No hay peor cosa para el presidente del Ente Autárquico Permanente que le pregunten en qué y cuánto se gastó en la realización de la Fiesta Nacional de los Estudiantes. “Balance” o “rendición” son malas palabras para un funcionario que no se siente obligado a explicar qué hace con la plata de los contribuyentes.
-Pero, ¿ya está concluida la rendición de la fiesta que acaba de terminar?, insistió el periodista.
-Esa la estamos haciendo, pero dice el licenciado Solá que se vayan al Tribunal de Cuentas…
-Nos mandan al Tribunal de Cuentas a pedir una rendición que todavía no mandaron?, preguntó El Libertario.
-Dice el licenciado Solá que se vayan al Tribunal de Cuentas.
Fin de la consulta.
No es la primera vez que Solá elude contestar a estas preguntas. Jefe máximo del Ente Autárquico Permanente desde los comienzos de la gestión de Eduardo Fellner, maneja en forma discrecional subsidios del Estado y las utilidades que deja (¿deja?) la fiesta por montos que indignan hasta a los propios funcionarios del Gobierno, como el secretario de Prevención de las Adicciones, Eduardo Huáscar Alderete, quien hace un par de años se quejó públicamente por el enorme presupuesto que maneja a gusto y piacere el licenciado.
En la Legislatura, diputados de la oposición e incluso del oficialismo que quisieron indagar en el misterioso agujero negro de la fiesta, se estrellaron siempre contra la puerta herméticamente cerrada de la información sobre lo que sucede dentro del “Ente”, mágico ser que revive todas las primaveras en medio de tules, clarinetes, brillantes coronas y reinas eternamente sonrientes, mientras los dineros del Pueblo, como si a nadie pareciera importarle, corren, generosos, por caminos de terciopelo y pajes.
No tienen la misma suerte los carroceros, protagonistas de la extraordinaria experiencia educativa de construir una carroza y hacerla pasear durante los desfiles de la avenida Córdoba, lo que para muchos es lo más valioso de la fiesta. Aunque Solá, en declaraciones a la prensa, dijo que el Ente brinda una gran ayuda a los colegios para que hagan sus obras, un análisis de la procedencia de los recursos que se obtienen para construirlas da cuenta que son los padres, las escuelas y los estudiantes los que hacen los aportes fundamentales y sin los cuales no habría espectáculo en el Parque San Martín.
La fuerte tendencia a que los carruajes reemplacen a las obras de mayores dimensiones que está cambiando la tradición de la FNE, es una expresión, precisamente, de la imposibilidad de muchos colegios de reunir más recursos. Sin embargo, las prioridades económicas del ENTE son otras, o al menos eso es lo que parece.
Los números de la fiesta deben dejar de ser un secreto. Es lo que corresponde puesto que en las democracias no está permitido ocultarle a la ciudadanía lo que se hace con sus dineros y los funcionarios están obligados a dar cuenta de sus actos cuando se lo demande la gente.
Pero algo más: lamentable ejemplo se le estaría dando a la juventud de esta provincia si una vez más fuera tan fácil esconder información de interés público y mandar socarronamente a los periodistas a la mismísima oficina del Tribunal de Cuentas cuando la pidan.

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