Firmaron un acuerdo por esos servicios con la Provincia. Pero se venció la semana pasada y la solución no llegó. Los vecinos amenazan con impedir la inauguración del puente colgante, en unos días
El mismo día de la relocalización, el 26 de marzo, la Provincia se comprometió a llevar los servicios de agua potable y energía eléctrica al barrio Ranqueles. Sin luz, unas 90 familias del lugar se "cuelgan" de los pilares más cercanos, arriba, en la calle Ranqueles.
Ni siquiera se pueden colgar de la red de media tensión, como es común en otros barrios. El resultado es una larga maraña de cables que cuelgan sobre las calles a dos metros de altura. Los más largos llegan a tener dos cuadras, pasando entre árboles y siempre expuestos a caerse con el viento.
Los accidentes son comunes, como las sobrecargas. Los tapones saltan muy seguido, porque los cables no están preparados para tanto consumo y se terminan recalentando.
Una de las vecinas de Ranqueles que firmó el acuerdo con la Provincia muestra a PUNTAL que no hay ninguna instalación en regla, y que Epec ni siquiera fue a colocar la electricidad en los domicilios.
"El 7 de mayo se cumplieron los 30 días hábiles que había pedido la señora Marisa Arias para cumplir con lo que tenemos firmado. Luz y agua en la puerta de los domicilios, para diez familias, en un principio. La construcción de baños, porque hay gente que no tiene en su casa", cuenta Marcela Arabel.
Dice que no ha ido nadie de la Provincia. "Tampoco ha llamado nadie. Los papeles están como papeles, nada más. Nada se cumplió", afirma.
La mujer sostiene que se las arreglan como pueden, por la solidaridad entre los vecinos. "No ha venido nadie a ver si tenemos luz o si tenemos agua. Si acá los vecinos no tienen el mínimo sentido común para darle la luz al otro, acá quedamos al oscuro".
Sin agua
Con el agua pasa exactamente lo mismo. Pese a que ya se venció el plazo, nadie fue a hacer las instalaciones domiciliarias.
Los vecinos se conectan directamente a los picos de agua, que no son muchos. En las calles y en las casas hay charcos que surgen de abajo de la tierra. Son pérdidas que están así eternamente.
Los vecinos se enganchan con mangueras, caños de plástico o lo que tienen a mano. Los tubos negros que se ven por todas partes, en realidad llevan agua. Es muy común que se pinchen o se revienten.
Desconexión
Hay quienes fueron desconectados del agua y de la luz durante la relocalización. Entonces, el corte de los servicios se usó para disuadir a los que no querían irse y dejar que demolieran su casa. Muchos de los que prometieron resistirse, finalmente se vieron forzados a mudarse al barrio de los relocalizados, el "Anexo Padre Mujica".
"Yo le estoy dando la luz a seis vecinos. Eso es ilegal: estoy robando. Que la señora Marisa Arias lo sepa, yo me hago cargo de lo que digo. Estoy robando. Pero tengo vecinos que tienen problemas de salud, que son mayores, que tienen bebés y están sin luz", dispara Marcela Arabel.
Las conexiones precarias tienen sus peligros. Todos los días se saltan los tapones si alguien enchufa un foco de más. "Día a día es tener que convivir con el desastre de la luz y con el desastre del agua. Al frente, hay una casa que tiene los caños clandestinos pegados a la pared. De acá a un año, se cae porque está toda filtrada", contó Arabel.
Para la mujer, se olvidaron de ellos. "Nunca nos quisieron entrar el agua ni la luz para adentro. Total, decían, ‘ustedes ya se van, ya viene el barrio de ustedes’. Cuando relocalizaron a la gente, nos enteramos de que vamos a quedarnos acá de por vida".
Organizan una protesta ante las autoridades provinciales y locales
"Esto es simple, y la señora Marisa Arias lo sabe: no se va a inaugurar el puente", dispara la vecina de Ranqueles Marcela Arabel. La mujer aclara que impedirán hacer el acto inaugural si el Gobierno provincial no cumple con la promesa de conexiones domiciliarias de agua y luz para diez familias.
Pero la gente movilizada es mucho más. "En principio, el lunes (por hoy) estaremos yendo varias familias -no sólo las diez que firmamos el acuerdo- y vamos a elevar un petitorio con las 90 o 10 familias que somos".
Quieren tener una respuesta en no más de diez días.
Arabel se quejó por lo que se gastó y lo que se gastará en un puente que cruza un asentamiento con enormes necesidades.
"Van a gastar millonadas en traer a Jairo y en traer a toda esa gente. Yo le digo a Marisa Arias que venga y que camine por la villa Ranqueles. Que golpee las manos y que entre a cada una de las casas. Que hable con la gente y que vea cómo vivimos. Después, ella va a sacar sus propias conclusiones: si esto es política, o es sentido común y ganas de vivir dignamente", señaló.
Arabel convocó a más funcionarios a recorrer el barrio. "Queremos que la señora Marisa Arias, que el señor Bonisconti, que el ministro Gutiérrez, que el señor Gobernador (Juan Schiaretti), vengan y conozcan el barrio".
Por último, subrayó; "Acá no hay política; hay ganas de vivir dignamente. Por qué nosotros no podemos vivir como las 64 familias que relocalizaron. Nosotros también estábamos en la entrada del puente".
Donaciones para Cola de Pato
Los vecinos de Cola de Pato, que ayer reclamaron por alumbrado y un centro comunitario y prometieron bloquear la inauguración del puente colgante, piden donaciones para ayudar a los vecinos con necesidades más urgentes. Reciben elementos como útiles, ropa y materiales de construcción para levantar el centro comunitario. Los que quieran colaborar, pueden comunicarse al teléfono 154234698 o llegarse personalmente a Carlos Rodríguez 2030.
Comentá la nota