"Las redes sociales no propician una comunicación funcional"

Según la psicopedagoga Ana Gálvez el problema surge por el abuso de las nuevas estrategias de comunicación y la falta de contención familiar.
El desmesurado uso y abuso de las redes sociales sin control de los mayores puede ser “el desencadenante de enfrentamientos con desenlaces violentos y reconciliaciones truncadas, entre los adolescentes de esta época”, según la visión de la psicopedagoga Ana Gálvez.

La profesional recordó que años atrás, “los padres renegaban con el adolescente callejero”, pero admitió que “está situación permitía una relación más funcional a la que hay ahora porque pasaban más tiempo juntos, se divertían y si se peleaban se las arreglaban en ese momento”.

“Ahora no hay un `cara a cara´, sin embargo están comunicándose con gente hasta de otros países. Las redes sociales han reemplazado la posibilidad de enfrentarnos, de intercambiar palabras, o de enojarse y no hablarse hasta que uno ceda y todo se solucione”, ahondó.

Gálvez advirtió que nuevamente las famosas redes sociales y todo lo que hace a la comunicación a través de internet y los medios más actualizados, “no propician una comunicación funcional”.

“La comunicación funcional es aquella que está orientada a la construcción de un proyecto, una esperanza, una ilusión, una palabra, de pasarla bien, que no es otra cosa que un proceso de identificación de los jóvenes. Y la red social no lo está permitiendo. La comunicación disfuncional no permite hablar cara a cara, la red social no es comunicacional sino más bien de violencia, porque de un simple arreglo que podrían llegar estos adolescentes hay una proyección que va en abanico, y que incluye a otras personas que no tienen la misma edad de ellos, como lo son el padre o el rector”, explicó la licenciada.

Internet

“En la actualidad la internet permite a los jóvenes, padres y autoridades estar comunicados entre sí, por la falta de privacidad que existe, entonces esta unión on line facilita el agravamiento de un problema de jóvenes, propio de la etapa de adolescencia. Este caso podría derivar en la herida mayor en los tutores, que en los protagonistas del altercado, ya que miden la problemática con otros parámetros”, analizó.

Consideró además que “la violencia toma dimensiones inusitadas porque pasa a otras personas que no son protagonistas de la pelea y entran en defensa del hijo que supuestamente está en cuestión, sin darse cuenta que el adolescente es aún un niño. Llevan a un extremo la discusión que no le dan lugar a que ellos mismos puedan aclararlo, y peor aún, que esto pueda terminar en una escena de violencia mortal y traumática para estos adolescentes, ya que ellos se van a sentir indefectiblemente culpables de los resultados de este proceso de comunicación disfuncional, donde no han podido tener espacio real en la palabra, espacio verdadero en el conocimiento y tampoco han podido ser protagonistas de una reconciliación”, profundizó Gálvez.

“Nuevamente los adultos no estamos advirtiendo los aspectos comunicacionales actuales de los adolescentes que los necesita para ser adolescentes, porque la pelea, el cambio de palabra, el enojo, no son de una época en especial. Sin embargo, las formas violentas que se están tomando si son especiales. Antes no se venían tanto caras sangrando y actitudes violentas ni tampoco se venían padres violentos. Hoy estas situaciones se están volviendo en una triste realidad”, sentenció la Lic. Ana Gálvez, al tiempo que aseguró que el hogar y la escuela deberían trabajar juntos para lograr un mayor control en el crecimiento y la convivencia de los adolescentes, ya que son “dos puntas de un mismo cordón”.

“La educación depende de los dos factores. Nuevamente vamos a poner en primer lugar al hogar porque es nuestra primera casa de educación, pero el apoyo a esa enseñanza le da la escuela”.

Comentá la nota