El presidente dimitió formalmente a su cargo de jefe máximo del comunismo chino, para que lo suceda Xi Jinping
PEKÍN.- Luego de una semana de deliberaciones en Pekín, el XVIII Congreso del Partido Comunista de China (PCCH) concluyó ayer sin grandes sorpresas, con un recambio generacional en la cima del poder, y la renuncia de Hu Jintao, de 69 años, quien dirigió el partido y el país en los últimos diez años.
Sin embargo, la transición completa en el particular esquema de poder chino durará aún varios meses. Hu dejó ayer su cargo en el Comité Central del partido y se espera que ese organismo designe hoy a Xi Jinping, diez años menor que Hu, como nuevo jefe partidario. Recién en marzo Xi se convertirá también en el presidente del país.
La incorporación de Xi como miembro del Comité Central se produjo en una votación secreta. Hoy será nombrado para el órgano de gobierno supremo, el Comité Permanente del Politburó, para poder reemplazar a Hu como líder del PCCH.
Los más de 2000 delegados del Congreso -el acontecimiento político más importante de China- votaron, al comienzo de la sesión de ayer la composición del nuevo Comité Central, formado por 205 miembros titulares y 171 alternativos. Como resultado, emergió una nueva generación de líderes.
Pero todo este proceso de transición está controlado al milímetro y no hay lugar para las sorpresas. La cúpula directiva ya estaba acordada en el transcurso de minuciosas negociaciones entre los dirigentes de las distintas facciones del partido.
En este sentido, los observadores que siguen el Congreso suelen sorprenderse por la forma en que se toman las decisiones.
Los delegados, en efecto, levantan la mano de forma unánime para aceptar las propuestas. A la pregunta de si hay votos en contra o abstenciones se escucha siempre la misma respuesta de los jefes de sala: " Mei you " ("ninguna"). Incluso se aprobó sin más el informe de la comisión disciplinaria. " Tongguo " ("aprobado"). Ni la más mínima discusión, aunque los escándalos demuestran que la política anticorrupción no es precisamente exitosa.
Una medida sí merece ser destacada entre las decisiones tomadas por el Congreso. Los delegados votaron una modificación de la carta del partido, en la que introdujeron el concepto de "desarrollo científico" del saliente Hu, como línea directriz.
El punto central de esta idea es la búsqueda de un desarrollo equilibrado y sustentable con el declarado objetivo de obtener una "sociedad armónica".
La teoría hace hincapié en mejorar la vida de la gente, en lugar de concentrarse solamente en objetivos de crecimiento económico.
También está orientada a abordar la brecha creciente entre ricos y pobres, el colapso de los servicios sociales y la contaminación ambiental.
La cuestión de la contaminación se ha convertido efectivamente en una importante causa de descontento en China, ya que los miembros de la creciente clase media se oponen de manera más abierta a los proyectos ambientalmente riesgosos que están cerca de ellos.
Para la nueva generación de líderes, las protestas son en efecto un recordatorio de que enfrentan una opinión pública cada vez menos dispuesta a aceptar los peligros ambientales y de salud como si fueran una consecuencia inevitable del crecimiento económico.
Aproximadamente una semana antes del inicio del congreso del partido, miles de habitantes de Ningbo, una ciudad en el este del país, se congregaron afuera de las oficinas del gobierno municipal y marcharon por las calles para protestar contra el proyecto de expansión de una planta petroquímica.
Reclamos similares hubo en varias ciudades del país en lo que va de este año.
Algunas de estas protestas se tornaron incluso violentas, y la policía antimotines ha arrojado gas lacrimógeno y usado la fuerza para dispersar a los manifestantes.

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