Fueron convocados los 33. Ayer, se reencontraron en el mismo hospital en el que habían pasado la primera noche fuera de la mina. Cuáles son los sueños y temores compartidos.
Desde entonces, mucho pasó en la vida de estos 33 ignotos trabajadores devenidos en “héroes bicentenarios”: viajes al otro lado del mundo, cenas, homenajes, obsequios de todo tipo y su imagen y voces a cada instante en cada canal y en cada radio. Mucho para conversar en su primer sesión de terapia grupal colectiva.
La vida no fue fácil para los 33 que escaparon de su tumba de Atacama sólo para ingresar en las fauces de la efímera fama mediática. “Durante este mes cambiaron mucho su modo de ser, la mayoría de ellos. Mi hermano, por ejemplo, era un hombre tranquilo y ahora anda muy acelerado. No se tomaron el tiempo que les recomendaron. Yo le digo y le repito que se calme. No quiero que esto termine perjudicándolo a largo plazo”, le comentó a PERFIL Alberto Segovia, uno de los hermanos de Darío, el minero Nº 20 en salir del yacimiento.
La ansiedad fue uno de los trastornos que más preocupó al equipo de psicólogos que siguieron el caso de los mineros desde el primer momento y uno de los temas que más se discutió ayer en la sesión grupal, según pudo reconstruir PERFIL.
Una vez más, el consejo volvió a ser el mismo: reducir la exposición mediática, abroquelarse en la privacidad de sus hogares bajo la contención de un ambiente familiar y conocido y, sobre todo, mantener el contacto entre ellos cada vez que lo sientan necesario, aunque sea telefónico, para preservar los lazos que los ataron a la vida.
“Aún subsisten en algunos de los mineros rastros de estrés postraumático que se manifiesta con trastornos del sueño, insomnio y angustia. Otros lo canalizan a través de flashbacks y pesadillas donde reviven las peores horas. Y hay quienes aún tienen trabajo para hablar del tema”, aseguró María Cristina Menafra, la médica uruguaya que coordina el equipo multidisciplinario de sanitarios a cargo de los 33.
Durante el último mes, los mineros fueron divididos en grupos de cinco para discutir sus temores con los psicólogos. Alguno de ellos, incluso, están bajo prescripción médica. Y entre los 33 ayer volvieron a hablar del pasado en una jornada que se extendió desde las 9.30 hasta media tarde.
Pero también el futuro preocupa a los médicos, como les notificaron a sus pacientes. Particularmente, la nueva agenda social de los mineros que viene tan ajetreada como durante el primer mes. El 16 de diciembre, la CNN los llevará a los 33, o por lo menos a 30 de ellos, porque así lo exigió el canal de Atlanta para financiar el viaje a su base en Estados Unidos. Y de allí cruzarán el Atlántico rumbo a Inglaterra y luego a Israel para las fiestas de fin de año.
En sus cuatro semanas en la superficie, el ritmo vertiginoso les jugó malas pasadas. Y algunos de ellos cayeron en altibajos emocionales que obligaron a los médicos a actuar con mayor énfasis en sus casos, como el maratonista Edison Peña, que esta semana desfiló por el show de David Letterman y tocó la campana de Wall Street en Nueva York, y el más histriónico de todos, Mario Sepúlveda, que emergió en la cápsula Fénix obsequiando rocas para terminar bailando en la televisión pública.
“Se hizo una caricatura de nuestros compañeros y no he escuchado a nadie, ni al presidente Sebastián Piñera ni a sus ministros, decir qué va a pasar con ellos en el futuro, ni que les vayan a pagar una contribución de por vida para que no pasen penurias”, le dijo a este diario Javier Castillo, presidente regional de la Central Unica de Trabajadores (CUT) y delegado en la mina San José, hoy cerrada.
Por los próximos cinco meses, los 33 continuarán recibiendo una licencia médica equivalente a sus salarios (un total de 750 dólares), beneficio que no tiene el resto de los desocupados del yacimiento de Atacama.
“¿Quieren volver a la mina?”, les preguntaron a los 33. Las respuestas fueron variadas en la terapia grupal de ayer, según pudo consignar PERFIL. Hay quienes lo llevan en la sangre y no lo pensarían dos veces. Y están los que sueñan con alguna oportunidad laboral lejos de las profundidades. Pero están también quienes le tomaron el gusto a las cámaras de televisión.
A ellos, la fama puede volvérseles una peligrosa adicción.

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