Por 6 votos a 5 el tribunal terminó liberando a uno de los hermanos Saavedra. La determinación generó conmoción en los familiares de una de las víctimas, que pedían la máxima pena para los dos acusados
Alejandro Saavedra y su hermano Luis habían llegado a este juicio por jurado popular sospechados de ser los autores del horrendo crimen de Luis Caón (69) y de su pareja Marisa Tula (53) y con la alta probabilidad de recibir una dura condena.
Pero ese sombrío pronóstico sólo se confirmó en el caso del menor de los acusados, Alejandro Saavedra, de 37 años, que en el transcurso del juicio celebrado en la Cámara Segunda del Crimen confesó ser el único autor de los dos crímenes.
Saavedra admitió que recibió la ayuda de otra persona, para amarrar los cadáveres a dos pesados bloques de cemento y luego trasladarlos hasta un canal cercano a
Laboulaye, pero en todo momento intentó sacar de la escena del crimen a su hermano Luis, el otro imputado.
Finalmente, logró su cometido porque en una reñida votación que se decidió con la obligada intervención del presidente del tribunal Oscar Testa, la justicia absolvió de culpa y cargo a su hermano Luis y, lógicamente, terminó condenando a Alejandro Saavedra por el homicidio.
Tanto en la decisión de absolver a uno como en la de aplicarle la perpetua al otro, la votación se decidió por 6 votos a 5.
El fallo fue celebrado con discreción por los familiares de los acusados y desató la furia de las hijas y de la hermana de Marisa Tula. Una de ellas increpó duramente al jurado popular y gritaba desesperada que quería ver en prisión a los dos acusados.
A poco de iniciado el juicio, comenzó a perfilarse que la mayoría de las pruebas incriminaban a uno de los acusados, Alejandro, que era el encargado del campo Víctor Hugo, donde fueron fusilados Luis Caón y Marisa Tula, entre la tarde del 4 de octubre de 2010 y el día siguiente.
En esa oportunidad se habría producido una fuerte discusión entre el propietario del campo y el encargado por un faltante de soja. Así al menos lo narró Alejandro Saavedra, quien reconoció que “otra persona” lo ayudó a desembarazarse de los cuerpos.
Para la familia querellante, no caben dudas de que esa persona era el otro acusado, Luis, quien esporádicamente acudía a ese campo a ayudarle a su hermano en algunas tareas.
Ahora bien, haya o no acertado el tribunal en su decisión, el hecho de que se conozca que otra persona participó como colaborador en el delito, deja una sensación de impunidad en los familiares de las víctimas, que entrada la tarde de ayer se hacía indisimulable.
Durante su alegato, el fiscal de Cámara Jorge Medina concluyó que los dos acusados planificaron al pie de la letra el doble asesinato. Uno de ellos, Alejandro Saavedra, ya había confesado la autoría del delito y había dicho que los mató con el pretexto de que la pareja lo había acusado de ladrón y, en medio de una acalorada discusión, se le abalanzaron con un cuchillo tramontina.
Por eso, la principal tarea del fiscal fue convencer a los jueces técnicos y a los jurados populares de que Luis Saavedra tuvo la misma responsabilidad que su hermano. Ante la falta de testigos directos, Medina se valió de una serie de indicios que, a su criterio, llevaban a concluir que los dos hermanos compartían un mismo plan, fríamente calculado.
“De qué otro modo se explica que a poco de matarlos, los maniataran con alambres a unas estructuras de cemento, los tiraran al lecho de un canal, comenzaran una frenética búsqueda para tratar de vender la soja que había en el campo, y se desembarazaran de la camioneta llevándola al estacionamiento de la terminal de Villa María”, se preguntó.
Para el fiscal, los hechos no se sucedieron como los trató de mostrar uno de los acusados. “La pareja no pasó la noche en el campo, ni siquiera alcanzó a entrar en la casa, los ejecutaron apenas se bajaron de la camioneta. En otras palabras, los cazaron como a patos”, graficó.
El abogado querellante, doctor Quijada, se plegó a las palabras del fiscal y en su alegato intentó dejar plasmada la responsabilidad de los dos hermanos siguiendo la ruta que fueron dejando sus teléfonos celulares.
Ese seguimiento, dijo, permitía inferir que tanto Alejandro como Luis estuvieron en el lugar del hecho cuando se cometió el doble asesinato.
La defensa de Rolbi Valdivieso hizo hincapié en la inocencia de Luis Saavedra. Dejó en claro que ninguno de los testigos que desfilaron por el juicio logró identificarlo y mucho menos colocarlo en la escena del crimen. Por eso pidió su absolución y reconoció que Alejandro Saavedra debía ser condenado por homicidio simple.
El veredicto que dio el tribunal lo dejó más que conforme, pues si bien a uno de los acusados le aplicaron la figura agravada de homicidio criminis causae, es decir, que mató para ocultar su intención de obtener ganancias personales con la soja que le pertenecía a su patrón, el otro imputado logró salir de los tribunales caminando y con las muñecas a salvo de las molestas esposas.
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