Una decisión de una Cámara Laboral federal insta a realizar nuevamente los comicios en siete jurisdicciones. La única bonaerense es la regional Esteban Echeverría, Ezeiza y San Vicente. Las dos facciones dicen querer someterse al voto pero imponen condiciones. La central al borde de la escisión.
En la provincia, las únicas mesas impugnadas en los comicios generales de octubre de 2010 fueron las de la regional que representa a los afiliados de Esteban Echeverría, Ezeiza y San Vicente. La escisión de la cúpula está representada allí por los seguidores del estatal, comandados por Jorge Ravetti, y los propios del docente, aunados tras la figura de su par de Suteba Aníbal Balmaceda.
“La solución propuesta no implica consagrar ganadora a ninguna de las listas, (esa) decisión (la) adoptarán oportunamente sus afiliados a través de sus votos”, consigna el texto de la decisión que firmaron los jueces Héctor Guisado y Silvia Pinto Varela. Así, los magistrados dejaron abierta la puerta para un nuevo llamado a las urnas, sólo en esas ocho jurisdicciones.
Las interpretaciones
Como viene detallando LA TERCERA desde el inicio del conflicto, la interna de la CTA marcó una suerte de división sindical de hecho: mientras los de Micheli se autoproclaman vencedores por la supuesta doble victoria -en octubre y el 9 de diciembre último, en complementarias-, los de Yasky se amparan en el dictamen judicial para ir por una nueva intentona, que podría tener lugar a través del voto si se modifican algunas objeciones practicadas sobre los padrones.
Esa opción también está en boca de los de Micheli, vinculados a Víctor De Gennaro (que forma parte del frente que lidera el gobernador santafesino Hermes Binner), que fijan como condición no cambiar las condiciones. “Los desafiamos a ir nuevamente a las urnas en 30 días”, dijo el rebelde en conferencia de prensa.
Paralelamente, Ravetti aseguró que el sector apelará el fallo de los camaristas en la Corte Suprema nacional. “El fallo lo vamos a apelar porque no tiene fundamento, pero independientemente de ello, queremos ir a elecciones” en 30 días, ratificó a este periódico el dirigente local.
Desde la vertiente que lidera Yasky, militante del Nuevo Encuentro de Martín Sabbatella, contestaron que la Cámara “dejó en claro” que la última elección “fue una truchada” y rechazó el plazo de un mes impuesto por la lista 1 para que el padrón “sea depurado” antes de la contienda. Los intentos de este periódico por contactarse con sus referentes fueron infructuosos.
Con todo, el peligro del desdoblamiento de la Central parece ser el futuro más cercano si no se logra un acuerdo que aúne la voluntad de compulsar de ambas partes. Las sospechas de apoyos políticos que desnivelaron las balanzas son, por ahora, la noticia más firme en la interna de la central obrera.
El dictamen
El fallo de la Sala IV de la Cámara laboral, con las firmas de Guisado y Pinto Varela, hizo lugar a un planteo de la “Lista de Todos” que argumentó que el llamado a las complementarias se logró con una votación de la Mesa Nacional en la que no alcanzaron la mayoría de votos requerida legalmente. En la Mesa hubo un empate, 17 para cada lado.
El día en que la agrupación de Micheli convocó a esas complementarias -el 25 de noviembre pasado- consiguieron una mayoría de 17 votos frente al yaskismo, que juntó 16. Los camaristas, en su resolución, señalaron sin embargo que esos 17 votos no eran suficientes, ya que para tomar una decisión se requieren la mitad más uno de los integrantes del órgano de conducción, es decir 18.
Los antecedentes
Los casi 16 mil votos que se disputan en la región tiene como antecedente la impugnación de la elección de octubre por supuesto “fraude” -según denunció entonces Balmaceda-, amenazas a algunas autoridades de mesa y parte de la dirigencia, a la vez que presuntas irregularidades en el recuento de votos y un supuesto ataque a la sede del Suteba de Monte Grande el día posterior a la compulsa. Por los destrozos, para la ahora declarada fallida convocatoria de diciembre se instaló una carpa provisoria de votación enfrente a la sede echeverriana.
En Ezeiza en cambio, el epicentro de los supuestos desmanes se ubicó en el entonces hospital Teresa de Calcuta, en Barrio Uno, donde varios afiliados fueron impedidos de emitir sufragio por supuestas ‘patotas’ ligadas al oficialismo local.





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