Renace una ilusión

Renace una ilusión
El contexto político nacional genera efectos en el tablero político bonaerense. De repente, lo hipotético se convierte en posible y lo posible en camino de ser real.
Las viejas carpetas que estaban arrumbadas en el último cajón del escritorio de Scioli exigen un plumero para desempolvarlas y rever sus contenidos. El camino hacia la Casa Rosada, que antes tenía su bloqueo total y se esfumaba en el horizonte, al menos ahora da evidencias respecto de su virtual recorrido.

No se trata de barajar y dar de nuevo. En este sentido, viejas ideas metodológicas se actualizan en función del objetivo. Todo quedó postergado tras el difícil momento de la derrota del 2009, para determinar si era posible la recuperación de imagen positiva por parte del matrimonio Kirchner. Esa meta parece difícil y desde el oficialismo no descartan un plan "b" con alguien que garantice identidad y continuidad con el proyecto nacional.

¿Qué otra respuesta hay cuando, desde el kirchnerismo admiten que tanto Scioli como sus pares de San Juan, José Luis Gioja y de Salta, Daniel Urtubey están habilitados para la carrera presidencial? El primero de ellos cuenta con una mayor imagen positiva, pese a sus deudas pendientes en algunas problemáticas como la inseguridad. Pero aún así, el posicionamiento aparece más claro frente a potenciales rivales que no miden lo suficiente como para entrar en la conversación frente a una interna que promete ser muy áspera y en una elección general, ante adversarios que surjan del filtro de la oposición.

Scioli aspira a convertir tal vez en realidad esa teoría previa a los comicios del año pasado. Eran tiempos en que a él se le adjudicaba una intención mayor de voto que al padre del proyecto. Por aquél entonces se le estimaba un cinco por ciento superior. Con ese porcentaje favorable hoy no se estaría hablando de autocrítica por la derrota, sino todo lo contrario.

El mandatario provincial, según pudo saberse, contaba con el conocimiento de este potencial plan alternativo del kirchnerismo desde hace unas semanas y por tal cuestión, no sorprendió la publicación de su nombre en los diarios en rumores presidencialistas que, en otro momento, le hubieran generado la tensión por tener que ofrecer explicaciones.

Voceros consultados cercanos al oficialismo bonaerense admitieron la inquietud que genera esta novedad en la proyección de Scioli. Explican, como siempre, que están preparados para el lugar que les adjudique el conjunto de hombres y mujeres que sustentan al oficialismo. Esta vez sin temor a ruborizarse o al ridículo como cuando explicaban que, ante una candidatura testimonial, era mejor abandonar la gobernación y ser diputado nacional en el Congreso.

No es casualidad que de repente aparezcan grupos "doctrinarios" y políticos en apoyo específico del sciolismo, ni tampoco es casualidad la sucesión de reuniones en la capital bonaerense por parte de legisladores e intendentes que ya tratan el asunto como una prioridad en la proyección de los próximos meses. En el peronismo, se olfatea a kilómetros de distancia por donde circulan las proyecciones de poder y no subir al tren a tiempo puede generar perjuicios irreversibles.

Muchos señalan y otros tanto desmienten una reciente reunión en un hotel céntrico platense, donde un ejército de dirigentes de las ocho secciones electorales escuchó la arenga del propio Scioli por avanzar en cuestiones técnicas del armado político como afiliaciones, creación de agrupaciones, fortaleza territorial de la representación. Términos estos que son difíciles de escuchar en el propio mandatario en su aparición pública mediática. La preocupación por las nuevas proporciones y requisitos de la nueva normativa electoral para candidaturas parlamentarias fue central.

Desde la militancia que se quiere sumar a la propuesta aportan la condición más veritativa de la versión de este encuentro. Desde la gestión la desmienten o, en subsidio, señalan que si tal reunión existió no asistió el gobernador. Por lo pronto, la mayor intención del armado es hacerlo en bajo perfil por dos motivos. El primero es no mostrar una contradicción con su propio discurso oficial alusivo al momento inoportuno para tratar sobre internas o candidaturas. Pero el segundo motivo es táctico en razón de no activar mecanismos de competencia.

Datos de febrero arrojados por una conocida consultora de estudios sociales siguen manteniendo a Scioli como el kirchnerista que mejor mide, superando, como suele ocurrir en más de una ocasión, a los padres de la criatura.

Más allá de oscilaciones de la coyuntura, el mandatario se mantiene entre los 30 y 35 puntos de imagen positiva, unos catorce por encima del Diputado Nacional y ex Presidente, quien no puede aún recuperar terreno como el conquistado en su gestión.

Scioli sabe muy bien que la imagen positiva no se traduce en votos y que, en estos casos, no hay alquimia que valga para transformar algo virtual y simbólico como la imagen en algo más material como los sufragios.

No es casual que, alentado por su círculo íntimo, haya ingresado en terrenos y situaciones con los que aún debe familiarizarse. Es el de un mayor protagonismo en el gran debate nacional, aquél en el que estuvo ausente gran parte de su gestión.

La pelea con un desgastado Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma, Mauricio Macri, por la ley de basura cero, se inscribe en esa categoría. Mostrarse como el bueno de la película en un conflicto de décadas, y si además hay argumentos, es un buen motivo de posicionamiento. Presionar para obligar a una respuesta al rival, también.

Esa fue la prueba inicial y la segunda promete ser más complicada como es la de, en nombre del proyecto nacional, defender una ley de coparticipación federal de impuestos más justa y equitativa, que el propio kirchnerismo ignoró y ocultó debajo de la agenda de prioridades.

Tamaño problema de argumentación puede generarle a Scioli aclarar la necesidad de una comisión para lograr mayor coparticipación, frente a una ley del cheque que, con modificaciones, genera recursos de manera inmediata y constante. Nuevamente el debate como fase simbólica se enfrenta a lo material que puede generar una ley. "¿Acaso la conformación de una comisión puede construir escuelas, cloacas y redes de agua potable?" se preguntan en las filas opositoras en la Legislatura.

El conflicto por los residuos y la coparticipación, han sido dos grandes pruebas en materias aún no aprobadas por Scioli, quien tendrá al respecto una mesa o varias examinadoras por semana, presididas por la opinión pública. Sabe que corre riesgos con esta nueva modalidad conflictiva.

Pero si aprueba, percibe que cobrará con creces una cuota adicional que lo mantenga como aquella nueva versión de un oficialismo que garantice dar pelea frente a un panorama que la oposición, o parte de ella, lo ve como muy favorable en la perspectiva hacia 2011.

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