes José María Aguilar y Daniel Passarella, sumada a la pésima conducción técnica de Néstor Raúl Gorosito, Ángel Cappa y Juan José López -entre otros-, y el paupérrimo papel que hizo la mayoría de los jugadores profesionales que cobran fortunas para ponerse la camiseta de uno de los dos clubes más grandes del fútbol argentino son razones que explican por sí solas el peor momento de la historia del club.

La caída de River no es muy distinta, en su génesis, de la crisis política que en diciembre de 2001 hizo salir a Fernando de la Rúa en helicóptero e ingresar en una debacle que nos hizo convivir con cinco presidentes en una semana. Toda la dirigencia política la veía venir y algunos hasta la fogoneaban. La mayoría bailaba en la cubierta del Titanic mientras el barco se hundía sin remedio y la orquesta no dejaba de tocar. Es probable que, en medio de tanta corrupción en la organización del fútbol, algún dirigente poderoso haya querido perjudicar a River como una señal para hacer saber quién manda de verdad. Pero eso no servirá para justificar el pésimo funcionamiento del equipo en los últimos campeonatos.

Y si vamos a ser sinceros, deberíamos empezar por el último torneo, cuando River, con 22 puntos y a sólo seis del primer puesto, decidió empezar a jugar a "no perder" para intentar salvarse de la Promoción, porque los números no le daban. Quizás ese haya sido el peor pecado. Ir a menos con una camiseta con la que siempre se debe ir a más. Y lo mismo puede decirse de la conducción de Passarella, el ídolo futbolístico que ganó las elecciones prometiendo una auditoría para la anterior conducción y el regreso a la gloria, los títulos, las copas y el honor. Pero no hizo ni una cosa ni la otra. Y ahora nos vamos a la B con el club quebrado y sin una buena razón para empezar a suponer que nos va a ir mejor de inmediato.

Los episodios de violencia de ayer forman parte de la degradación social y política que vive la Argentina, incluida la organización del fútbol. Funcionarios del gobierno decidieron que no se jugara sin público porque interpretaron que eso potenciaría el descontento de los simpatizantes de River, que, como todo el mundo sabe, aportan un importante causal de votos para cualquier elección. Ahora, en la Casa Rosada y en la Asociación del Fútbol Argentino, están más preocupados todavía. Suponen que el descenso de River y la posibilidad de que el seleccionado argentino no gane la Copa América pueden tener un impacto electoral negativo en el oficialismo.

No sé si estoy más triste por el cambio de categoría de River o por el análisis mezquino que hacen sobre el hecho los que manejan el fútbol y el país.

"no sé si estoy más triste por el cambio de categoría de river o por el análisis mezquino que hacen sobre el hecho los que manejan el fútbol y el país"

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