De relatos y otras sandeces

Por: José Luis Jacobo

La conferencia de prensa convocada por el intendente Gustavo Arnaldo Pulti a las apuradas para mostrarse alineado con la presidenta Cristina Fernández en la nueva aventura “F-1 para todos”, revela una vez más el nivel de tilinguería imperante en nuestra ciudad.

El relato –Mar del Plata ciudad de 12 meses, el impacto internacional de la noticia, MDP en el mapa del mundo, bla, bla, bla- obnubila; ya lo sabía Goebbels. Pero es necesario no dejarse llevar por él, si lo que se persigue es la verdad. Nuestra comunidad necesita y reclama otros objetivos organizacionales que hagan de auténtico punto de tracción hacia una ciudad mejor.

Es claro ya que el principal cliente de los negocios de playa, componente esencial de la temporada alta de verano, es el marplatense. Con conversar con los concesionarios, este dato surge con fuerza y evidencia: hay zonas en las que el alquiler de sombra tiene un componente local del 65%.

No niego que una carrera de Fórmula 1 vaya a traer gente de otros lugares, pero eso no es lo mismo que provocar una corriente turística hacia Mar del Plata. Porque para ello se requeriría de una terminal de cruceros que permita ingresar a los barcos que hoy no entran por falta de calado, unos trenes que pudieran circular a más de 60 kilómetros por hora con vías aptas, y una terminal aérea con radares que funcionen.

La logística de la F1 es considerada equivalente al movimiento de un pequeño ejército en campaña. Se utilizan tres aviones 747 con hasta 300 toneladas de carga y contenedores de hasta 40 pies, y un promedio de 20.000 artículos individuales por carrera que también son transportados por aire. Esa logística esforzada es provista por DHL, que mueve todas esas toneladas en equipos a través de 4 continentes, y entre 17 países por tierra, mar y aire, con un calendario muy controlado.

Gente, atrasamos, y mal: los circuitos callejeros están en debate cada día más. Es tan negativo este circuito callejero como el que ha puesto en marcha Mauricio Macri en la Ciudad de Buenos Aires. Según señala esta semana en su página web el equipo de “Carburando”, el costo total de la fiesta de la Fórmula 1 en Mar del Plata superaría los 300 millones de dólares. Y esto es así porque el promotor de la F-1, Bernie Ecclestone, suele suscribir contratos por siete años para organizar un Grand Prix. Apuntan estos especialistas asimismo que “en el circuito callejero del Albert Park de Melbourne se invierten cada año entre 15 y 20 millones de dólares para armar y desarmar el circuito”. Pavada de inversión.

Lo verdaderamente objetable no es la llegada de la F-1 a Mar del Plata, sino que se utilicen fondos públicos para estos eventos. Quienes suelen citar como referencia la final de la Davis en nuestra ciudad, deberían tener presente cuánta plata se usó -plata del contribuyente-, de qué manera se la dispuso, a qué valor alejado de los precios de mercado se pagó todo aquello que se requería, y qué nada de rendición de cuentas se le dio a la población a cambio.

Demasiado relato. Demasiado dinero del erario público. Demasiado poco rédito común, en una comunidad en la que no hay $16.000 para arreglar el aire acondicionado de los quirófanos del HIGA, en la que se caen los techos de las escuelas y en la que faltan edificios para dar clases. Por citar sólo tres cosas imprescindibles que en este momento acuden a mi mente.

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