Desde el día en que le ofrecieron el cargo era consciente de que no tenía muchos competidores, y eso era casi lógico, porque cuántos profesionales querrían estar al frente de un organismo cuyo nombre incluye una especie de mala palabra en Mendoza. Fue justamente esedesafío el que llevó a Adriana Blesa (36) a aceptar el puesto de directora de Minería; eso y su convencimiento de que la actividad se puede desarrollar en forma limpia y sustentable, sin exponer a la población a riesgos de contaminación.
Defiende a la industria por ser la que extrae las materias primas en las que se basa la civilización actual y que permite tener el nivel de confort del que gozamos. Para ejemplificarlo, señala algunos objetos que hay sobre su escritorio: la lámpara, el termo, el grabador.
Para la especialista, la ley Nº7.722 -conocida como Antiminera y que fue sancionada en junio del 2007, durante el gobierno de Julio Cobos- respondió a necesidades políticas, y recalcó que no fue analizada ni debatida todo lo necesario.
Acepta que las empresas le pagan poco a los estados por extraer recursos naturales -tres por ciento de las regalías, según estipula la ley nacional- y asegura que no sería alocado que el porcentaje fuera similar al de la actividad petrolera, es decir, doce por ciento.
¿Qué la impulsó a aceptar ser titular de un organismo que promueve una actividad tan cuestionada?
Considero que es un desafío importante, soy consciente de que no es un puesto de los más codiciados, pero así y todo creo que hay mucho por hacer por la minería en Mendoza, y eso fue lo que más me decidió a aceptarlo. Lo tomo como un gran desafío, difícil pero posible. Lo que queremos es trabajar para lograr que se desarrolle la minería en Mendoza cumpliendo la legislación vigente.
¿Qué piensa de la ley Nº7.722, también conocida como Antiminera?
Está vigente, hay que cumplirla y se la hace cumplir en todo sentido. Hoy por hoy, en la provincia no hay posibilidad de que se desarrollen proyectos metalíferos que quisieran utilizar las sustancias que prohíbe esa ley. Es una ley que, a mi criterio, no ha sido analizada o debatida con la profundidad que merecía, podría haberse trabajado un poco más, podría haberse refinado un poco más. Respondió, tal vez, a una necesidad política en un momento determinado. Esa también creo que es la percepción de mucha gente. Es una ley que tal vez no tenga toda la lógica que necesitaba.
¿Tiene sustento desde el punto de vista científico?
El análisis que se puede hacer es bastante amplio. Primero está el tema de por qué prohibir una sustancia para una actividad en particular, creo que si una sustancia es considerada peligrosa para la sociedad y para el medio ambiente, esa sustancia debería ser prohibida para cualquier actividad. Ese es uno de los grandes cuestionamientos que tiene esta ley. De hecho, hace dos semanas tuvimos el problema de contaminación del agua con mercurio, entonces, es una paradoja que si bien el mercurio hoy en minería no se utiliza mucho -que es otra de las falencias técnicas que tiene la ley-, por qué no se prohíbe para todo. Por qué pongo el ejemplo del mercurio, porque hemos tenido un caso de contaminación de agua con mercurio en el núcleo de un centro urbano, y por ahí la minería, que se desarrolla en áreas más alejadas, con probabilidades de afectación muchísimo más bajas, no tiene la posibilidad de usar esa misma sustancia que estaba circulando por los canales de la ciudad.
Usted y otros colegas suyos escribieron artículos planteando que esas mismas sustancias se utilizan en otras actividades, por ejemplo, la agricultura.
Eso es lo que te decía. La ley ha tenido una connotación política, en su momento, respondiendo tal vez a una necesidad política, y no fue debatida y analizada como debería. Todos sabemos que las industrias, el asentamiento de una ciudad sobre un punto determinado, provoca un impacto en el medio ambiente, y que lo que nosotros tenemos que hacer -sea para la minería como para cualquier otra actividad- es tratar de predecir cuáles van a ser esos impactos y planificar de antemano todas las medidas necesarias para evitarlos o mitigarlos en la mayor medida posible. Ese tiene que ser el espíritu del trabajo de cualquier industria. Hay un montón de actividades que desarrolla el hombre, como la agricultura, que tradicionalmente se sabe que utilizan sustancias que son tóxicas y que no han sido en tiempos anteriores controladas de la manera adecuada.
¿Por qué, entonces, la minería es considerada peligrosa?
La gran diferencia que tienen otras actividades y la minería es que en Mendoza no tenemos una tradición minera, entonces, por ahí le cuesta a la gente aceptar el desarrollo o la instalación de una actividad a gran escala, y bueno, si de repente hay algunos grupos que por la causa que sea tienen interés en difamar a la minería o se oponen a la minería y salen a comunicar a los medios en forma masiva sobre los peligros que implica, es lógico que gran cantidad de la población que no conoce de qué se trata automáticamente se oponga, porque le han dicho que eso le va a hacer mal, que le va a traer problemas ambientales o que sus hijos no van a poder tomar más agua. En cierto modo, lo que nosotros queremos hacer desde la Dirección de Minería es empezar a impulsar la difusión, para explicarle a la gente qué es la minería, en qué se basa, de qué se trata, qué sustancias usa y cómo las usa, porque no solamente es importante saber qué se usa, sino también cómo se usa, con qué tratamientos, qué protocolos de manejo tienen las sustancias peligrosas que se utilizan en la minería.
