Romney ganaba en tres estados y se disputaba con Santorum el estratégico Ohio
Una vez más, en una noche de cómputo electoral complejo y de gran suspenso, el favorito Mitt Romney parecía arrancar con una leve ventaja, al proyectarse como ganador en tres de los diez estados en los que hubo primarias en el supermartes de ayer.
Pero el conservador Rick Santorum, ex senador por Pensilvania, no parecía dispuesto a rendirse fácilmente y, sobre todo, la duda persistía en el estratégico Ohio.
Anoche, a Romney se le proyectaron triunfos en los tres estados que las encuestas habían dado por seguro que serían para él: Virginia y Vermont, así como Massachusetts, la tierra que lo tuvo como gobernador, donde superaba el 70%. No hubo sorpresas allí.
Lo mismo le pasó al ex líder republicano en la Cámara de Representantes, Newt Gingrich, que recobró brillo al imponerse en su estado natal, Georgia, donde también se descontaba que ganaría. Con eso sumó un nuevo triunfo al que tuvo en enero pasado en Carolina del Sur, también de perfil fuertemente conservador.
Santorum, en tanto, se llevó el triunfo en Tennessee y Oklahoma, según las proyecciones de las cadenas de televisión.
Pero se sabía que la gran victoria -la que mide el impacto psicológico de la noche- tenía por escenario Ohio y los 66 delegados que distribuye para la convención. No en vano tanto Romney como Santorum concentraron allí la artillería gruesa.
Apenas cerró la votación, las encuestas en boca de urna eran tan ajustadas entre ambos competidores que nadie se animaba a proyectar un triunfador. Con el 20% de los votos escrutados, ambos estaban virtualmente empatados (37% para Santorum y 36% para Romney).
"Psicológicamente, Ohio es el que hace la diferencia", había admitido, horas antes, el estratego republicano Ralph Reed. Históricamente, ningún aspirante llegó a la Casa Blanca sin haber ganado allí.
Tan reñido estaba el cómputo que, pese a que sólo tenía certeza de haber ganado en Oklahoma y Tennessee, Santorum se presentó con aire ganador en Ohio, convencido de que su papel allí haría historia.
"Gracias a todos, estamos demostrando que la política no es lo mismo que hacer dinero en Wall Street", dijo, en una clara referencia a la imagen de empresario frío que intenta desterrar Romney.
El candidato favorito postergaba su declaración. Lo cierto es que tan difícil se le proyectaba el día que ni Obama había resistido, horas antes, la tentación de desearle "suerte". Fue una cortesía, pero no dejó de estar cargada de ironía. La política tiene esas cosas.
Romney necesitaba un triunfo contundente. Algo lejano de la tibia victoria de la semana pasada en Michigan, su estado natal, donde el cómputo fue tan ajustado que terminó llevándose 16 delegados y Santorum, 14.
El Partido Republicano no ocultaba su impaciencia, deseoso de terminar con la división y la incertidumbre que lo paraliza y que le ha impedido pensar seriamente en un mensaje de gobierno, y mucho menos en un programa alternativo al de Obama.
Apoyos
Las encuestas insinuaban un cambio de viento a favor de Romney. Además, en las últimas horas varias figuras representativas del partido comenzaron a inclinarse a favor suyo, entre ellos el líder del bloque en la Cámara de Representantes.
"Creo que Romney es nuestro hombre", había señalado Eric Kantor, en un respaldo que, no por tardío, dejó de ser bienvenido en las filas de Romney.
Fueron diez los estados en los que se votó ayer. Georgia, Ohio, Tennessee, Virginia, Oklahoma, Massachusetts, Idaho, Dakota del Norte, Alaska y Vermont. Ron Paul, que hasta ahora no ganó ni una sola de la docena de elecciones internas, aspiraba a quebrar la maldición en los caucus de Idaho, Alaska o Dakota del Norte.
Más allá de la complejidad del panorama, hay algo que queda claro: si Romney obtiene un buen resultado, será el comienzo del fin para la desesperante incertidumbre en que vive el partido. Si, en cambio, Santorum consigue un desempeño cuando menos satisfactorio, persistirá la amenaza sobre el eterno "favorito" de los republicanos.
En los diez estados en los que se votó ayer estaban en juego 437 delegados de los 1144 que se necesitan para lograr la candidatura. Romney llegó al supermartes con 150; Santorum, con 87; Gingrich, con 29, y el perseverante Paul, solamente con 18..


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