Por Orlando J. FerreresEl Gobierno, al cambiar muy a menudo las reglas del juego e interferir en todo tipo de organizaciones, desordena la Acción Colectiva de la sociedad, lo que la ubica en un nivel organizativo inferior al que había antes de la intervención actual del Gobierno, y además tiene consecuencias negativas sobre la inversión, el crecimiento y el empleo que se pueden comprobar cuantitativamente después.
El Gobierno, al cambiar muy a menudo las reglas del juego e interferir en todo tipo de organizaciones, desordena la Acción Colectiva de la sociedad
Entendemos por Acción Colectiva el resultado del esfuerzo de coordinar y hacer cooperar, en un proyecto común, a un número desde pequeño hasta muy grande de personas para obtener algún fin, que puede ser producir un bien o servicio, ayudar a otros, proteger a un grupo, beneficiar a parte de la población empobrecida, orar, organizar un grupo político, un ejército, un grupo rebelde, un grupo opositor, un grupo de estudios, un club de deportes, un equipo para el Mundial de fútbol, los intereses de una determinada industria, comercio o servicios, una empresa, el Estado o el proyecto común de una Patria. Es decir, la Acción Colectiva incluye a todo aquello que hay que lograr para poner en marcha cualquier tipo de organización de personas con el objetivo de obtener un fin, grande o pequeño, productivo o no, bueno o malo.
Se han ocupado de este tema Lin y Nuget en "Institutions and Economic Development"(1995), así como Olson y sus seguidores. En resumen, se puede decir que la Acción Colectiva es probablemente más factible cuando: a) más pequeño sea el grupo, b) más homogéneo sea el origen del grupo, c) más tiempo hayan estado asociados los miembros del grupo unos con otros, d) mayor hay proximidad social o física haya entre los miembros del grupo, e) más diferenciadas sean las metas de los diferentes miembros del grupo, f) más grande sea la sensibilidad del grupo a las amenazas que surgen de la inacción y g) más desigual sea la distribución de riqueza o poder entre los miembros del grupo.
El Estado es una forma de Acción Colectiva que tiene la ventaja de la compulsión en lo que a esta organización se refiere. Una vez decidida una medida, no necesita convencer mayormente a los miembros de la comunidad ni lograr su plena colaboración para ejecutarla. Los puede obligar a actuar de la manera que decide el Estado, por distintos mecanismos, buenos o malos, pero pregonando siempre buenas intenciones. Por ejemplo, el Estado puede considerar que las personas no son previsoras y no ahorran para su futuro. Entonces puede pensar que debe ayudarlos y decide que todos los miembros de un país deban aportar al Estado obligatoriamente un 26 % de su salario mensual (11% bajo la forma visible de descuentos y otro 15% bajo la forma implícita que la empresa en lugar de pagarle a cada uno, se lo mande directamente al Estado, para que la gente no se dé cuenta de que paga 26 % de su salario mensual para la jubilación). Después, puede dilapidar estos ahorros y pagarles sólo una pequeña suma a los que se jubilen y si éstos hacen juicios y lo ganan, igual no pagarles.
El mundo del siglo XXI exige una Acción Colectiva cada vez más compleja, un gran mecanismo de relojería mundial, e incluso, más difícil aún, pues ni con enormes computadoras se puede programar artificialmente lo que hace en la realidad la Acción Colectiva, que coordina todas estas decisiones casi infinitas de los agentes económicos de una manera cada vez más coherente y productiva. La combinación de todas estas decisiones es un mecanismo que funciona brindando información automática y permanente, como puede ser el llamado sistema de precios. Toquetear estos mecanismos de relojería no es para cualquiera y los que conocen cómo funcionan los respetan mucho ya que cualquier error en esa interferencia puede hacer que un país caiga en la decadencia.
Puede haber funcionarios del Estado que desconozcan el mecanismo que están queriendo arreglar, a veces por falta de experiencia, otras por falta de formación o por una combinación de ambas cosas
Puede haber funcionarios del Estado que desconozcan el mecanismo que están queriendo arreglar, a veces por falta de experiencia, otras por falta de formación o por una combinación de ambas cosas, pero justifican su intervención con razones que suelen ser atendibles en un primer momento, aunque después los resultados pueden ser desastrosos. Sin embargo, estos resultados malos son difíciles de ver en un primer momento, se pueden disfrazar con propaganda, con sutil sensibilidad que apela a creencias muy arraigadas en la población, en el corazón de la gente. Por otro lado, aunque la población se fuera dando cuenta de que la están engañando y de que están dilapidando sus recursos, no tiene una organización en si misma para defenderse y los que se encaraman en la estructura del Estado disponen de la fuerza pública y de otras formas de compulsión para obligar a cada uno a hacer lo que ellos quieren. Los partidos políticos tendrían que hacer esta defensa, pero son parte del problema en nuestro país. Formar un nuevo partido con reglas de auténtica democracia y valores morales limpios es una tarea ciclópea, que cuesta mucho implementar.
Por otro lado, es evidente también que muchas organizaciones de la sociedad están articuladas o creadas para sacar ventajas del resto de la población menos articulada, los lobbing, los monopolios y muchas más. Esto hace que sea necesario que los gobiernos regulen las distintas actividades de la población, en especial las políticas, las económicas y las sindicales. Es polémico definir un punto adecuado de regulación, pero si un criterio pudiéramos establecer, sería "Tanta libertad como sea posible con la regulación que sea necesaria". Una variante de este lema podría ser "La máxima libertad que sea posible y la mínima regulación que sea necesaria", del gusto de grupos de centroderecha, que maximiza la acción colectiva. Los partidarios del populismo, del progresismo y de la acción estatista podrían coincidir con el lema: "La libertad indispensable para la iniciativa privada con la máxima regulación o estatización que se considere necesaria". Esta última definición no funciona bien en el largo plazo, agota la Acción Colectiva, pues la reduce a burocracia improductiva, pero es la que se intenta más seguido, pues está mas cerca de las creencias del pueblo argentino.
En el largo plazo, es fundamental que el sistema de acceso abierto a las actividades lícitas que cada uno quiere hacer, esta intención del ser humano de organizarse con otros para hacer una actividad coordinada, una Acción Colectiva, ya sea una empresa, una ONG o un club, no sea aplastada por la falta de libertad de un Estado que quiere abarcarlo todo y regularlo todo, que quiere decirle a cada uno qué es lo que tiene que hacer, cómo y cuándo. Ese camino es el fin del progreso y el sendero de la decadencia. No es teoría, lo estamos viviendo..
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