Una repentina alteración en el ritmo de la política

Por: Joaquín Morales Solá.

Néstor Kirchner no competirá con dos o tres candidatos peronistas el año próximo. Una eventual fractura múltiple de sus adversarios justicialistas era la gran apuesta del ex presidente. Sin embargo, en el vértigo de muy pocos días sus contrincantes aclararon demasiadas cosas.

Digan lo que digan unos y otros, Mauricio Macri estará con el peronismo disidente; Francisco de Narváez pugnará por gobernar la provincia de Buenos Aires y no por la presidencia de la Nación; Mario Das Neves y los Rodríguez Saá no provocarán deserciones de votantes peronistas con fórmulas propias, y Carlos Reutemann no será candidato a presidente. A pesar de tales certezas, los garabatos finales de esa historia son aún tierra desconocida.

La otra mala novedad importante que recibió Kirchner fue la posibilidad de que el no peronismo, reunido en el Acuerdo Cívico y Social, pueda exhibir una sola fórmula presidencial si siguiera en ascenso la figura de Ricardo Alfonsín. ¿Con cuánto tiempo más cuenta Julio Cobos para continuar vacilando entre el cargo de vicepresidente y la condición de probable candidato opositor? Hasta es posible que Cobos termine su mandato junto con Cristina Kirchner, porque ya deslizó que él no disputará la candidatura con Alfonsín si éste demostrara que está en mejores condiciones que él para reunir a una importante alianza electoral.

Kirchner redactó la nueva ley electoral con la obsesión de conservar el poder hasta el último minuto. Esa reforma, que está vigente, establece que las elecciones internas, abiertas y obligatorias, se harán sólo en agosto de 2011, apenas dos meses antes de los comicios presidenciales. No hay muchas experiencias en el mundo de una indefinición tan larga sobre candidaturas presidenciales. Con interna o sin internas, lo cierto es que la política comenzó a hablar del relevo de los Kirchner y eso es, precisamente, lo que el matrimonio gobernante no quería.

El peronismo disidente lo amenaza con abandonar el Partido Justicialista. Kirchner no quiere eso, y ha dado algunas muestras recientes de que está dispuesto a hacer concesiones importantes en el proceso electoral interno. Esa flexibilidad tiene una explicación: la candidatura del ex presidente perdería legitimidad si no compitiera con los mejores de su partido. En rigor, el peronismo disidente le quiere arrancar una reforma a la ley electoral para que, entre otras cosas, las elecciones internas puedan hacerse en los primeros meses del año próximo. Sí. Estamos jugando con el kirchnerismo una partida de truco , aceptó uno de los principales referentes del peronismo opositor.

La reunión del miércoles de la cúpula disidente puso en evidencia que existían conversaciones secretas entre esos dirigentes. El triunfo de Alfonsín, libre de ataduras y capaz de agrupar el mosaico no peronista, apuró el trámite. Pero nunca la política podría ser tan rápida como para resolver cuestiones significativas (intereses, ambiciones, grandezas y miserias) en sólo 48 horas. La foto de los peronistas mostró nada más que los apresuramientos finales. Careció de estética: sobraron dirigentes que no representan nada, mezclados con peronistas victoriosos o que cuentan con la consideración social.

¿Qué hará Macri? Su ausencia en esa reunión de los principales dirigentes peronistas antikirchneristas dejó abierta con insistencia esa pregunta. Si se sobrevolaran los grandes trazos ideológicos, podría decirse que el peronismo tiene un ala izquierda renuente a Macri, y que Macri tiene un ala derecha refractaria al peronismo. Felipe Solá y Jorge Busti son las expresiones peronistas más antimacristas. Algunos dirigentes de Pro suponen, a su vez, que no sería bueno para la imagen de Macri entreverarse con todos esos peronistas, algunos muy desgastados.

