Relaciones carnales mendocinas

La Provincia no puede seguir como está. Pero tampoco puede dejar de ser lo que es, por historia, por institucionalidad y por estructura económica.

El estado actual del debate por la promoción ya nos permite arribar a una conclusión política general: Mendoza no puede seguir como está, pero tampoco puede dejar de ser lo que es, por historia, por conformación institucional, por estructura económica, por su rol en el concierto del país.

Las dos principales alianzas políticas de nuestro gobierno provincial están siendo cuestionadas por el evento promocional: la regional, que Jaque estableció con el “conservador” gobernador de San Juan, José Luis Gioja; y la nacional, que Jaque construyó con el gobierno “progresista” de los Kirchner. Cuestionadas no por motivos ni por contradicciones ideológicas, sino por intereses provinciales concretos.

Porque los proyectos no son los mismos ni defienden las mismas cosas. Lo cual nada tiene que ver con forjar relaciones y acuerdos razonables y convenientes, tanto con la hermana provincia como con el gobierno nacional. Pero a partir de nuestras conveniencias, no de las de los otros ni a partir de las lógicas de los demás.

Proyecto Gioja. El gobierno de San Juan es un caudillismo conservador tradicional que ha definido a la minería extractiva como su principal fuente de desarrollo económico y que requiere del subsidio promocional para construir una burguesía local de la cual carece; pero una burguesía férreamente consustanciada y dependiente del poder político provincial. Ni siquiera como aliada suya, sino básicamente como su creación.

Se trata de dos tareas que San Juan no pudo aún realizar por carecer -hasta el arribo de Gioja- de la autoridad política hegemónica que ahora efectivamente la conduce.

Y para ese proyecto, el modelo en mente de Gioja es similar al puntano. Y su aliado principal es el gobierno nacional.

Mendoza pasa, entonces, a ser un aliado de mucha menor importancia de lo que fue hasta ahora para el programa económico-político que San Juan se propone edificar.

Proyecto Kirchner en Cuyo. El gobierno nacional halló con la promoción industrial renovada y reformada, el modo de introducir en Cuyo su modelo centralista y subsidiador con el beneplácito de los caudillos locales, ya que ambas partes se benefician: los gobiernos de provincia reciben una herramienta económica fenomenal para intentar perpetuar sus dinastías y el gobierno nacional abre puertas a capitalistas amigos para que hagan -también en Cuyo- negocios al calor del poder político local y nacional.

No Proyecto Mendoza. El gobierno de Jaque consideró -en los inicios de su gestión- a Gioja como un aliado clave para persuadir a los Kirchner de que su acuerdo transversal con el cobismo los alejaría de un Cuyo conducido por peronistas tradicionales, conservadores, nada transversales. La posterior defección del vicepresidente luego del conflicto con el campo confirmó su estrategia política.

Pero luego de esos aciertos, Jaque cometió el peor error de su gestión cuando, en vez de establecer una relación madura con la Nación que le trajera beneficios a la provincia (como sí hizo Gioja), buscó imitar a su antecesor Cobos cuando éste, en sus dos últimos años como gobernador, creyó que estableciendo relaciones carnales con el gobierno nacional los problemas de Mendoza estarían todos solucionados, acabando con años de conflictos inútiles supuestamente producidos por un mendocinismo estéril, aislacionista, rebelde y remiso a incorporarse a cualquier proyecto nacional.

A Cobos no le van a alcanzar los años que le quedan de vida para arrepentirse de esa carnalidad que en absolutamente nada benefició a Mendoza. Y a Jaque casi seguramente le estará pasando lo mismo.

Violadores y violados. Lo que ocurre con las relaciones carnales es que no son actos de amor, sino violaciones donde una de las partes es la violadora y la otra es la violada, aunque al principio cueste darse cuenta, particularmente por parte del violado.

Y hoy Mendoza ha sido violada por partida doble: por el gobernador de San Juan y por la presidenta de la Nación, dos políticos que no casualmente vuelan juntos a Canadá por razones algo más que mineras. Graficando simbólicamente, en su vuelo compartido, la burla al ladrido del perro del hortelano que no come ni deja comer y que por eso se quedó afuera del avión desde donde la Presidenta subsidiadora y el gobernador caudillo pretenden refundar el Nuevo Cuyo, minero, promovido, sin ladridos de impotencia ni institucionalismos vacíos.