¿Es posible cambiar eso, cuando en los últimos años el lema de muchas comunidades que están en contra de los proyectos es vida o minería?
Es algo que va a ser difícil de cambiar. Es real que va a ser difícil de cambiar, pero creo que se puede.
¿Cómo piensan lograrlo?
Educando, con difusión, capacitando a los maestros y profesores para que enseñen a los chicos qué es la minería del siglo XXI, que no tiene absolutamente nada que ver la minería artesanal que se ha venido haciendo durante muchos años y que en cierto modo es contaminante y deja pasivos. La minería moderna es algo totalmente distinto, que se puede hacer con los controles adecuados y de forma sustentable y limpia. No tenemos que exponernos a un riesgo de contaminación por hacer minería, se puede hacer de manera controlada. Lo importante es lograr que los organismos de control ejerzan su rol de forma correcta, permanente, para garantizarle a la sociedad que esa actividad no la va a perjudicar.
¿En la visión negativa ha colaborado la actuación de los organismos de control, porque ha habido casos de empresas extranjeras que en sus países cumplían con los protocolos establecidos y en Latinoamérica hicieron desastres ambientales porque nadie los multaba?
Ese es uno de los grandes temas que se plantean, y, como funcionarios, uno de los principales objetivos que tenemos que lograr es que la gente vuelva a creen en los controles, y para esto creemos que hay que sumar a la gente que hoy descree de los controles que se le hacen a emprendimientos mineros. Tienen que participar activamente, sumarse, aprender, capacitarse, saber cómo se hacen los monitoreos y participar activamente desde adentro, para tener ellos mismos la garantía y transmitirles a los grupos que representan cómo se hacen las cosas y cómo se ejecutan los controles. Ese es uno de los pasos que habría que ir logrando, que la sociedad participe de manera activa y vea cómo se efectúan los controles.
¿Es posible un acercamiento cuando hay posiciones tan antagónicas entre lo que planea el Gobierno y lo que dicen los grupos ambientalistas?
Creo que es posible a través del diálogo. Es verdad que algunos grupos tienen posiciones tal vez demasiado fundamentalistas y es difícil lograr que escuchen, pero creo que siempre la verdad de la razón y de la evidencia científica tienen que primar por sobre cualquier otra cosa. Puede haber miedo, puede haber temores, incluso mitos, todo eso se puede cambiar a través de la educación y de la difusión de lo que es realmente la actividad minera.
¿Cómo sería ese plan de difusión, por dónde empezarán?
Eso se está gestando, hay proyectos de gestiones anteriores, ahora la idea es revisarlos y empezar a impulsarlos, pero antes de salir a promocionar en el sentido de llamar inversiones, la promoción implica enseñarle a la sociedad de qué se trata la minería, y cuando la sociedad esté más preparada para recibir y para entender qué es y para saber que no le va a hacer un daño, recién ahí la idea es empezar a avanzar con proyectos mineros o con reformas de leyes.
¿Ese acercamiento va a ser a través de la escuela, de los medios de comunicación?
La idea es tratar de llegar a las escuelas por sobre todas las cosas. Hoy en las escuelas, en el Día del Medio Ambiente, se les está enseñando a los niños de jardín y primaria que la minería le hace mal al planeta, eso es una realidad que tenemos que cambiar. La minería es la materia prima en la cual se basa nuestra civilización. No podríamos tener computadoras, teléfonos, vehículos y todas las cosas, incluso las casas en las que vivimos, el confort que tenemos hoy se basa, fundamentalmente, en la materia prima que se obtiene de la minería, y esa es una realidad que tenemos que enseñarles a los chicos. Queremos sí que se haga -cuando se pueda desarrollar la minería- de forma sustentable, con controles, pero tenemos que entender que la minería es el pilar de esta civilización como la conocemos, y ese es uno de los primeros mensajes. No queremos minería sin controles, indiscriminada.
¿La intención es incluirlo como parte de la currícula?
Ponerlo como parte de la currícula sería tal vez algo demasiado ambicioso, no he tenido tiempo para ver en detalle cómo podría funcionar, pero sí comenzar con campañas de difusión, ese sería un primer paso, y a través de las mismas lograr que la gente se interese y que venga a solicitar capacitaciones, para poder luego transmitir en las escuelas, aunque no sea a través de una currícula, pero por lo menos poder ir transmitiendo qué es lo que dice la Dirección de Minería, que en la provincia es el organismo de gobierno que más sabe sobre la actividad. Hay otra cosa que es importante: tenemos que tratar de transmitirle a la gente que si quien nos está enseñando minería, la persona más representativa que habla hoy de la minería, es un director de cine, difícilmente esa persona pueda trasmitirnos conocimientos científico-técnicos valederos. Esa es la realidad que queremos cambiar. Queremos que la gente cuestione las verdades que escucha y se interese por conocer la verdad científica que hay detrás de la minería, y ese es un trabajo arduo que hay que empezarlo e impulsar desde la dirección.
