Redoblar el desafío para que cambie el país

Hace dos décadas, en momentos de esplendor del neoliberalismo, mientras se rifaba el patrimonio nacional y los Kirchner eran cómplices del menemismo en la entrega del país, empezamos a escribir una nueva historia en el periodismo de la capital bonaerense.
Mucha agua pasó debajo del puente. Varias veces intentaron hacernos desparecer. Romper el monopolio informativo que estaba enquistado en la ciudad fue una tarea titánica; se tuvo que luchar contra viento y marea, contra poderes políticos y económicos que no querían perder sus privilegios.

Empezamos a recorrer la recta final de lo que serán 20 años de la aparición del primer número del diario Hoy, y, como directora, me siento orgullosa de la pelea que hemos dado. Pero de nada sirve dormirse en los laureles, y es necesario redoblar el desafío, porque muchos de los factores que llevaron a que surgiera este diario no se han modificado en lo más mínimo. Por el contrario, en muchos casos se han profundizado.

Un claro ejemplo de lo mal que estamos es el hecho ocurrido hace algunos días en Mar del Plata, donde una turba de vecinos indignados decidió hacer justicia por mano propia y mató a un pedófilo, poco después de encontrarlo mientras abusaba de una nena de cinco años. Fue una cabal muestra de hasta qué punto se han destruido los lazos sociales en nuestro país, y también de la falta de credibilidad en la Justicia, porque esas personas indignadas actuaron de esa forma porque entendían que el pedófilo, dado los vericuetos legales, podía llegar a estar libre en poco tiempo.

Diez años de gobierno kirchnerista dejaron como resultado un país donde la población cada vez confía menos en sus instituciones, donde el poder político busca manipular a la Justicia y sólo unos pocos jueces resisten los embates, y donde los ladrones de guante blanco, aquellos que se enriquecen a costillas del sufrimiento del pueblo argentino, gozan de total impunidad y hasta ocupan los máximos cargos de la función pública. Varios de estos personajes, como Amado Boudou y la piquetera Milagro Sala, ayer estuvieron en la Plaza de Mayo junto a los cientos de militantes rentados que fueron movilizados para hacer número en el acto que encabezó la presidenta Cristina Kirchner, y que no le llegó ni a los talones a la multitudinaria manifestación del 8N.

Paradójicamente, Cristina utilizó ese escenario, que se montó para celebrar el 29° aniversario del retorno de la democracia, para atentar contra la propia democracia. La Presidenta buscó victimizarse, planteando supuestas intenciones golpistas que no resisten el menor análisis, lo que pone de manifiesto que para ella, en la lucha que mantiene con el Grupo Clarín por negocios que se terminaron, no existe la división de poderes. No está dispuesta a permitir que haya una Corte Suprema que no se subyugue al poder político.

La pelea que se viene es difícil, pero también apasionante. Es mentira, como lo quieren hacer creer los que circunstancialmente detentan el poder político, que no hay otro camino posible. A mí me tocó vivir en un país que era potencia, que se encontraba en el ranking de las naciones con mejor calidad de vida en el planeta. Y por eso me niego a caer en la resignación.

Desde las páginas de este diario no solamente seguiremos desenmascarando todas las mentiras del Gobierno y denunciando todo aquello que el poder político intenta ocultar, sino que además propondremos alternativas que pueden tenerse en cuenta cuando llegue la hora de escribir otra historia.

Por ejemplo, es indispensable reunir a la mejor materia gris que existe en la Argentina, en pos de armar planes estratégicos que saquen al país del atraso, fortaleciendo el aparato productivo, dándole valor agregado a la economía y creando puestos de trabajo genuinos. Hay que generar las condiciones para que se produzca más riqueza, y al mismo tiempo buscar recursos en aquellos sectores que son los principales beneficiarios del Gobierno K. Me refiero a los bancos, a las multinacionales mineras y las empresas que regentean los juegos de azar (especialmente las tragamonedas).

Resulta inadmisible que en un país donde todos los días hay chicos que se mueren de hambre, las entidades financieras no paguen un solo peso de impuesto por su rentabilidad, mientras que las multinacionales mineras saquean nuestros recursos naturales y gozan de privilegios impositivos que no tienen en ninguna otra parte del mundo, pagando retenciones a partir de simples declaraciones juradas, sin que nadie las controle.

Respecto al juego, desde hace años en las páginas de este diario se planteó que debe ser gestionado por el Estado, tal como se hizo durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón. Una actividad que genera ganancias multimillonarias, saqueando economías locales y regionales, absorbiendo recursos que provienen principalmente de los bolsillos de los asalariados, no puede seguir en manos de unos pocos amigos del poder.

Asimismo, cualquier proyecto de país resulta inviable con millones de compatriotas que están en la indigencia y la pobreza, sin posibilidad de ascenso social y condenados a vivir de las dádivas que reparten punteros políticos. En ese contexto, hay que atender, en lo inmediato, la situación del millón de jóvenes que no estudia ni trabaja, y que en muchos casos terminan alimentando el círculo de las drogas y del delito.

El Estado no puede mirar para otro lado, y cuenta con la infraestructura necesaria para montar una red de servicio comunitaria en donde los jóvenes excluidos puedan aprender, aunque sea, un oficio.

Al mismo tiempo, se tiene que ser implacable con el delito. Los asesinos y violadores tienen que ser castigados con todo el peso de la ley y, si eso no es suficiente, avanzar con un nuevo marco normativo para que quede claro que “el que las hace las paga”. Los países más avanzados condenan a todos los que cometen delitos graves a cientos de años de prisión, y hasta existe un régimen de trabajos forzados que debe cumplirse a rajatabla para que al menos se paguen su propia comida.

Hoy se cumplen 29 años del retorno a la democracia, que significa “el gobierno del pueblo”. Y si algo está haciendo el kirchnerismo es, precisamente, no gobernar para el pueblo, sino sólo para sus mezquinos intereses políticos.

Aún seguimos pagando las consecuencias de la política económica que ha desplegado el inefable Martínez de Hoz, que tiene plena vigencia. Por eso el desafío pasa por intentar cambiar las estructuras que convierten a una nación que tiene todo para que vuelva a ser una potencia en un territorio marginal en el concierto de los países del mundo.

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