Tiempo al tiempo: el propio Macri sabe que no podría ser un candidato solitario para sepultar su candidatura y entregarle fácilmente el triunfo al panradicalismo. Será candidato con el peronismo o no será. Algunos macristas los llaman "primos" a los peronistas disidentes, pero lo cierto es que son como hermanos en la fe.

Macri confía sólo en Duhalde. Tiene un realismo y una generosidad por encima de la media de la política , piropea al ex presidente. Voceros de Duhalde aceptaron que una negociación con Macri es inevitable. Será bienvenido a la coalición, pero primero hay que poner en orden al peronismo , dijeron. El propio Macri concede que Duhalde está creciendo en las encuestas, aunque se atribuye a él mismo y a Cobos el liderazgo más popular de la oposición antikirchnerista. Duhaldistas y macristas vaticinan para fines de año el momento oportuno de esa negociación ineludible.

La suerte de Duhalde depende de qué es lo que la gente común entiende por renovación. Si se tratara de una renovación de dirigentes, él estaría perdido. Si, en cambio, la mayoría de los argentinos estuviera buscando una renovación de estilos y de métodos, sus posibilidades podrían crecer. La renovación consiste hoy en darle a la sociedad certidumbres y formas más amables de construir la política, después de siete años de imprevisibilidad y de prepotencia , suele repetir el ex presidente. Juega su juego.

Una noticia importante fueron las declaraciones de De Narváez en las que comenzó a aceptar su destino bonaerense. Imprescindible para que el peronismo disidente aspire a ganar Buenos Aires, el reciente vencedor de Kirchner quiere, no obstante, que su decisión de resignar la candidatura presidencial sea sólo de él y no una imposición de sus aliados. Esa es su condición.

Duhalde aceptó sus planteos y accedió también a recitar el parlamento propuesto por De Narváez: ninguno dirá en adelante que es el candidato inamovible del peronismo disidente. En verdad, De Narváez está negociando las condiciones que un eventual gobierno nacional le daría a una probable administración bonaerense a su cargo.

De Narváez entrevió las penurias ornamentales de aquella foto del miércoles y llegó tarde a propósito para no formar parte de ese confuso instante fotográfico. Reutemann lo acogió luego en su despacho para posar en una foto mejor hecha. Reutemann es así: se lleva bien con casi todos (incluido Macri), tal vez porque es verdad que se sentó a la mesa para ayudar y no para ser candidato.

Kirchner no está vencido de antemano, aunque otros protagonistas se hayan quedado en los últimos días con la iniciativa política que él monopolizó hasta el pasado domingo. El ex presidente imagina en 2011 una sociedad extorsionada por la necesidad de conservar la estabilidad económica y menos sensible a las cuestiones morales o institucionales. Si fuera así, muchos argentinos preferirían quedarse con un gobierno que ya conocen. Pero si aquellas garantías económicas fueran asumidas cabalmente por algunos de sus contrincantes, él también estaría perdido.

En este caso, sería difícil la existencia de una sociedad indiferente ante un gobierno capaz de proteger a las barras bravas del fútbol. Y de aliarse con ellas. Ya quedó vetusta la vieja queja social hacia los gobiernos por la impotencia oficial ante esos grupos violentos; ahora es el Gobierno el aliado de esas bandas asociadas al crimen.

Las cosas podrían ser peores todavía si una deducción que balbucea Hugo Moyano fuera algo más que otro síntoma de la natural paranoia de los sindicalistas. El líder cegetista empezó a convencerse de que sus pesadumbres judiciales son obra de los Kirchner; éstos, infiere, se propondrían mostrarlo en la cárcel para conquistar a franjas de la clase media que detestan a la familia Moyano.

El padre de los Moyano levantó la apuesta salarial de su gremio sólo como una guerra preventiva. Kirchner es audaz, pero no tomó aún la decisión de llegar a tanto. Sólo deja que los jueces avancen hasta tocar la línea roja. ¿La cruzarán?

Comentá la nota