Repugnancia

Corría enero, el facultativo de primer nivel se me acerca en la calle y me lanza: “¿sabés que en el HIGA (Hospital Interzonal General de Agudos) no funcionan los aparatos de aire acondicionado porque no cambian una pieza cuyo valor es de dieciséis mil pesos?”.
Obvio es que no lo sabía. Comencé a citarlo a diario, aunque no sé si ya lo resolvieron, o se sigue como entonces. Sí sé que en el hospital hay cucarachas, abejas y murciélagos.

La directora del HIGA es Susana Gómez. Peronista, pero como todos en estos años, ha sido lo que haga falta: duhaldista, felipista (por Felipe Solá), sciolista. Pero nunca fuera del presupuesto. De los males que aquejan al HIGA, algo siempre ha tenido que ver desde la década del 90. Lejos de ser capaz de una buena administración, es una médica con gran capacidad de rosca política, eso creo que no se le discute.

Suya es, como dice el padre del joven violado en Psiquiatría del HIGA, toda la responsabilidad por el episodio. Gómez se ataja diciendo que están haciendo “un pre sumario”. ¿Pre sumario? ¿Qué es, una nueva modalidad administrativa? Pre sumario es una expresión desesperada que sólo puede ser manifestada cuando lo que se intenta es no ir por la verdad. Y no ir por la verdad es la consecuencia de una desadministración feroz, en la cual ya parece obvio que los motivos de la misma son hacer caja, sumar curros, armar algún tipo de situación que para nada se parece a la mínima transparencia necesaria.

El papá del joven violado, Miguel Iturralde, hizo declaraciones esta semana. Señaló: “La directora del HIGA es la responsable, tiene que abrir un sumario administrativo. Pero nadie hizo nada, se enroscaron en no hablarnos”. Es decir: derechos humanos, nada; lo que cuenta es ver cómo se tapa todo.

El fiscal Pablo Cubas anda un poco despistado. Aduce no querer hablar de una causa en proceso, que puede ser que haya ocurrido lo que ocurrió, pero que no lo tiene claro. Y agrega: “quiero proteger a la familia del escarnio público”. Pregunto: ¿de cuál? Porque esa familia ya está destrozada. Es gente de trabajo arruinada por la impudicia estatal. Para cuando Cubas andaba preocupado por protegerlos, ellos ya se habían notificado de que nadie los protege y habían salido a los medios a gritar su verdad.

Las declaraciones de Susana Gómez, erráticas, imprecisas, ambiguas de ex profeso, no ayudan a establecer lo que ocurrió. Ahora bien: si es que se está tratando de averiguar quiénes estuvieron en los turnos, ¿es que no hay control de personal? ¿No hay registro? ¿Nadie sabe quién, y en qué momento trabajan los que trabajan? Era en horario nocturno, se paga doble… ¿y no saben quién estaba a cargo, quiénes repartían drogas, por qué lo habían atado a la cama, qué diagnóstico tenía? Difícil de creer.

Es admirable la valentía de la familia, que se alza contra todo prurito idiota y va por la verdad. Un coraje de notar, en una sociedad que tiene demasiada mafia, demasiado acomodo, demasiado colgado del presupuesto público. Ganapanes que no sólo no hacen nada por merecer su salario, sino que dejan al prójimo librado a su peor suerte. En verdad, estas personas -de algún modo hay que llamarlas- dan repugnancia.

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