Ola de refugiados y más violencia en Kirguizistán

Ola de refugiados y más violencia en Kirguizistán
Perseguidos, miles de uzbekos intentan abandonar el país
BISHKEK.- La guerra étnica entre kirguises y uzbekos, en la que hasta ayer habían muerto por lo menos 170 personas, causó en apenas cinco días el desplazamiento forzado de 200.000 personas dentro de Kirguizistán y la huida de otras 75.000 a la vecina Uzbekistán, que se vio forzada a cerrar la frontera.

El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), estimó en 275.000 el número de refugiados, la mayoría uzbekos de las ciudades sureñas de Osh y Jalalabad, que huyen del conflicto étnico desatado el jueves pasado en la región, donde impera el estado de excepción.

Según datos oficiales, la violencia dejó hasta el momento 176 muertos, aunque las autoridades kirguises reconocieron ayer por primera vez que el número de víctimas podría ser muchísimo más alto.

Varios testigos aseguran que los uzbekos no llevan los cadáveres a las instalaciones kirguises por miedo y algunos medios mencionaron la cifra de 2000 víctimas mortales en Osh y Jalalabad. Las mismas fuentes afirmaron que bandas con rifles automáticos, barras de metal y machetes incendiaron casas y dispararon contra vecinos de la minoría uzbeka, que escapaban de Osh, donde fueron vistas varias fosas comunes.

Ante la oleada de refugiados, Uzbekistán cerró sus fronteras. "Ya no tenemos capacidad", explicó el vicepremier uzbeko, Abdullah Aripov.

Kirguizistán y Uzbekistán comparten el fértil valle de Ferghana. Los uzbekos representan el 14,5% de la población de Kirguizistán, pero casi equiparan en número a los kirguises en Osh y Jalalabad, regiones donde resurgen los enfrentamientos étnicos en períodos de inestabilidad política como el que vive hoy la república centroasiática.

En abril pasado, el presidente Kurmanbek Bakiyev fue derrocado por parlamentarios encabezados por Rosa Otumbayeva, que acusó a los partidarios del líder depuesto de avivar el conflicto étnico, imputaciones rechazadas por el ex mandatario desde su exilio en Belarús.

La violencia en Asia Central, región de ex repúblicas soviéticas gobernadas por dictadores, elevó la preocupación de Washington y Moscú, países que operan bases militares y donde Rusia controla la Organización Colectiva del Tratado de Seguridad, un frágil pacto de defensa que mantiene en su seno tensas rivalidades.

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