Por Washington UrangaNadie podría explicar a ciencia cierta las razones, pero todos los participantes del encuentro de ayer en la Rosada hablan de "satisfacción" y "cordialidad".
¿Cuál es la ganancia de los obispos si, tal como se afirma, se limitaron a insistir sobre la importancia del diálogo institucional y la búsqueda de consensos en el marco de la política? Seguramente el más importante ha sido reinstalar a la Iglesia Católica como interlocutora de primer nivel, después de un tiempo en que los obispos habían sido relegados a un segundo plano. Gran parte de la jerarquía católica considera que tiene derecho a un diálogo de "poder a poder". Por este motivo, desde su condición de autoridad de la colectividad religiosa más importante del país, deciden dialogar con todos y cada uno de los poderes del Estado. Este hecho representa, en sí mismo, un triunfo político institucional.
Las lecturas son, sin duda, distintas. El Gobierno no desconoce el peso de la Iglesia Católica, pero no considera que dialogar sea sinónimo de conceder. Los obispos creen que ahora están en mejor situación para exigir –en el momento que consideren oportuno– que se los escuche sobre cuestiones que son de su interés primordial, entre las que se cuentan temas tales como el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo. Vendrán nuevos capítulos.

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