Recuperan el valor arquitectónico de la ermita de La Viña

Se trata de la pequeña capilla que data del siglo XVIII y que dio origen a la actual parroquia, ubicada en calle Alberdi.
Aunque la construcción de la iglesia La Viña comenzó en 1853, tiene antecedentes del siglo XVIII. Su estructura guarda una rica historia que comenzó a escribirse cien años antes, cuando su antigua ermita recibió la imagen de la Virgen porque el fuerte Santa Ana de Cobos fue invadido y la antigua capilla que la albergaba (en el cruce de los caminos hacia Chaco, Jujuy y Tucumán), incendiada por los indios.

La ermita de Justo Juez necesita arreglos para recuperar su valor arquitectónico. Un proyecto para su restauración y puesta en valor fue aprobado por la Dirección de Preservación Urbano y Arquitectónico de Salta (Depaus) y aunque aún no tiene fecha de inicio, se sabe que primero se harán los cateos correspondientes.

En el lugar se harán obras para restaurarlo y recuperarlo del daño provocado por los años y falta de mantenimiento.

La antigua capilla, ubicada en las actuales calles Alberdi y San Juan, se encontraba en el barrio de La Banda, al otro lado del río Arias. La casa fue construida con adobe y techo de paja y con los años pasó a llamarse la ermita del Señor de Nazareno o de Justo Juez. Está ubicada al costado izquierdo del templo, de frente a la entrada de la parroquia; abarca unos 25 metros de largo, por unos 6 metros de ancho, aproximadamente.

La recopilación de los datos históricos señala que en los años posteriores Manuel Martínez, un vecino, quiso agrandarla y adornar sus paredes para establecer la iglesia de La Viña. En 1836, la misma ermita estaba arruinada. La intervención de Teresa de Jesús Cornejo propició recolectar limosnas, en viajes a Bolivia y Perú, con ese fin. En 1953 y con el impulso del presbítero Isidoro Fernández, como el de la comunidad, se empezó a construir el nuevo templo, que hoy también muestra signos de deterioro. La imagen de Justo Juez se encuentra en la actual parroquia de La Viña. Tiene las manos atadas, cruzadas por delante de su cuerpo, con su mirada elevada al cielo. El paño rojo que cubre su cuerpo es de una tela encolada que deja libre la espalda.

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