Las autoridades egipcias decretaron ayer por la noche un toque de queda en el centro de El Cairo, después de unos enfrentamientos entre manifestantes cristianos coptos y fuerzas del orden, en los que hubo 23 muertos y 174 heridos , según el último balance del Ministerio de Sanidad.
Los choques se iniciaron al llegar miles de coptos, que pedían el fin de la violencia confesional contra su comunidad y la renuncia del gobernador de Asúan en el Alto Egipto, Mostafa al Sayed, donde la semana pasada fue demolida una iglesia. Mientras tanto, el premier Essan Sharaf instó a no ceder a los “llamados a la sedición” .
La policía antidisturbios trató de contener a los cientos de manifestantes que coreaban lemas como “¡Este es nuestro país!”. A pesar de que la sede de la cadena televisiva fue blindada para impedir que se acercaran los manifestantes, estos empezaron atacando con piedras, por lo que las fuerzas de seguridad usaron primero sus escudos, pero al final dispararon gas lacrimógeno para dispersarlos.
La minoría copta en Egipto representa un 10% de los 80 millones de habitantes . En el caótico período de transición y el vacío producido tras el levantamiento de este año, los cristianos están cada vez más preocupados por la manifestación de poder de los islamistas ultraconservadores.
En las últimas semanas han estallado disturbios en dos iglesias en el sur de Egipto, provocados por turbas de musulmanes enfurecidos por la construcción de los templos. Un incidente se produjo cerca de la ciudad de Asuán, incluso después de que los dignatarios de la iglesia aceptaron una demanda de los musulmanes ultraconservadores locales, los salafistas, de remover una cruz y las campanas del edificio.
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