Hay geólogos mendocinos que dicen que las facultades son las que deberían explicar a la sociedad que los profesionales que forman están capacitados para hacer una minería responsable. ¿Cuál es su opinión?
Creo que en este debate tendrían que salir a hablar muchos otros actores, no solamente los especialistas, por ejemplo, las empresas mineras han estado siempre calladas ante esta situación, en la etapa en que se votaba la ley Nº7.722, que la verdad es que ha restringido mucho la posibilidad de hacer minería en la provincia, no hubo voces pro mineras, pero desde ninguno de los actores que pueden llegar a tener una visión pro minera, por lo menos no las hubo en forma masiva.
¿Es por miedo a que la gente los señale?
Creo -y en esto hago un mea culpa- que es una cuestión que va un poquito más allá, es una cuestión incluso hasta de soberbia si querés. Cuál es la visión que hemos tenido y que comparto con varios de mis colegas: sabemos que la minería se puede hacer bien, de manera sustentable, con una afectación al ambiente mínima, pero tal vez, como estamos tan convencidos y tan cómodos y sabemos que lo que se está diciendo no es así, hasta tomamos una postura cómoda de no salir a pelear y a contrarrestar las cosas que se dicen, y como dice el dicho, el que calla otorga. Nunca se salió en forma masiva, articulada, a contrarrestar las opiniones que se estaban vertiendo en los medios, y bueno, hoy llegamos a una situación en la cual predomina una visión negativa sobre la minería. Ese es uno de los grandes desafíos que he tomado yo al hacerme cargo de la dirección, justamente, el de tratar de revertir esa visión que la sociedad tiene de la minería
Muchos recursos, pocas regalías. La especialista dijo que existen una serie de factores que hacen que la minería no sea bien vista, y aclaró que el tema ambiental es el que tiene más peso, pero que existen otros, como las bajas regalías que pagan los emprendimientos.
¿La minería tiene ganancias extraordinarias?
Sí, las ganancias son grandes, pero también las inversiones son enormes, y para que un proyecto llegue a la etapa de explotación -como sería el caso de Potasio Río Colorado-, se han invertido muchos millones de dólares en exploración, cuando no pueden predecir de antemano si algún día van a poder explotar ese mineral, entonces, el capital que se invierte es de altísimo riesgo. Eso va de la mano con que las explotaciones de gran escala las hagan empresas internacionales, por una cuestión de los montos de capital que invierten para llegar hasta ese punto.
Otra de las crítica a la actividad es que pagan muy poco al Estado por extraer los recursos. ¿Qué estipula la ley?
Hay una ley nacional que pone regalías y tienen un tope máximo de tres por ciento. Hay un nuevo proyecto que contempla la posibilidad de tener regalías móviles, es decir, que exista una variación en los porcentajes a cobrarles a las empresas, en función de las variaciones del valor de comercialización del producto.
¿Está de acuerdo con que sean móviles?
No he tenido oportunidad de leer el proyecto en detalle, habría que estudiarlo. De lo que sí estoy convencida es que tres por ciento de regalías es un valor muy bajo y deberíamos tratar de que se suba de algún modo o de que le quede un mayor beneficio a las comunidades locales, que son, en definitiva, las dueñas del recurso.
¿Hay algún análisis de a cuánto deberían llegar las regalías?
No, todavía no he estado presente en debates de ese tipo, creo que para el petróleo es doce por ciento de regalías, y, bueno, supongo que no es descabellado pensar que puedan acercarse a las regalías que tiene hoy el petróleo.
¿Pero para eso sería necesario cambiar la ley?
Con la ley vigente a nivel nacional, hoy en Mendoza no podríamos estar cobrando regalías por encima del tres por ciento. Pero, por ejemplo, en el proyecto Potasio Río Colorado, se firmó un acta acuerdo con la empresa por la cual vamos a tener uno por ciento de la facturación bruta anual de la empresa, que a la provincia le va a significar, en la etapa de producción, unos 40 millones de dólares anuales, que eso sería alrededor de dos por ciento de regalías. Entonces, si vos lo sumás al tres por ciento que está contemplado en la ley, ya estaríamos hablando de cinco por ciento.
¿La idea es firmar esos acuerdos con todas las mineras?
Supongo que sí, yo no he tenido participación directa, pero sí, es una manera de lograr un poco más de responsabilidad social de la empresa en el sentido de decir: bueno, ustedes vienen acá, se instalan, hacen su negocio con un recurso que le pertenece a nuestro territorio, entonces, a cambio nosotros queremos recibir alguna clase de resarcimiento que nos permita realizar obras que queden tangibles para la sociedad y que mejoren nuestra calidad de vida y ayuden al desarrollo de la región.

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