Se construyen los diques de evaporización, pero el tratamiento definitivo de los desechos no se puede realizar porque la ley 7.722 prohíbe el uso de ácido sulfúrico.
Los sectores defensores del medioambiente agregan que se debe gestionar el cierre definitivo del complejo y otros, una comisión pro-apertura cuyos integrantes son habitantes de la Villa 25 de Mayo, sólo quieren que se cumpla con la remediación y que se empiece a hablar de reactivación.
En realidad el complejo nunca fue desactivado totalmente y en él trabajan desde su salida de producción 70 personas entre técnicos y operarios. Si se ingresa al complejo parece que hubiese detenido sus maquinarias el día anterior y algunas aún funcionan en las áreas de mantenimiento y control ambiental de última generación.
Lo cierto es que quienes plantean una salida mesurada y admiten la posibilidad de una reapertura, están de acuerdo con la remediación sincrónica (tratamiento de los residuos que surjan de la posible explotación que se inicie), pero también exigen, previo a ello, la remediación de lo existente y que está en tambores de 200 litros que fueron traídos desde la fábrica Dioxitex de Córdoba tras extraer el uranio del material enviado desde San Rafael.
La controversia primera es qué contienen los "famosos" tambores y para qué se han enterrado en San Rafael (en Malargüe no hay tambores y se ha completado la remediación de residuos de la mina Huemul).
De acuerdo con la explicación dada por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y en los estudios de impacto ambiental encargados a organismos independientes, en estos tambores hay alrededor de 14.300 kilos de uranio además de otras impurezas que contenía el concentrado como por ejemplo sílice, cobre y hierro.
Según fuentes cercanas a la CNEA, con el precio actual del uranio vuelve a ser rentable el reprocesamiento de estos residuos y con ello podría acelerarse el tratamiento o gestión.
La remediación
De acuerdo a los informes oficiales personal de la División Planta de Concentración de Sierra Pintada procederá a la extracción de los tambores de cada una de la trincheras (hay 8) tras retirar con topadoras y palas cargadoras el material sólido (piedras o colas de mineral con escasa presencia de uranio natural) que los tapa.
Una vez eliminado el material sólido que pueda estar adherido a los tambores, mediante espátula o cepillo, los mismos serán montados sobre tarimas de madera y trasladados a la planta de tratamiento.
Tras depositarlos en una planchada impermeable, el contenido de cada tambor será volcado en un tanque de disolución disponiéndose de un sistema de chorro de agua dirigido al interior del tacho para asegurar la evacuación total del contenido.
Toda esta agua de lavado será enviada a la cisterna de desechos y luego a la planta de neutralización para ser enviada finalmente a los diques de evaporación.
Estos últimos son los que se están adecuando en la actualidad y desde donde se produjo una fuga de líquidos según lo reconoció la misma CNEA.
Tras recuperarse el uranio disuelto, los efluentes líquidos serán enviados a los diques donde se producirá la separación de los precipitados de los líquidos neutralizados por decantación natural.
Los precipitados serán acumulados en el dique y los líquidos neutralizados serán gestionados por evaporación natural dentro de la misma área.
De acuerdo al informe, se calcula que el tratamiento de los residuos sólidos genere un total de 130.000 m3 de líquidos y 9.000 m3 de precipitados húmedos.
Estos últimos quedarán acumulados en los diques hasta su remediación final cuando se los podrá aislar definitivamente del ambiente.
Lo cierto es que desde que se prohibió en Mendoza la explotación minera a cielo abierto con elementos como el ácido sulfúrico y el cianuro que prescribe la ley 7.722, el paso de recuperación del uranio existente en los residuos de los tambores no podría extraerse por esa misma disposición ya que como método de extracción se debería usar el ácido sulfúrico.
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