La traición del hermano mayor. Gioja siempre fingió ser el hermano mayor de Jaque, a la vez que no se cansaba de repetir que él gobernaba a la hermana menor de Mendoza. Por eso, como hermano mayor de Jaque, lo aconsejaba en todo, mientras que como gobernador de la hermana menor, vestía a la misma con fiestas vendimiales del Sol, que demostrarían los deseos de la menor de seguir el mismo destino de la mayor, aunque a veces la mayor se pusiera un poco envidiosa por el superior activismo e iniciativa de la despertada hermanita menor.

Pero la verdad es que Gioja siempre menospreció a Jaque y nunca se propuso hacer de San Juan una Mendoza más chica. Su modelo ideológicamente “conservador” era y es mucho más complementario con el centralismo “progresista” y caudillista de los Kirchner que con la complejidad de una economía, una política y una sociedad diversificadas como Mendoza.

Por eso mintió alevosamente cuando juró una y otra vez que no pretendía más promoción industrial que la que ya tenía, mientras hacia lo posible por adquirir toda la que aún no tenía, Y por eso mismo ahora degrada e insulta de todas las formas posibles a su ex aliado y a la provincia de su ex aliado, porque no hay mejor defensa que un buen ataque cuando se sabe que se ha obrado mal.

La culpa no es del chancho. Aunque tanto el gobierno de San Juan como el de la Nación lo que siempre hicieron fue defender su modelo de provincia o de país, ambos bien complementarios. Por lo cual entre Gioja y Kirchner lo que hoy existe es una asociación de interés mutuo, donde ambas partes se benefician sin que ninguna viole a la otra.

Nada que ver con Cobos, que regaló la provincia a cambio de un cargo insustancial y de promesas incumplidas. O con Jaque, que buscó una alianza con los “suyos”, con los del mismo color político, creyendo que el peronismo es un solo partido (y además cubierto de “leales”) cuando el PJ sólo es una asociación de múltiples intereses municipales, provinciales y nacionales.

Y así les fue a los dos, y a Mendoza.

Pero no hay mal que por bien no venga... Ya que hoy los dirigentes mendocinos parecen estar descubriendo -a cuenta gotas y con inmensas limitaciones- que en política no se trata de amistades permanentes sino de intereses permanentes y que sólo quien defiende los suyos logrará que los demás no los avasallen.

Aunque para eso primero hay que darse cuenta que así como nuestro destino está inescindiblemente unido a la integración con provincias vecinas como San Juan y que no existe futuro local sin futuro nacional, ello no se contradice con admitir la incompatibilidad de nuestro modelo de desarrollo económico y político con el hoy seguido por San Juan y por el gobierno nacional.

Por eso nosotros tenemos que acercarnos a San Juan y a la Nación en lo que nos conviene, pero también alejarnos -o incluso enfrentarnos- cuando no nos conviene (como hacen ellos), en vez de persistir con relaciones carnales en las que siempre, indefectiblemente, somos los violados.

En ese sentido, bienvenidos todos los intentos de acuerdos entre las fuerzas políticas locales para iniciar una cruzada de defensa permanente de los intereses provinciales, que sólo podrá tener efectos positivos a mediano plazo, y si persistimos en ella.

Pero para nada bienvenidas las tonterías de esta semana, cuando el oficialismo jaquista sobreactuó su defensa del proyecto “minero” de Mendoza quizá afectado por el vuelo en avión de Gioja y Cristina, mientras la oposición cobista sobreactuó su “antiminerismo” vaya a saber por cuáles razones políticamente menores.

Tenemos demasiado de qué ocuparnos a fin de reconstruir una defensa concreta de los intereses provinciales que hace tiempo venimos dejando de lado, como para seguir divididos en beneplácito de los que nos violaron, no tanto por violadores natos, sino por que nosotros siempre nos dejamos violar.

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