Repercusiones en la política y en el PJ: Cristina no es Isabelita

Repercusiones en la política y en el PJ: Cristina no es Isabelita
El impacto de la muerte se sentirá en la interna del PJ. Paz institucional.
La muerte de Néstor Kirchner provocó un cimbronazo político cuyas consecuencias apenas comenzaron a manifestarse. En el plano institucional, más allá de algunas irresponsables afirmaciones de dirigentes opositores que hablaron de “adelantamiento de elecciones”, la tranquilidad del proceso democrático parece asegurada.

Argentina no es aquella de 1974, cuando la muerte del presidente Juan Perón dejó a cargo de la Nación a “una inepta y un criminal”, como escribió ayer el filosofo José Pablo Feinmann, en referencia a Isabel Martínez de Perón y José López Rega.

Cristina Fernández no es Isabelita.

Es una Presidenta que ha demostrado ejercer el mando con una poderosa femineidad y que durante su mandato ha tomado decisiones aún más drásticas que su marido en la suya. Viendo sus tres años de gobierno, no habría que esperar fuertes avatares institucionales en los catorce meses de gestión que le quedan, aún cuando Cristina no tiene en Julio Cobos un vicepresidente leal en quien descansar.

El temblor, en cambio, hay que esperarlo del lado de la política: murió la cabeza del kirchnerismo y el armador político-electoral del espacio, el hombre que hablaba con los lindos, los feos, los limpios y los sucios que integraban el “proyecto nacional”. A un año para las elecciones presidenciales y a diez meses de las internas donde los partidos elegirán a sus candidatos para 2011.

Néstor Kirchner era candidato del Partido Justicialista, y su muerte repentina dejó un vacío político que buscará llenarse. Este proceso seguramente comenzará ni bien se acallen las expresiones públicas de estupor, conmoción y solidaridad que son típicas (sin que ello implique hipocresía) de estas ocasiones, y que se escucharon desde temprano de todo el arco político, oficialista y opositor.

La interna del PJ, sin dudas la principal caja de resonancia donde impactará la muerte, puede cambiar dramáticamente. Un tema central será si Cristina se subirá a la candidatura presidencial del kirchnerismo y si logrará legitimarla en internas con el resto de los postulantes. O si los disidentes mantendrán su posición de no participar de las primarias, temerosos de enfrentar el poderoso aparato K en la provincia de Buenos Aires, tierra de Daniel Scioli, hasta ahora un hombre K. Con su viudez, Cristina enfrenta la doble vía de encabezar el “proyecto” o convertirse en pato rengo hasta el fin de su periódo.

Y claro, aparece el factor Scioli.

El gobernador de Buenos Aires fue el último gran dolor de cabeza de Néstor Kirchner, por sus crecientes muestras de desplazamiento desde el oficialismo hacia un territorio más cercano al peronismo federal. Hasta ayer, lo de Daniel Scioli no pasaba de gestos o de límites que iba imponiéndole al kirchnerismo, mientras recibía gustoso los coqueteos de algunos referentes del PJ Federal, que lo quieren con ellos porque ninguno de sus candidatos “naturales” mide frente a Néstor Kirchner.

Muerto su principal referente, y sin ningún vínculo fuerte ni político ni afectivo con la presidenta Cristina de Kirchner, Scioli podría jugar a fondo para convertirse en candidato por consenso del partido gobernante. Además, el bonaerense cuenta con un arma que puede ser estrategica a futuro: la conducción del PJ, del cual era vicepresidente detrás de Néstor Kirchner.

No es un dato menor que el gobernador debutara ayer tempranamente en su nuevo cargo, al firmar un comunicado donde el partido expresó el “profundo dolor por la muerte de su presidente y conductor, el compañero Néstor Kirchner». Rápidamente, el apoderado de la fuerza, Jorge Landau, puso un límite: «La conducción real del partido quedará ahora en manos de Cristina Kirchner», dijo en declaraciones radiales.

Hugo Moyano es otro actor que acusará la muerte del conductor del oficialismo. El camionero ya movió sus fichas y posiblemente las seguirá moviendo, porque uno de sus mayores deseos es convertirse en candidato presidencial. Sin embargo, y tal vez previendo futuras ondulaciones políticas, le mandó un mensaje a la mandataria y al resto del peronismo. Juntó en la CGT a toda la cúpula sindical y dijo: «Vamos a apoyar con toda nuestra fuerza a la Presidenta. Lo hemos decidido. Pondremos toda nuestra fuerza para que siga profundizando el modelo». Y en una frase directa a El Calafate agregó. «Tiene que tener la absoluta confianza de que hay millones de trabajadores que la van a apoyar y van a estar al lado de ella para acompañarla».

Fuera del peronismo, para la oposición la desaparición de Néstor Kirchner implica un reacomodamiento de cargas. El ex presidente era un “buen” adversario político y muchos dirigentes crecieron criticándolo, dado los altos niveles de rechazo que tuvo su estilo confrontador, sobre todo durante 2008 y 2009. Todos los precandidatos, desde Ricardo Alfonsín a Julio Cobos, desde Mauricio Macri a Fernando Solanas, imaginaban un escenario de enfrentamiento con el ex presidente y un peronismo dividido en dos. En pocas horas, eso se convirtió en una postal del pasado. La postal del presente es el duelo y la cautela. La del futuro, es una incógnita a develar con el paso de los días.

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