Los habitantes de la capital chaqueña viven alejados del cumplimiento de toda norma y parte de esta situación deviene de la falta de controles, pero también se suma la poca conciencia ciudadana, por lo que el desorden y caos se convierte en moneda corriente en una ciudad en constante crecimiento.
A pesar del aumento de las multas, el municipio capitalino no consigue poner orden y el único logro de estos últimos años fue la reducción “forzosa” de la velocidad de los conductores a partir de haber llenado de lomos de burro las distintas cuadras céntricas, lo que en algunas ocasiones no es más que sobreabundancia, porque en algunas no solamente quedaron estos reductores, sino también hay semaforización, por lo que en estos casos a los irrespetuosos de las normas el frenado es casi inevitable.
Pero la lista de infracciones es extensa que van desde veredas en mal estado, mal estacionamiento, venta de comida en la vía pública, construcciones ilegales, basurales, animales sueltos, negocios ocupando las veredas, entre muchas otras.
Cada rincón de la ciudad tiene sus transgresiones a la vista, es común ver caballos deambulando por los barrios, revolviendo la basura y poniendo en peligro a conductores de vehículos. El estacionamiento que tanto pretendió regular la comuna capitalina, solamente se respete siempre y cuando haya inspectores, porque a algunas cuadras del microcentro, esto se convierte en tierra de nadie y no solo las motos las estacionan en las veredas sino que además hay quienes circulan por ellas.
La venta de alimentos se convirtió en un nuevo boom y en pleno crecimiento. Lo que en principio fueron algunas personas con cajones de frutas y verduras o las clásicas torta parrilla, de a poco fue derivando en otras actividades gastronómicas como asado, choripan, pollo en distintas plazoletas de la ciudad. Ya no es muy difícil de observar la proliferación de estos negocios informales y las afueras del hospital Perrando es una clara señal de las irregularidades y la falta de control de las autoridades.
En materia de tránsito, la falta de respeto a las normas viales son una obviedad y hasta el municipio llevada adelante la confección de una estadística la que es simplemente una guía porque no existe tanto personal para poder controlar las distintas zonas de Resistencia. El municipio atribuye el crecimiento de las infracciones al poco apego a las normas que muestran los conductores de todo tipo de vehículos cuando circulan por la ciudad. Más allá de haberse elevado las actas de infracción, no existe conciencia en la sociedad.
Las infracciones más comunes están encabezadas por los motociclistas que no usan casco, la falta de licencia habilitante o la carencia de toda la documentación. El no respetar los semáforos y la conducción con índices de alcohol por encima de lo permitido, también forman parte del amplio listado de infracciones.
Si bien en muchos casos la propia gente es la responsable, hay casos en los que las propias infracciones nacen de quienes tendrían que hacerlas respetar. Como por ejemplo el municipio no tiene las veredas de las plazas en buen estado, o el caso de la jefatura de policía donde las motos las estacionan en la vereda cortando la circulación peatonal, haciendo que la gente deba bajar a la calle para esquivar el tumulto. Esto es muestra que se vive en una sociedad sin reglas.
Comentá la nota