Fernando GonzalezLa discusión entre algunos dirigentes del kirchnerismo y otros tantos de la oposición en torno a la posibilidad de una reforma constitucional que incluya una nueva reelección o la reelección indefinida de Cristina Kirchner es otra muestra del surrealismo que salpica a la Argentina actual.
La crisis persistente que atraviesan EE.UU. y Europa y el eventual impacto en la economía argentina si se siguen cayendo el precio de los granos y las exportaciones a Brasil, deberían ser suficiente incentivo para que la dirigencia argentina (la que gobierna y la que aspira a gobernar) se concentre en resolver los desafíos que imponen la inflación, la pobreza creciente y la caída de la inversión externa en un escenario más complicado del que disfrutamos en los últimos años.
La Presidenta, a las puertas de otra satisfacción electoral, dispone del suficiente manejo político como para detenerse a pensar en cómo extenderlo en el futuro lejano. Ricardo Alfonsín, Eduardo Duhalde y Alberto Rodríguez Saá podrían usar el tiempo que queda hasta el 23 de octubre para ver cómo mejorar sus pobres perfomances del 14 de agosto. Y Hermes Binner debería releer los archivos del Pacto de Olivos para ver cómo terminan las historias de aquellos que se ilusionan con las promesas de mayor parlamentarismo que les hacen los que pretenden eternizarse en el poder.





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