La flexibilización migratoria anunciada por el gobierno de Raúl Castro constituye una reforma con luces y sombras que proyecta también retos a los Estados Unidos ante un posible aumento de la emigración cubana hacia su vecino del Norte.
A partir de 2013 los cubanos podrán viajar al extranjero con su pasaporte en regla y el visado que les exija el país de destino, pero algunos temen que, derogado el tan criticado permiso de salida, el “filtro” sea ahora la expedición o validación del pasaporte ya que las autoridades de la isla pueden denegarlo por razones de “interés público”, “defensa” o “seguridad nacional”.
Según David Abraham, profesor de Leyes de Inmigración de la Universidad de Miami, las nuevas leyes de Cuba “podrían poner en aprieto al gobierno” de Barack Obama.
Según cifras oficiales, en lo que va del año, 7.401 cubanos ingresaron a los Estados Unidos a través de la frontera con México. Como recordó el Nuevo Herald, bajo la Ley de Ajuste Cubano, los cubanos que llegan a las fronteras de Estados Unidos tienen derecho a recibir un “parole” y luego convertirse en residentes permanentes un año más tarde.
De todas formas, el Departamento de Estado aclaró que “Estados Unidos le da la bienvenida a cualquier reforma que les permita a los cubanos salir y regresar a su país libremente”.
De todas maneras, Washington anunció que seguirá de cerca los movimientos que adopten los inmigrantes que lleguen desde Cuba, a partir de las nuevas leyes
Malas lenguas. Un grupo de exiliados cubanos afirmó en La Florida que la noticia de la flexibilización de la política migratoria anunciada por Cuba puede ser “un colchón para amortiguar la noticia de la gravedad o la muerte de Fidel Castro”, además “insuficiente y engañosa”.
“Sobre este tema, una vez mirados con más calma los detalles de la nueva ley, nos reafirmamos en nuestra opinión de que esto es una trampa más del gobierno”, aseguró Yuniel Jacomino, del grupo “Cuba Democracia Ya!”.
Asimismo, el grupo disidente al régimen castrista, que reúne a los opositores cubanos en el sur de la Florida y en otras partes del mundo, consideró que la eliminación del permiso para que los cubanos viajen al extranjero “puede resultar de cierto alivio económico para muchos de ellos, que normalmente viajan al extranjero”.



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