Relatos mendaces

El poder local debe de creer que somos idiotas, que no podemos distinguir la realidad del discurso.
Dos ejemplos de ellos en esta semana: la presentación del Mapa de la Inseguridad 2010, y el texto enviado a los medios por el consorcio portuario, que destaca “la amplia operatividad portuaria”.

En referencia al mapa del delito en Mar del Plata, es de señalar la impudicia del funcionario César Ventimiglia. Pero más precisas que mis palabras son las del vecino Sergio Mendizábal, que en carta dirigida a nuestra redacción dice: “¡Qué fácil es acomodar las estadísticas de acuerdo a los intereses y/o la ideología de quien las manipula! Digo esto porque en el mentado Mapa del Delito, presentado recientemente junto al polémico juez Zaffaroni, se hace referencia a unos minimizados casos de homicidio cometidos en nuestra ciudad, pero no se mencionan los intentos de homicidio, que son centenares, que han dejado graves secuelas en las víctimas, a quienes bien se podría denominar muertos en vida.

Están los casos de a quienes les han gatillado en la cabeza y las balas no salieron; a quien balearon y le erraron; acuchillados que han perdido el uso de un riñón o del hígado, o debieron extirparle parte del intestino. Desmayados a culatazos que han resultado con hundimiento de cráneo y hoy presentan graves complicaciones neurológicas; baleados en las piernas que han quedado tullidos de por vida; gente que ha perdido un ojo; hombres baleados en la ingle que han resultado con la amputación de su pene o testículos. Gente que pasará el resto de su vida con tubos de oxígeno porque les perforaron los pulmones a balazos o a cuchilladas. Rostros desfigurados, piezas dentales perdidas, manos con dedos de menos, rótulas pulverizadas, incapacidad para seguir trabajando, traumas psicológicos severos. Jubilados fallecidos de tristeza pocos días después de serles arrebatados sus ahorros y pertenencias, cuando no de infartos y paros cardíacos luego de una sesión de tortura. Domicilios incendiados intencionadamente y que han dejado a la gente en la calle, sin muebles, sin recuerdos, sin dinero, sin esperanzas. La lista es larga, por lo que da bronca que se minimice el accionar delictivo en nuestra ciudad.

(…) Desde el nacimiento de la historia a la fecha, los seres humanos se han administrado con un sistema de premios y castigos que durante milenios dio resultado, al menos para ordenar la sociedad ("No robo porque tengo miedo de ir a la cárcel"; "no mato porque le tengo miedo al verdugo"). Negar esto es negar la naturaleza humana. El ser humano actual poco difiere del salvaje hombre de las cavernas. Apenas si tiene un tenue barniz de civilización.

(…) Somos hijos del rigor. ¿Alguien lo puede desmentir? Insistir en que no sirve aplicar penas más severas, que no resuelve nada bajar la edad de imputabilidad, que no hacen falta nuevas cárceles, que la inseguridad es un invento de los medios, y tildar de fachos o nazis a los que piden contener a la delincuencia, es de una terquedad preocupante. Y ese juez es un terco total, y sus admiradores unos fanáticos. Zaffaroni, te falta calle”.

Eso dice Mendizábal, y lo acompaño con mi firma.

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