Aunque el príncipe tuvo una adolescencia difícil y era visto como un bon vivant, en los últimos años se transformó en un dirigente experimentado
Por Luisa Corradini |
AMSTERDAM.- Desde el 30 de marzo de 1814, cuando Guillermo I fue investido (y no coronado) rey de Holanda, la tradición establece que todos los monarcas de la Casa de Orange deben prestar juramento en la Nueva Iglesia de Amsterdam. Como lo hicieron Guillermo II en 1840, Guillermo III en 1849, Guillermina en 1898, Juliana en 1948 y Beatriz en 1980, el futuro soberano, Guillermo Alejandro, no será la excepción.
La ceremonia se llevará a cabo en la nave central de esa imponente iglesia inaugurada en 1408 en honor de la virgen y transformada en 1578 en templo protestante. Pero el próximo 30 de abril, cuando, tras la abdicación de su madre, Willem-Alexander Claus George Ferdinand, actual príncipe de Orange-Nassau, asuma el cargo de monarca junto a su esposa Máxima, no habrá coronas ni será ungido "soberano del pueblo holandés".
Mucho más moderna que la realeza británica, la monarquía constitucional holandesa interpreta la función real como una profesión, más que un don divino. Por eso, los soberanos de la casa real de Holanda, fundada después de la Revolución Francesa, son investidos por las dos cámaras del Parlamento, ante quienes prometen "servir y defender la constitución de la nación".
Para los especialistas, aunque sin crear fracturas con el estilo de su madre, el futuro rey debería dar a su acción un carácter tal vez más progresista.
Como su madre, Guillermo Alejandro tendrá una simple función ceremonial, sin ningún papel político: la última de esas prerrogativas (poder intervenir en la formación de un gobierno de coalición), fue derogada por el Parlamento en marzo de 2012 por 91 votos sobre 150.
Pero el hecho de no gobernar "no es razón para que la preparación previa haya sido menos exigente", advierte la profesora de historia social Maria Grever.
Como sucede con todos los príncipes herederos, esa preparación comenzó desde el día mismo de su nacimiento. Guillermo Alejandro tuvo una escolaridad normal y una adolescencia difícil. Tanto, que los holandeses lo consideraban un irremediable diletante, sobre todo después de que llegó a insinuar que dejaría con gusto el trono a uno de sus dos hermanos.
En la Universidad de Leide, donde cursó estudios de Historia, se lo conocía como "príncipe jet-set" o el "príncipe Pils" -en referencia a una marca de cerveza- por los litros de esa bebida que era capaz de consumir en las noches de fiesta.
El cambio comenzó a operarse una vez que obtuvo su diploma, en 1993. Tras los pasos de su padre, el príncipe Claus, dedicó especial atención a la gestión del agua y en 2006 fue nombrado presidente del Consejo Consultivo del Agua del Secretario General de las Naciones Unidas.
Para la opinión pública holandesa, Guillermo Alejandro ha evolucionado: "En diez años, pasó de ser un niño mimado a un dirigente experimentado", reconoce el consejero en finanzas Pieter Rudgers. La boda con Máxima y el nacimiento de sus tres hijas tuvieron un peso esencial en ese proceso. También lo tuvo, al parecer, el grave accidente sufrido en 2012 por su segundo hermano, Johan Friso, que desde entonces permanece sumergido en un coma profundo.
Al día siguiente del anuncio de abdicación de su madre, Guillermo Alejandro, que cumplirá 46 años el 27 de abril, notificó su intención de renunciar a sus diferentes funciones oficiales. Además de la ONU, el príncipe dejará el Comité Olímpico Internacional (COI), renuncia que será efectiva en la próxima reunión de ese organismo, prevista para septiembre, en Buenos Aires.
"En el año siguiente a la investidura, el nuevo monarca y su esposa, Máxima, visitarán todos los rincones del reino", afirmaron los servicios de prensa de la casa real. Esa gira es considerada desde ya como su verdadera prueba de fuego.
Repunte de popularidad
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GUILLERMO ALEJANDRO
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